Aniversario
Ataúlfo Argenta y la zarzuela
(Por José Prieto Marugán)
El pasado mes de enero se cumplieron cincuenta años del fallecimiento del gran director de orquesta español Ataúlfo Argenta. El suceso ocurrió en la localidad madrileña de Los Molinos; Argenta tenía sólo 44 años –había nacido en Castro Urdiales (Cantabria) en 1913– y con su muerte desaparecía quizá la mejor batuta que haya dado nuestro país.
Argenta comenzó a estudiar música en su pueblo aunque, realmente se formó en el Conservatorio de Madrid, donde llegó el castreño con catorce años. Ataúlfo era pianista y un premio en un concurso le permitió viajar a Bélgica, pero se vio obligado a regresar porque el clima no iba bien a su salud. En Madrid trabajó en lo que salía, siempre relacionado con la música, hasta que en 1940 ofreció un concierto en el Teatro de la Comedia que supuso un paso definitivo en su carreta. Al año siguiente estudió en Alemania y en 1944, de nuevo en su país, accedió al puesto de pianista de la recién creada Orquesta Nacional de España. En ella comenzó su carrera como director, primero como ayudante y después como titular, en 1948.
A partir de aquí la carrera de Argenta es imparable. Llevó a la Nacional a uno de sus mejores momentos, grabó discos con ella (el Concierto de Aranjuez, con Narciso Yepes como solista, en 1954, fue la primera grabación de esta obra en disco de vinilo), ofreció muchos conciertos en Madrid y en otras ciudades (el ciclo de las Sinfonías de Beethoven en la Plaza Porticada de Santander es histórico y aún se recuerda) y, lo que es más importante, consiguió incorporar la Orquesta y la música clásica a la sociedad de su tiempo.
Además, Argenta fue una gran batuta europea; dirigió conjuntos como la Sinfónica de Londres, la Suisse Romande, la Sociedad de Conciertos del Conservatorio de París, la Nacional de Francia, la Filarmónica de Viena, la Ópera de Montecarlo, el Maggio Musicale Fiorentino y las orquestas de la Radio de Berlín, Munich y Frankfurt. Todavía, en sucesivas reediciones, se puede disfrutar de discos con estas orquestas dedicados al repertorio sinfónico europeo.
Grabó unos
60 títulos en 5 años
Si este palmarés no fuera suficiente para justificar el grado de mito que acompaña a la figura musical de Argenta, bastaría con añadir las numerosas grabaciones dedicadas a la zarzuela que realizó en poco más de cinco años. Vaya por delante el dato: Argenta supo advertir el interés de nuestra música, el cariño especial que por ella sienten nuestras gentes y hacerla llegar con frescura, con gracia y salero, con musicalidad, con seriedad profesional.
La historia de la zarzuela y Argenta comienza en 1951, cuando Luis Urquijo, Marqués de Bolarque, crea y financia la Orquesta de Cámara de Madrid, a cuyo frente se coloca Argenta. El marqués tiene gran interés por la zarzuela y el resultado es la organización de unas pocas representaciones de género chico (una semana) en el Teatro Español, de Madrid, con un programa que en su primera parte ofrece diversos fragmentos y en la segunda la representación de La verbena de la Paloma, Agua, azucarillos y aguardiente, y La revoltosa. El éxito es insospechado; el teatro se llenó “hasta la bandera” y fue necesario montar una gira veraniega que llevó el proyecto a los teatros de Bilbao, Santander y San Sebastián.
En esta ciudad Argenta y Urquijo establecieron contacto con Juan Inurrieta, creador de la casa de discos Columbia y pionero en España de la industria del disco. Inurrieta se entusiasmó con los conciertos y propuso llevarlos al disco. A partir de aquí, y con la casa Columbia establecida en Madrid, comenzaron las grabaciones. Inurrieta montó el estudio en el Teatro Monumental, sus técnicos colocaron micrófonos y magnetófonos con tanta profesionalidad y eficacia que muchas de estas grabaciones no han necesitados ser retocadas cuando se han pasado a soporte digital. Los músicos de la Orquesta de Cámara de Madrid, y de la Sinfónica, dieron muestra de su calidad, como lo hizo el Coro Cantores de Madrid y el Orfeón Donostiarra. Los solistas, todos ellos jóvenes y entusiasta, que prácticamente no se habían acercado a la zarzuela, supieron ofrecer la frescura de sus voces, el ardor y el apasionamiento de quienes se sienten involucrados en un proyecto histórico.
Las grabaciones se hacían casi en directo, a la primera –a la segunda a lo sumo-. Los protagonistas han contado, en cuanta ocasión han tenido, con qué seriedad y rigor se planteaba la interpretación, cómo el maestro sabía dar con el detalle adecuado para cada interpretación, cómo les orientaba sobre el mejor modo de abordar cada fragmento, la manera en que les motivaba y, sobre todo, el excelente ambiente de trabajo que sabía crear. Estos solistas eran nombres como Ana María Iriarte, Toñy Rosado, Inés Rivadeneira, Ana María Olaria, Pilar Lorengar, Teresa Berganza, Carlos Munguía, Ginés Torrano, Manuel Ausensi… y los grandes cómicos del género Selica Pérez Carpio, Miguel Ligero, Gerardo Monreal y Joaquín Portillo. El resultado fue impresionante: unos 60 títulos en cinco años. Muchos de estos títulos no han vuelto a conocer una grabación, ni una representación, lo que significa que Argenta los rescató del olvido, del triste cementerio de los archivos.
Seguramente quedan muchos aficionados que harían suya la frase del padre de nuestro compañero y amigo José Luis García del Busto. Cuenta García del Busto, en el número de enero de la revista Scherzo, que al entregarle, como regalo de cumpleaños un disco conteniendo una zarzuela, el hombre dijo: “Que os lo cambien. Si no dirige Argenta, no lo quiero”. El pobre José Luis, diez años, reconoce que “de manera tan brusca como eficaz, recibí la primera información de que Ataúlfo Argenta era un señor importante.”
Gracias a él conocemos algunas obras que, de otro modo, estarían olvidadas.
Auque la información está al alcance de cualquiera, terminamos este recuerdo a la figura del gran director español, con la relación de las zarzuelas grabadas, prácticamente todas disponibles en nuestros comercios: Agua, azucarillos y aguardiente, Alma de Dios, Bohemios, Don Gil de Alcalá, Doña Francisquita, El asombro de Damasco, El baile de Luis Alonso, El barberillo de Lavapiés, El barquillero, El cabo primero, El caserío, El chaleco blanco, El dúo de La Africana, El maestro Campanone, El niño judío, El puñao de rosas, El rey que rabió, El santo de la Isidra, El tambor de granaderos, Gigantes y cabezudos, Goyescas, Jugar con fuego, La alegría de la huerta, La alsaciana, La boda de Luis Alonso, La canción del olvido, La corte de faraón, La chula de Pontevedra, La del Soto del Parral, La dogaresa, La Dolorosa, La fiesta de San Antón, La generala, La Gran Vía, La patria chica, La reina mora, La revoltosa, La tempestad, La verbena de la Paloma, La viejecita, Las bravías, Las golondrinas, Los cadetes de la reina, Los de Aragón, Los diamantes de la corona, Los gavilanes, Luisa Fernanda, Maruxa, Molinos de viento, Moros y cristianos, y Música clásica. A esta relación de obras, prácticamente completas, hay que añadir varios discos de fragmentos aislados, preludios e intermedios.
No cabe duda: Argenta era un señor importante.

