Pianista
Jean-Philippe Collard en España
(Por Beatriz Montes)
En los últimos años, el pianista francés Jean-Philippe Collard ha aumentado la frecuencia de sus visitas a España: en poco tiempo le hemos visto en Valencia, Asturias, Sevilla, Salamanca y Pamplona y le hemos escuchado tocar el Concierto en La Mayor nº 23 de W. A. Mozart, el 3er Concierto de L. V. Beethoven, el Concierto en Sol de M. Ravel, los Cuadros de una exposición de M. Moussorgsky, y algunas de las obras para piano de G. Fauré y M. Ravel en las que se le considera uno de los mejores intérpretes de todos los tiempos.
Pero, ¿conocemos realmente bien en España la excelencia de este pianista?
J-Ph. Collard nació el 27 de enero de 1948 en la región francesa de Champaña, en el seno de una familia donde la afición a la música y practicarla en casa era algo natural. Aunque sus padres fueron pronto conscientes de su talento para el piano no forzaron ni sus estudios ni una carrera que se veía claramente excepcional. Le apoyaron y le animaron, pero, a pesar de que fue un joven prodigio, no le exhibieron. Probablemente esta es la clave del gran equilibrio entre el hombre y el pianista.
Estudió en el Conservatorio Nacional Superior de París con Aline Van Barentzen y obtuvo el primer premio de piano en 1964 con una obra que se convirtió, de alguna manera, en un amuleto de la suerte: Tema y variaciones de G. Fauré. Después siguieron ocho años de estudio más con quien él considera su principal maestro: Pierre Sancan, un excelente pedagogo, abierto y generoso, absoluto admirador, entre otros, de Alicia de Larrocha. Con él reconsideró las cualidades de su técnica pianística y la perfeccionó sin escatimar esfuerzos. J-Ph. Collard cuenta cómo pasó más de ocho meses trabajando tres horas diarias de terceras, octavas y todo tipo de dificultades técnicas, además de leer y estudiar libros de medicina para tomar conciencia de qué músculos, tendones, articulaciones, etc. intervenían en cada gesto (1). Hubo muchos premios más, entre los que destacan el Gran Premio del Concurso Marguerite Long- Jacques Thibaud en 1969 y el Primer Premio del Concurso Georges Cziffra en 1970. En seguida empezaron las grabaciones de M. Ravel, R. Schumann, G. Fauré, S. Rachmaninov, etc., solo, con orquesta y en música de cámara: una discografía que hoy cuenta con más de cincuenta títulos, que ha sido varias veces premiada en Europa y en Estados Unidos, y que sigue siendo una referencia a través de los años y las reediciones.
Entre tanto éxito, hubo también personalidades que no apostaron por él: Robert Cassadesus, quien a finales de los años sesenta era considerado un gran pianista en Francia y Europa, le dijo, cuando sólo era un estudiante de veinte años, que aún estaba a tiempo de dedicarse a otra cosa..., pero, afortunadamente, J-Ph. Collard no le creyó.
En cambio, Vladimir Horowitz, en el cenit de su carrera, escuchó sus grabaciones y se interesó inmediatamente por él. ¿Quién era ese joven que tocaba la obra completa de G. Fauré -un compositor que el maestro ruso adoraba y consideraba muy difícil de memorizar- y que interpretaba las páginas más complicadas de S. Rachmaninov con igual brío ? V. Horowitz quiso conocerle y J-Ph. Collard se convirtió en su discípulo y amigo. Es evidente que el maestro tuvo influencia en la técnica y en las interpretaciones del joven pianista francés, pero él nunca ha querido utilizar ni aprovecharse del nombre de V. Horowitz y ha hablado poco de todo ello.
Desde entonces, J-Ph. Collard ha tocado, entre otros, con Michel Plasson, Georges Prêtre, Michel Béroff, Emmanuel Krivine, Jean-Claude Casadesus, Augustin Dumay, Charles Dutoit, Gérard Caussé, André Prévin, Gary Hoffman, Lorin Maazel, Vladimir Spivakov, Seiji Ozawa, Simon Rattle, José Van Dam, James Conlon, Semyon Bychkov y con las mejores orquestas europeas y americanas.
Como pianista llaman la atención sus excepcionales cualidades: una técnica que se mantiene en un nivel de excelencia constante; un sonido preciso y generoso, que puede pasar de la luminosidad de W. A. Mozart a las tormentas de R. Schumann en cuestión de segundos. Un repertorio inmenso que incluye la obra completa para piano de C. Debussy, M. Ravel, G. Fauré y S. Rachmaninov; así como una gran parte de la obra de F. Chopin, R. Schumann, C. Saint-Saëns, etc.; la mayoría del repertorio concertante desde J.S. Bach hasta M. Ravel y una gran parte del repertorio camerístico con piano de los siglos XVIII y XIX.
Las interpretaciones de J-Ph. Collard son fieles al texto, modélicas
Las interpretaciones de J-Ph. Collard son fieles al texto, modélicas. Sobrias, inteligentes y sensibles a la vez. Interpretaciones apasionadas que trascienden toda dificultad. Según el estilo, según la obra, se transforma: J-Ph. Collard, inmenso lector de música y de literatura, es Werther cuando interpreta Beethoven, Hamlet en las Baladas de Chopin, Swann en la Sonata para violín y piano de C. Franck.
El repertorio concertante es para él un verdadero encuentro con la orquesta: memoriza las partes orquestales como las pianísticas y se entremezcla con los músicos haciéndonos pensar por momentos que también él dirige la orquesta. Nos dio buena prueba de ello en su versión del Concierto en Sol de M. Ravel en el mes de junio pasado en Salamanca. Mientras Gerard Caussé dirigía con precisión la orquesta formada por jóvenes músicos del Conservatorio Superior de Salamanca, se veía que el pianista anticipaba literalmente y esperaba la más pequeña intervención orquestal. Pudimos comprobar la unidad entre director, orquesta y solista y el entusiasmo de los músicos por colaborar con un intérprete de esta categoría.
Conmovió también a los músicos de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias y de la Orquesta Sinfónica de Navarra, que se volcaron en la interpretación del Adagio del Concierto en La M K. 488 de W. A. Mozart y en el Largo del 3er Concierto de L. V. Beethoven respectivamente. J-Ph. Collard detiene el tiempo en los movimientos lentos y muestra tal respeto por cada frase de la orquesta que, durante unos minutos, todos creíamos estar en un concierto de música de cámara.
Cuando se le pregunta por una carrera que no conoce malos días, J-Ph. Collard no disfraza la realidad: no oculta la responsabilidad de lo que significa tocar en público a ese nivel o el miedo que siente antes de salir a escena; explica que es imprescindible conocer las fuerzas y flaquezas de uno y no niega que la exigencia y la soledad del circuito de élite son a veces casi insoportables. Por ello, de vez en cuando, prefiere dejar las grandes salas de conciertos y tocar en pueblos, hospitales o incluso conventos. Tras esos conciertos, se le puede ver relajado hablando con un público que tal vez no mide la envergadura del pianista, pero que, como él, disfrutan inmensamente de la música. Padrino de asociaciones benéficas a favor de la infancia desfavorecida, del cáncer, etc., J-Ph. Collard considera fundamental la relación entre el intérprete y su público: “Lo esencial es ir al concierto, porque ahí se encuentra la verdadera realidad de la música. Para conseguir hacer música, necesito que las personas vengan y sean testigos de lo que sucede” (2).
El 27 de enero este soberbio pianista francés ha cumplido sesenta años y esa fecha emblemática quizás merece una reflexión: tras cuarenta años de carrera, J-Ph. Collard es un pianista heredero de dos grandes escuelas de piano europeas, la francesa y la rusa. Quizás por eso representa una perfecta combinación entre el modelo legendario del gran pianista romántico y el intérprete riguroso y analítico del siglo XXI.
DISCOGRAFÍA en EMI Classics (selección)
F. Chopin: Valses, Sonatas, Baladas
G. Fauré: Obra completa para piano (3), música de cámara con piano
C. Franck: Variaciones sinfónicas, Preludio Coral y Fuga, Quinteto con piano, Sonata para violín y piano
S. Rachmaninov: Cuatro conciertos, Variaciones sobre un tema de Paganini, 2ª Sonata para piano, Estudios, Preludios
M. Ravel: Obra completa para piano solo, Concierto en sol, Concierto para la mano izquierda,
P. Sancan: Concierto para piano y orquesta
C. Saint-Saens: Conciertos para piano y orquesta
R. Schumann: Carnaval, Variaciones Abbeg, Romanzas op. 82
P. I. Tchaikowsky: Concierto para piano
(1) Ch. TRIMBELL, French Pianism. A historical Perspective, Londres, Kahn & Averill, 1999, pp. 223-229.
(2) “Connaître ses forces et ses faiblesses”, entrevista de F. Troudel a J-Ph. Collard el 10 mayo de 2004 http://www.scena.org/lsm/sm9-8/forces-faiblesses.htm [02.02.08]
(3) Sobre este disco, ver la crítica en OpusMusica, nº 20, noviembre 2007.

