Fundación Scherzo
Ciclo de Jóvenes Intérpretes: Bertrand Chamayou
(Por Antonio José López Domínguez)
VI Ciclo de Jóvenes Intérpretes de la Fundación Scherzo. Bertrand Chamayou, piano. Teatro de la Zarzuela de Madrid. Lunes, 14 de enero, 20:00 h. R. Schumann: Papillons, op. 2; Felix Mendelssohn: Variaciones serias, op. 54, 3 Estudios op.104b, 2 lieder: Auf den Flügeln des Gesanges (En alas del canto) y Suleika (transcripciones de Liszt), Rondo capriccioso, op.14. Bela Bartók: 6 danzas populares rumanas, 8 improvisaciones sobre canciones populares húngaras; y Franz Liszt: 2 Csardas, S225 y 3 Rapsodias húngaras, S244.
Bertrand Chamayou propuso en su recital de presentación en el Ciclo de Jóvenes Intérpretes un programa que se adentraba en el romanticismo alemán representado por Robert Schumann y Felix Mendelssohn Bartholdy, y recalaba, tras la pausa, en dos compositores húngaros: Férénc Liszt y Béla Bartók.
Calma, ensueño, tensión, virulencia, aires y danzas populares… todos los universos schumannianos fueron perfectamente enunciados por el pianista francés en Papillons op. 2 (1830). Esta obra está configurada por una sucesión de doce pequeñas páginas que se suceden sin interrupción, precedida por una breve introducción de sólo seis compases.
Con Mendelssohn descubrimos al gran artista que Chamayou lleva dentro. Asistimos a una poética versión de las Variaciones serias, op. 54 (1841). La obra se sujeta escrupulosamente a la forma clásica si bien también conjuga el emergente movimiento romántico que la envuelve: ese modo creativo característico tan inconfundiblemente mendelssohniano. Chamayou resolvió brillantemente el hilvanado contrapuntístico creando una atmósfera de cierta resonancia religiosa.
Brillante y vertiginosa interpretación de los Estudios, op. 104 b (compuestos entre 1834 y 1838),páginas de innegable interés, pero, paradójicamente bastante olvidadas sin embargo por los pianistas. Unos ágiles y poéticos Lieder, de discurso musical bien definido, y un juvenil Rondo capriccioso (1827) cerraron la primera parte del recital antes de una estruendosa ovación.
En la segunda parte, Chamayou abordó primeramente las 6 danzas populares rumanas (1915) de Bartók, dando claras muestras de conocer a fondo su carácter. Estas piezas fueron concebidas expresamente para piano, aunque son conocidas, sobre todo, por las variadas transcripciones que para diversos instrumentos y combinaciones camerísticas realizadas por el propio compositor así como otros músicos. El pianista francés logró unificar las danzas en una unidad perfectamente entendida a través del sentido musical de lo popular reflejado técnicamente en el manejo rítmico y melódico.
Si en estas populares danzas Bartók mira y recrea el folclore rumano, en las 8 improvisaciones sobre canciones campesinas húngaras (1920), la inspiración le llega del país en el que creció se formó. Destacó el gran manejo de planos sonoros al servicio de una vaporosa y elegante interpretación.
El programa concluyó con una magnífica interpretación de las 2 Csardas, S225 (1884) y las 3 Rapsodias húngaras, S244: una verdadera apoteosis pianística en la que Chamayou se recreó con gran solvencia.

