Entrevista a Antón García Abril

«No me ha interesado romper con todo
simplemente por seguir una moda»

(Por Esther Sestelo)

Español universal nacido en la ciudad aragonesa de Teruel en 1933, Antón García Abril es uno de los compositores más relevantes en el panorama de la creación española. Con uno de los corpus más numeroso entre sus coetáneos -más de 150 obras, la mayoría de gran formato o pertenecientes a extensos ciclos o colecciones repartidos en casi todos los géneros-, es uno de los maestros, de la actualidad, más interpretado en las salas de conciertos nacionales e internacionales.

Antón García Abril

Antón García Abril

Profeta en su tierra, y en la de otros, como demuestran los numerosos galardones y reconocimientos que público, crítica y diferentes instituciones académicas, del ámbito estatal y privado, le han otorgado: Hijo Predilecto de Teruel (1983); Premio Nacional de Música (1993); Premio Fundación Guerrero de Música Española (1993); Premio de la Música (1996, 1998, 2000 y 2002) concedido por la Sociedad General de Autores y Editores, y la Asociación de Intérpretes y Ejecutantes; Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes (1998); Premio Aragón (2003); Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid (2003); Medalla de Oro del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid (2004); Gran Cruz de Alfonso X El Sabio (2005); Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid, en la modalidad de Música (2006); Doctor Honoris Causa por la Universidad de las Artes de Cuba (2007); Premio Iberoamericano de la Música “Tomás Luis de Victoria” (2006)..., entre otros. Además, es miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, desde 1982, y de otras muchas entre las que destacamos las siguientes: Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza; Academia de las Bellas Artes Nuestra Señora de las Angustias de Granada; Academia Nacional de las Bellas Artes de la República Argentina; Real Academia de las Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla; Real Academia de las Bellas Artes de San Carlos de Valencia.

Valencia, Madrid, Siena y Roma fueron los principales puntos de su formación, y el Grupo Madrileño Nueva Música el colectivo de las búsquedas en las nuevas técnicas y en el mundo de la vanguardia en aquellas décadas de los cincuenta y sesenta, fundamentales años en la España de la postguerra. Pero la libertad creativa de García Abril, junto a su siempre definida y fuerte personalidad, le llevaron a construir, como asegura quien escribe, un camino singular en aquella oficial vanguardia. Sus inquietudes por encontrar un lenguaje distintivo y único asentado en el valor de la comunicación, y su inclinación por el Renacimiento italiano y español, tanto en su perfil congénito como en el adquirido, le convierten en un compositor, en un músico humanista, como demuestro en mi Tesis Doctoral -Antón García Abril: el camino singular de un humanista en la vanguardia, continuador de la cultura española de su tiempo- y expongo en mi libro -Antón García Abril, el camino de un humanista en la vanguardia-.

Conocedor en profundidad de todos los instrumentos para los que compone, García Abril es un pianista de vocación y gran talento quien ejerce la composición desde la creación y la docencia. Maestro de varias generaciones de compositores, fue Catedrático de Composición del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid desde 1974 hasta el 2003, y es, en la actualidad, Director de la cátedra “Manuel de Falla de Cádiz”, profesor de composición de la “Escuela de Altos Estudios Musicales de Galicia” y de los cursos internacionales de verano “Música en Compostela”. Además, es reclamado, con asiduidad, para impartir cursos y clases magistrales en diferentes conservatorios y universidades de España y América.

Nocturnos de la Antequeruela, para piano y orquesta; Concierto Mudéjar, para guitarra y orquesta de cuerda; Concierto de la Malvarrosa, para flauta y piano solistas y orquesta de cuerda; Canciones de Valldemosa, para voz y piano; Cantos de pleamar, para orquesta de cuerda; Memorándum, para orquesta; La Gitanilla, ballet; Cántico de La Pietá, para soprano, violonchelo, órgano, coro mixto y orquesta de cuerda; Lurkantak, para gran coro mixto y orquesta; Cántico de las siete estrellas, para coro y orquesta; Divinas palabras, ópera; Cuarteto para el nuevo milenio, para cuarteto de cuerda... Una pequeña muestra de un gran corpus. Obras con el lenguaje universal de un compositor humanista y español llamado Antón García Abril quien, sin lugar a dudas, ha hecho y continúa haciendo historia.

Esther Sestelo.- Maestro, ahora, cuando en nuestra actualidad muchos, y con diferentes connotaciones, hablan de memoria histórica, intenta tú hacer historia de tu memoria para compartir con nosotros momentos de tu infancia donde, a pesar de las dificultades de aquellos tiempos de postguerra, supiste encontrar las luces de un ambiente familiar propicio y, concretamente, de un padre sensible que te quiso legar el valor de la música a través del piano -instrumento que después te definiría-, pero inicialmente a través de una banda, institución denostada por algunos, pero tan valorada por ti.

Antón García Abril.- Comenzando por el final ¿cómo no voy a ser defensor de las bandas? No hay que olvidar que, en aquellos momentos, esta institución era, en muchas ciudades y diferentes localidades, el único vehículo musical para el pueblo. Además, era también la primera escuela de música para muchos niños que, como yo, quisimos, por iniciativa propia, o por la de nuestros padres, comenzar en la práctica de este arte. Allí estudiábamos solfeo y se nos asignaba un instrumento. Aunque mi padre era saxofonista, el clarinete fue el seleccionado para mí. Casi simultáneamente, y también con el acierto de mi padre, comencé a estudiar el piano..., sí, mi instrumento. No hay que olvidar que, durante un tiempo, mi formación estaba dirigida a la carrera de concertista...

Respecto al principio de tu pregunta o reflexión. Sí, me siento muy agradecido a mi entorno familiar. Mis padres y hermanos me proporcionaron ese ambiente familiar feliz al que todo niño tiene derecho, pero que por múltiples circunstancias y, por desgracia, no todos disfrutan, sobre todo, en aquellos momentos extremadamente difíciles en muchos aspectos donde, los adultos, luchaban por sobrevivir, porque los niños, afortunadamente, y si estamos rodeados de cariño y comprensión, no somos conscientes de las tragedias. Siempre he dicho que me siento muy orgulloso de mis orígenes, de Teruel, mi tierra, ¡cómo no voy a sentir orgullo de mi familia! Me siento profundamente orgulloso y eternamente agradecido...

En este breve recorrido que vamos a realizar por tu vida como hombre y como músico, llegamos a Valencia, ciudad relevante para ti en diferentes ámbitos: la primera formación académica, la aproximación a la composición, la convivencia con diferentes intelectuales y artistas, la conciencia de reconocerte músico...

- Sí. ¡Valencia me ha dado tantas cosas, que no sé por donde empezar! Lo primero que hay que resaltar es que era la primera vez que salía de casa... Salía de Teruel, en aquel entonces una pequeñísima localidad que se aproximaba más al concepto de un pueblo, y me iba a una gran ciudad donde la oferta cultural era ya muy importante: ciclos de música sinfónica, conciertos de cámara y de solistas, exposiciones, conferencias... Todo era desconocido y atractivo a la vez. Paralelamente, tengo que explicar con vehemencia que es donde contemplé por primera vez el mar... ¡Qué experiencia más fascinante! Todavía me emociono al recordar el impacto que me produjo. Sigue siendo, sin duda, una de mis contemplaciones preferidas. Reconozco su influencia a lo largo de mi vida personal y profesional.

Antón García Abril y Esther Sestelo

Antón García Abril con Esther Sestelo, autora de esta entrevista.

Y respecto a mi formación, Valencia fue el primer gran paso al despertar de mi conciencia de músico, primero como pianista y casi simultáneamente como compositor. Porque yo sentí muy pronto esa curiosidad e inquietud por descubrir y experimentar con la música. Sentía verdadera ilusión por jugar con los acordes, por transgredir las normas y no seguir las pautas, a la vez que me sentía admirado y con profundo interés por estudiar a los grandes de la historia de la música, en general, y de la española, en particular.

Y llegas a Madrid. Estamos en 1952. Tienes tan sólo 19 años y todas las ilusiones. Es tu verdadera independencia..., tus estudios superiores de composición, tu primer trabajo como profesor..., maestros, compañeros, amigos..., y Áurea.

- ¡Cuántas ilusiones y novedades! En aquel momento, Madrid era, para cualquier estudiante de provincias, todo un reto, una meta a alcanzar. Yo me tomé muy en serio esta gran oportunidad y me propuse aprovecharla en el amplio sentido de la palabra. Me siento agradecido a todo. A mis profesores que, cada uno desde su especialidad y con su personalidad, supieron proporcionarme los conocimientos adecuados y, sobre todo, prepararme para el pensamiento y para la vida. A mis compañeros, algunos, amigos para siempre. La complicidad, la ayuda, el aprendizaje, la diversión..., fueron los valores más importantes que te van forjando como persona. Después, participar con ellos preparando conciertos, estrenando obras, formando parte de movimientos culturales... Porque no hay que olvidar que si en Valencia pude enriquecerme con una gran oferta cultural, lo que Madrid me proporcionaba era todo lo inimaginable para mí antes de llegar allí. El Círculo Manuel de Falla, Juventudes Musicales, los Institutos Francés e Inglés, los Colegios Mayores y Universidades, el Ateneo de Madrid... Tanto, que parecía que no podías abarcarlo todo y, al mismo tiempo, no querías desaprovechar nada...

¡Y qué puedo decir de mi encuentro con Áurea! Naturalmente, lo mejor que me ha pasado en la vida. Cuando la conocí, ella era estudiante de piano, pero mucho más joven que yo, era todavía una adolescente... Iniciamos una amistad a través de la música, ambos conscientes, casi desde un principio, que iba a ser para toda la vida... Y el tiempo nos ha dado la razón. Áurea ha sido y sigue siendo mi motor, mi verdadera motivación... No tendré tiempo suficiente en la vida para agradecerle su entrega, sus renuncias, su dedicación y, por supuesto, ser la protagonista en la creación de mis mejores obras: mis hijos...

Un capítulo aparte merecen tus estancias en Italia. Siena y Roma son dos puntos referenciales para ti, tanto a nivel formativo como de vida. Ya sabes que yo te he calificado en mi libro como un compositor humanista. Pienso que Italia, y tu devoción por el arte renacentista y su filosofía, ayudan a configurar tu personalidad y tu perfil como músico. Háblanos un poco de ello.

- Muchas gracias por el tratamiento que haces en tu libro -Antón García Abril, el camino de un humanista en la vanguardia- sobre mi persona y mi estética. Realmente, me siento muy honrado y orgulloso con tu trabajo, porque además de estar provisto de todo el rigor científico que tu Tesis Doctoral le imprime, razón por la cual la comunidad científica calificó con Sobresaliente Cum Laude y Premio Extraordinario, yo me siento plenamente identificado con tu planteamiento y visión, absolutamente personal y original.

Realmente, es muy interesante que un teórico, que un musicólogo investigue en la personalidad y filosofía de un compositor, pues concretamente a mí -y tú lo sabes bien- no me gusta nada hablar de mi obra. Cuando en algún momento concreto críticos o mis alumnos me han pedido que les explique la estética de tal obra, yo les he respondido que mi aportación ha sido componerla, ahora tienen que ser otros los que hablen de ella, los que discutan y saquen conclusiones. Esa es la fórmula para distanciarte de tu creación y no influir, ni manipular, al posible público con tus comentarios. El que la escucha tiene que ser libre, y estar desprovisto de todo prejuicio, y, dentro de su formación, capacidad y sensibilidad poder establecer los razonamientos que crea convenientes.

Y ya respondiendo concretamente a tu pregunta, tengo que decir que, por supuesto, Italia ha sido fundamental en mi vida. Tanto Siena como Roma me han aportado lo necesario en cada momento siendo, ambos lugares, antagónicos en su cometido. Me explico: cuando viajé a Siena -en los veranos de 1954, 55 y 56- estaba, todavía, en mi primera juventud -de 21 a 23 años-. Era mi primera salida de España. Todo era nuevo, atractivo... Iba buscando todo o nada. Por el contrario, mi estancia en Roma fue durante el curso 1963-64, mis 30, 31 años. Ya había viajado al exterior en diferentes ocasiones, era un profesor con cierta experiencia y ya tenía muchos contactos con colegas y artistas. Es decir, era ya un músico adulto que tenía las ideas claras, sabía lo que quería, aunque con la responsabilidad de seguir profundizando y enriqueciéndome con otros puntos de vista. Y si a esto le añadimos que, durante esta etapa volví a España para casarme y regresar a Roma con Áurea, iniciando en la capital italiana nuestra vida en común, el balance es que en mi vida estaban sucediendo acontecimientos únicos.

Es importante también que nos detengamos en momentos fundamentales, que se sucedían en Madrid, entre esas dos estancias de tu vida en Italia. Me estoy refiriendo a los cambios de la música española de los años 50 y, concretamente, al papel desarrollado, en el mundo de las vanguardias, por el Grupo Nueva Música y a tu posicionamiento dentro de él como uno de sus miembros. Años fundamentales, destacando 1958 por ser el de su formación. Cuéntanos como viviste esta época ya histórica.

- Sí, tienes razón. Años fundamentales para la música española. Lo primero que habría que resaltar es el papel que jugaron tantas instituciones y asociaciones culturales -algunas de las cuales ya las he mencionado anteriormente- de las que, sin lugar a dudas, hay que destacar la labor del Ateneo de Madrid, centro clave, desde su fundación, en la vida musical madrileña. Un ejemplo de esto, y paralelamente a cierta apertura de los años de postguerra, es que el Ateneo incorporaba a la Agrupación Nacional de Música de Cámara creando, así, el marco idóneo para la música y para los músicos. Allí se celebraron ciclos de conciertos interesantísimos y conferencias ilustradas de gran altura intelectual. Y en sus ansias por asentar esta filosofía y seguir mejorando en ella, el Ateneo funda, en 1958, su famosa Aula de Música. Esto fue vital para todos nosotros, porque, en momentos donde era difícil escuchar cierto tipo de música y no se encontraban partituras, el Ateneo, a través de su Aula, cubría estas lagunas. Y el Grupo Nueva Música -fundado también en 1958 y muy relacionado con esta institución y con su Aula- tuvo también un papel muy destacado en esos años. Se nos calificó como “los protagonistas del gran cambio de la música española en los inicios de la segunda mitad del siglo XX”. Evidentemente, yo no debo elaborar sentencias tan categóricas, ya que he sido uno de sus protagonistas, así que prefiero que esas cosas las digan otros, pero, lo que sí es cierto, es que, aún siendo un grupo heterogéneo, teníamos el denominador común de luchar por conocer e investigar en lo nuevo, en lo más actual. Pero, claro, poco a poco, cada uno fue escogiendo su camino, y yo siempre tuve muy claro cuál era el mío...

Me pones muy fácil la siguiente pregunta. ¿Cuál era ese camino? Camino que en sus inicios te hizo ser tan polémico y criticado, pero que con el tiempo muchos han acabado coincidiendo contigo y, por supuesto, el tiempo, las tendencias y el público te han dado la razón, y has sido aplaudido, reconocido y premiado por ello.

Yo siempre he respetado y respeto profundamente la libertad compositiva y la libertad de pensamiento

- Tú lo explicas muy bien en tu libro, por eso recomiendo su lectura no sólo a los interesados en mi persona y en mi música, sino a los que quieran conocer qué ocurría en aquellos tiempos en el desarrollo artístico del panorama nacional e internacional. Porque yo siempre digo que para entender el presente y poder enfrentar el futuro, hay que conocer muy bien el pasado, tanto el lejano, como el más próximo. Yo siempre he respetado y respeto profundamente la libertad compositiva y la libertad de pensamiento, por esta razón es también de justicia que los demás hagan lo mismo. Afortunadamente, siempre he tenido las ideas muy claras y no me ha interesado romper con todo simplemente por seguir una moda. Porque ese fue el propósito de muchos durante aquellos años: romper con todo, romper con todo lo que había sido válido anteriormente, romper con la tradición. Era lo que se llevaba, lo moderno, un pensamiento único que en ese momento se impuso internacionalmente. Por encima de ese colectivismo, a mí me interesaba más mi libertad individual..., quería ser yo mismo, para lo bueno y para lo malo. Yo he querido innovar y nunca he descartado nada, porque me gusta experimentar y perfeccionarme, pero siempre con el objetivo de la comunicatividad, de hacerme entendible, pero, por supuesto, intentando ofrecer lo mejor de mí mismo. Mi interés y objetivo es darme a entender y que me entiendan... Quiero comunicar un pensamiento, un mensaje, una emoción... Es lo que tú calificas como “humanismo de la música”. Para mí es una satisfacción que el público reconozca mi mensaje...

Y ahora vamos a hacer un alto en el camino instalándonos en 1969. Año decisivo donde podemos determinar la confirmación de tu lenguaje y, tu obra Hemeroscopium, como ejemplificación de este hecho. Este punto de inflexión va a potenciar muchas cosas en tu vida, incluso, una excedencia voluntaria que te ayuda a parar y hacer balance. Y, curiosamente, también la vida te brinda uno de tus mejores regalos: el nacimiento de tu hijo Antón...

- De nuevo, comenzando por el final ¿qué voy a decir yo del nacimiento de mi primogénito? Pues es algo que no se puede describir, solo sentir. Yo siempre digo que mis hijos son mis mejores obras y, con Antón, se fraguaba la primera. Momento de felicidad plena, sin lugar a dudas.

Respecto al inicio de tu reflexión, sí, estoy de acuerdo contigo en que 1969 es un año fundamental, porque yo también soy consciente de que mi lenguaje se confirma de forma rotunda. Por supuesto, yo siempre defiendo, y tú lo sabes bien, que mi lenguaje ha sido identificable desde sus inicios, pero no cabe duda que, hasta ese momento, estuve buscando, experimentando, probando con muchas cosas..., enriqueciéndome y empapándome de tendencias e influencias... Realmente, yo siempre estuve convencido de lo que quería, pero quise tener la humildad de asegurarme a través del conocimiento de la teoría y de la práctica. Y no me arrepiento, todo lo contrario, puedo decir que confirmé que mi impronta, mi espontaneidad de juventud, se fue confirmando con convicción, hasta llegar este momento, 1969, donde con Hemeroscopium realizo una verdadera proclama oficial de mi lenguaje. Y, efectivamente, esto fue tan importante, que también necesitaba parar y reflexionar sobre ello. Para esto, era necesario apartarme un poco de mi aula y de mis alumnos para dedicarme en cuerpo y alma a la composición... Para componer hay que tomarse tiempo, pero no un tiempo compartido, sino un tiempo con dedicación exclusiva...

Después llega la oportunidad de enseñar a través de lo que, realmente, te define. Y así consigues, en 1974, tu plaza de Catedrático, tras unas duras oposiciones, en tu conservatorio de siempre, el Conservatorio Superior de Música de Madrid. Así retomas tu contacto con los jóvenes, ahora con los jóvenes compositores. Me gustaría que le contases a los lectores cómo, sintiendo verdadera pasión por estar rodeado de la juventud y por transmitirle tus conocimientos, nunca te has considerado un docente, nunca te has considerado un profesor al uso...

- Sí es verdad, aunque hay que explicar esto, pues suena un poco extraño... Yo me siento siempre compositor, por eso nos soy consciente de haber hecho trabajo pedagógico alguno, ni en el campo de la creación ni de la enseñanza. Y es que para ser pedagogo o docente tienes que tener metodología, y yo no creo ni en métodos ni en sistemas, quizás porque los que conozco o los que han caído en mis manos no me han convencido, distan mucho de lo que creo se debe hacer, o por lo menos, de lo que no se debe hacer. Por esta razón, no comparto esas metodologías de aprendizaje en donde prima el método por encima de la música.

Creo que lo importante siempre es la música, cuando la técnica o el método son protagonistas es que algo falla.

Creo que lo importante siempre es la música, cuando la técnica o el método son protagonistas es que algo falla. Pero lo que sí me apasiona es el contacto permanente con los que se acercan a la creación musical, con los jóvenes compositores. Me gusta descubrir en ellos su forma de pensar y veo, que esa forma de pensar, ha evolucionado mucho hasta hoy. Creo que esto es interesante, sobre todo la experiencia que supone transmitir a los jóvenes lo que tú piensas. En materia de composición yo soy muy respetuoso y tengo una cosa muy clara: lo que un profesor debe hacer es informar; cuando el profesor haya informado bien, debe dejar que cada alumno inicie su propio vuelo y se acerque a otras voces distintas. Por esto, el hecho de estar en contacto con los jóvenes compositores me enseña muchísimas cosas y me hace pensar en aspectos que de otra manera no hubiera pensado jamás. Creo que todo esto es lo que me gusta, lo que me parece atractivo. Como conclusión, es cierto que yo no he sido un profesor al uso, ya que siempre me he sentido y me sigo sintiendo un compositor en todos los ámbitos. Por esta razón, creo que una forma más de ser compositor es el comunicarte con los jóvenes compositores.

Si te digo: Académico de Número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando..., Evocaciones, Sonatina del Guadalquivir, Celibidachiana, Seis Preludios de Mirambel, Concierto mudéjar, Canciones y danzas para Dulcinea, Divinas palabras, Fantasía mediterránea, Homenaje a Mompou, Salmo de Alegría para el siglo XXI..., ¿qué te sugiere?, ¿no te abruma?

- Creo que con esto quieres resaltar y detenerte en una década, sin duda, fundamental: la década de los 80. La relación de obras que acabas de citar es una muestra muy representativa e importante de esos años. Cuando lo pienso, me enorgullece. Realmente, son obras que me han traído muchas satisfacciones y, además, han sido muy bien acogidas por el público y la crítica. Fíjate, comenzando por el mundo de la guitarra, tres obras referenciales: Evocaciones y Fantasía mediterránea, ambas para guitarra sola, y Concierto mudéjar, para guitarra y orquesta. Del mundo del piano: Sonatina del Guadalquivir y Seis preludios de Mirambel, ambas para piano solo y, la última, un compendio de mi filosofía pianística. La orquesta está aquí representada por Canciones y danzas para Dulcinea y Celibidachiana, la música de cámara, por Homenaje a Mompou, la cantata, por Salmo de Alegría para el siglo XXI y, de la ópera Divinas palabras ¿qué puedo decir? Ha sido mi gran sueño hecho realidad. Pocas veces tuve una alegría más grande que en el momento de recibir, en firme, el encargo de componer la ópera Divinas palabras.

Por favor, Antón. Creo que es necesario que te detengas en ese gran sueño, en tu ópera Divinas palabras, sin duda, la obra garciabriliana que lo engloba todo.

Esther Sestelo escucha atentamente las palabras de Antón García Abri

Esther Sestelo escucha atentamente las palabras de García Abril

- Sí, efectivamente. Divinas palabras fue un largo proceso compositivo que finalizó en el comienzo de la década de los 90, aunque su estreno no tuvo lugar hasta 1997. Este texto era parte de un deseo que vivía en mí desde hacía mucho tiempo: era uno de mis grandes sueños... Inicié el proyecto con el deseo de crear una ópera auténticamente española, de ahí que el texto de Divinas palabras me cautivara, me subyugara, porque vi en él los elementos de impulso necesarios para crear una ópera de nuestro tiempo: las cuatro figuras principales, Mari-Gaila, Lucero, Tatula, Pedro Gailo, conforman un cuarteto protagonista que me proporcionaba grandes posibilidades de trabajo, con las voces de soprano, tenor, mezzosoprano y barítono, además de otros personajes que cantan en fusión con las intervenciones corales a las que tanta importancia he dado al escribir la partitura. Todas las acotaciones que aparecen en Valle-Inclán invitan al compositor al vuelo y la fantasía necesarios para crear espacios operísticos sin la necesidad de forzar o distorsionar el texto dramático original. Realmente, si componer una ópera es la culminación profesional para un músico, aquí se añadía, además, que era un encargo que me realizaba el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música para, nada más y nada menos, que abrir el Teatro Real después de tantos años de silencio... Todo un regalo y, además, he quedado muy satisfecho del resultado. Creo que es una obra que define muy bien mi poética. Me parece que refleja un trabajo compositivo muy elaborado, pero en el ambiente de libertad creadora donde yo necesito estar.

Y con la década de los 90 ocurre lo mismo. Una producción riquísima y premios y reconocimientos en cantidad y calidad. La voz y el piano representados, por ejemplo, por Canciones del Alto Duero, Tres poéticas de la mar y Castilla de la luz; la orquesta de cuerda por Cantos de pleamar; música de cámara por Cuarteto de Agrippa; la guitarra sola por Tres preludios urbanos; el ballet por La gitanilla; el piano y la orquesta de cuerda por Nocturnos de la Antequeruela; el piano solo por Balada de los Arrayanes; la cantata por Lurkantak; el violoncello y la orquesta por Concierto de las Tierras Altas; la orquesta por El mar de las calmas...

- Es muy difícil para mí comentar todo esto. Sigo diciendo que tú calificas muy bien en tu libro esta extensa etapa -la cual, además, me ha sido generosamente reconocida-: “La pasión y constancia de un compositor”. Y es verdad. Todo esto sólo se puede llevar a cabo si tienes verdadera pasión por lo que haces, y constancia y disciplina en ese complicado trabajo. He querido seguir componiendo en especialidades ya trabajadas por mí e iniciar otras en las cuales no había experimentado. Se trata de seguir profundizando en el desarrollo de mi lenguaje ampliando horizontes, porque el mundo de la composición es ilimitado, inalcanzable, por eso yo siempre tengo ilusión y ganas de seguir volando en la creatividad, pero en la realidad del trabajo del día a día. En ese abanico de obras que has mostrado, podemos observar que sigo insistiendo en la voz y el piano, en la orquesta, en la guitarra, en el ballet, en la cantata, en el piano solo, y en el piano y la orquesta..., pero también empiezo a investigar, por ejemplo, con el violoncello y la orquesta con el Concierto de las Tierras Altas. Porque con este concierto pude resumir muy cómodamente, en su forma y contenido, mi pensamiento sobre la melodía, y el violoncello, como instrumento solista, me proporcionó grandes posibilidades para expresarla. El violoncello se identifica, tan perfectamente con las voces humanas, que representa muy bien su esencia y espíritu.

Y quiero continuar con los primeros años del nuevo milenio hasta llegar al 2003, tu 70 aniversario. Porque la producción y el aplauso siguen siendo incesantes: Concierto de la Malvarrosa, Canciones del jardín secreto, Dos piezas griegas, Juventus, Concierto de Gibralfaro, Música para noctámbulos... Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes; Premio de la Música, otorgado por la Sociedad General de Autores y Editores y la Asociación de Intérpretes y Ejecutantes; Premio Aragón; Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid...

- Lo primero que me gustaría resaltar, de estos años que tú señalas, es una novedad en mi carrera donde me ha encantado investigar. Me estoy refiriendo a la composición de los dobles conciertos. Porque el trabajo de dos instrumentos solistas en su propia dualidad contrastante, pero, a la vez, en un diálogo-fusión constante, junto al trabajo tímbrico y rítmico de la orquesta como bloque, es atractivísimo. Concierto de la Malvarrosa, para flauta, piano y orquesta; Juventus, para dos pianos y orquesta; y Concierto de Gibralfaro, para dos guitarras y orquesta, creo, humildemente, que han sido una buena demostración de ello. Pero, claro, me gustaría también decir algo sobre alguna de las otras obras citadas por ti, porque, aunque han sido incursiones en especialidades ya trabajadas, son obras únicas y muy importantes en mi carrera.

Sí, por favor, maestro. A los lectores seguro que les interesará mucho conocer esas obras referenciales para ti, por diferentes aspectos, aunque partan de configuraciones que siempre has tenido presente. Creo que eso es lo interesante para comprobar la evolución y perfeccionamiento de tu lenguaje compositivo.

- Exactamente, eso es lo que yo también pienso. Pues cómo no mencionar a mis queridos Nocturnos de la Antequeruela, para piano y orquesta de cuerda, los cuales, sigo insistiendo, deberían haberse titulado Nocturnos y Constelaciones. Aquí creo haber expresado, en profundidad, mi poética, en el sentido más espiritual y místico, de esa visión cósmica y misteriosa que tienen para mí las constelaciones más lejanas de Andalucía, en ese homenaje que realicé a estas tierras y a mi querido don Manuel. Y Lurkantak, mi sexta cantata, esta vez para gran coro mixto y orquesta. Era un gran reto para mí, por eso me ilusionó tanto trabajar en su proceso compositivo y me emocionó comprobar su resultado. Por eso tuve claro, desde un principio, que la música tenía que nacer de las entrañas del pueblo vasco para, después, darle la forma estructural de la fusión sinfónico y coral, de lo que debe ser una cantata de gran formato... Después de rodearme de los mejores asesores lingüísticos, y de escuchar mucha música popular vasca, salieron algunas ideas para mis células germinales... Y, finalmente, todo esto lo intenté hacer posible dentro de mi técnica y lenguaje para conseguir mi profunda convicción y filosofía: que fuese una música inspirada en el pueblo vasco y creada en su homenaje, pero entendible por todos y para todos, con un lenguaje universal. Sinceramente, creo haberlo conseguido. Y el ballet La gitanilla..., y Cantos de pleamar y El mar de las calmas, para orquesta de cuerda y para orquesta, respectivamente... Obras tan significativas y relevantes para mí que, cada una de ellas, necesitaría de un capítulo propio... Por eso, insisto, que lean tu libro, esto es sólo una entrevista, y aquí no se puede analizar y profundizar en todo.

Bueno, maestro, ya vamos a tener que ir concluyendo esta larga entrevista y, para ello, te voy a pedir que nos transmitas tus vivencias de estos últimos años, las realidades de tu presente, y las ilusiones y proyectos de tu futuro más próximo. Pero, antes, permíteme que sea yo la que introduzca a los lectores que, aunque muchos puedan pensar que el 2003 podía ser el inicio de una nueva etapa más tranquila, y con más disponibilidad de un tiempo personal para beneficiar a tus inquietudes creadoras - ya que coincidiendo con tu 70 cumpleaños se produjo tu jubilación del Conservatorio-, esto es radicalmente contrario a la realidad. Yo soy testigo de cómo tu actividad se ve incrementada día tras día. Tu persona demanda tantas reclamaciones, que hacen que tu vida esté siempre plena de actividades y de contactos con el exterior. No obstante, y afortunadamente, tu facilidad y habilidad en la escritura, junto con tu extraordinaria creatividad, dan como resultado que la producción de García Abril no sólo no se detenga, sino que continúe en plenitud. Ejemplo de esto es la siguiente muestra: para orquesta, Memorandum y Castilla y León, Patrimonio de la Humanidad; para coro orquesta, violoncello y piano, Salve; cantata para coro y orquesta, Cántico de las siete estrellas; para piano, Diálogos con la luna, Tres Baladillas y Cinco Microprimaveras; música de cámara, Cuarteto para el nuevo milenio y Alba de los caminos... Ocurre lo mismo con tus premios y reconocimientos: Premio de la Cultura de la Comunidad de Madrid 2006, en la modalidad de Música; Doctor Honoris Causa por la Universidad de las Artes de Cuba; VII Premio Iberoamericano de la Música Tomás Luis de Victoria...

- Muchísimas gracias por tus palabras, Esther. Pero la verdad es que tengo que darte la razón. Yo también pensaba que mi ritmo en diferentes actividades iba a disminuir un poco y, de esta forma, poder dedicarme más tranquilamente a la composición, pero esto no ha sido así. Primero hay que decir que yo no me siento jubilado de nada. Efectivamente, se produjo la obligatoriedad de dejar mi plaza del conservatorio en el 2003, cuando cumplí 70 años, pero yo continúo plenamente vinculado a la enseñanza y, como consecuencia, a los jóvenes. En la actualidad, sigo con la dirección de la Cátedra Manuel de Falla de Cádiz, la Cátedra de Composición de los Cursos de Música en Compostela y mi colaboración en la Escuela de Altos Estudios Musicales de esta misma ciudad. Asimismo, sigo impartiendo cursos y dictando conferencias por diferentes conservatorios y universidades de España y América.

Me siento muy afortunado y agradecido por haber podido realizar muchos de mis sueños, y por seguir teniendo ilusiones para intentar realizar otros.

Sin olvidar, las invitaciones que constantemente recibo para asistir a los homenajes que generosamente me brindan, y a los estrenos y reposiciones de obras que tengo la fortuna de que un día sí, y otro también, se produzcan en el ámbito nacional e internacional. ¿Qué más puedo decir y pedir? Bueno, y como siempre, dar las gracias a todos: a los que interpretan mi música, a los que la estudian y analizan, y a los que la escuchan. Gracias a ellos, gracias a mi familia -por proporcionarme el ambiente y el apoyo necesarios que requiere esta profesión- y gracias a la vida. Sólo pido que todo siga así, porque es la vida que siempre soñé, y me siento muy afortunado y agradecido por haber podido realizar muchos de mis sueños, y por seguir teniendo ilusiones para intentar realizar otros.

Preciosas palabras maestro. Creo que los lectores, a través de esta entrevista, no sólo valorarán tu genio creador, sino tu exquisita calidad humana que siempre te distingue y que, al final, es lo que realmente honra a un verdadero ser humano. Pero perdona que insista. Aunque soy consciente del esfuerzo que estás haciendo al hablar de tu obra, porque te sientes más cómodo cuando otros hablamos de ella, nos vendría muy bien que te detuvieses un poco en la producción de esta última etapa. Intenta, por favor, apoyarte en la selección de obras que te acabo de mostrar, para ofrecernos unos mínimos comentarios de lo que tú consideres conveniente.

- Bueno, pues, respecto a mi producción, sí son muchas las obras que he compuesto en estos últimos cuatro años y, de todas, me siento muy satisfecho. De nuevo, tú has hecho una buena selección y, aunque no me gusta destacar ninguna, porque ya sabes que mi deseo es darle a cada una la importancia que merece, voy a romper un poco esta norma. Evidentemente, no puedo dejar de mencionar mi séptima cantata, Cántico de las siete estrellas. Esta obra es muy importante para mí porque, al ser un encargo de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid, me propongo componer una obra que sea un símbolo musical para esta Comunidad que, sin lugar a dudas, siento como mía. Quiero que sea algo que se identifique con los hombres y mujeres de Madrid y su Comunidad, un himno que nos una a todos. Después de pasar mucho tiempo en la búsqueda de un texto, desistí en ello al no satisfacer ninguno mis necesidades para estructurar una obra de caracteres plenamente identificados con lo sinfónico-coral. Por esta razón, y tal vez lleno de osadía, escribí mi propio texto que, como compositor, necesitaba para dar forma a mi idea compositiva aunando el contenido poético, con sus propias posibilidades de desarrollo musical. En este encuentro y fusión voy tejiendo, en un vuelo poético-musical, un viaje lírico sobre la constelación símbolo de nuestra Comunidad, naciendo así este Cántico de las siete estrellas. También guardo profundo cariño de Diálogos con la luna, Tres baladillas y Cinco Microprimaveras. Tres obras para piano dedicadas, las dos primeras, para mis nietos Hugo y Antón, respectivamente, y la tercera para ti, Esther, mi investigadora-biógrafa, como yo te llamo. Fueron creadas para cubrir la gran laguna que había en mi corpus pianístico hacia los estudiantes de todas las edades. Y, finalmente, no quiero olvidarme de dos obras de música de cámara muy recientes y con gran significado para mí: Cuarteto para el nuevo milenio y Alba de los dos caminos, cuarteto de cuerda y cuarteto con piano -quinteto-, respectivamente.

Gracias maestro por tus comentarios tan interesantes, pero creo que debes continuar un poco más, ya que estas dos últimas obras, como tú mismo acabas de apuntar, tienen una especial significación para ti y el estreno del Cuarteto, un simbolismo único, también para mí.

- Tienes razón, Esther. A cerca de la primera, hacía mucho tiempo que yo quería y necesitaba componer un cuarteto de cuerda. Inicié unas bocetaciones justo en el cambio del milenio -de ahí el título- pero, por diferentes razones, las paralicé hasta que un grupo de jóvenes, residentes en Suiza, me comunican que quieren ponerle mi nombre al cuarteto de cuerda que han configurado -García Abril Quartett-. Fue en ese momento cuando decidí sentarme y comenzar a componerlo. Por un lado, nació en mí el compromiso de crear un cuarteto para una agrupación que lleva mi nombre y, por otro, quería expresarles mi agradecimiento ante tan generosa actitud. Es una obra que me ha llevado tiempo. Quería realizar un tipo de escritura singular, sensible, con un lirismo muy acentuado, que tuviese posibilidades de impulso en cada uno de los intérpretes, en los cuatro. Finalmente, creo que lo logré. Mi quinteto, o cuarteto de cuerda con piano, Alba de los dos caminos, dedicado a la pianista Paula Coronas, forma parte de una serie de obras que estoy creando en torno a la palabra Alba. Esta palabra me sugiere como un símbolo generador que intuye recorridos espirituales y de belleza: levantarse a algo nuevo, nacer, despertar... Y estas dos obras integran un CD presentado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en torno a ese día tan importante para mí, y también para ti, Esther. Estoy hablando del Premio Iberoamericano de la Música Tomás Luis de Victoria 2006 que tuve el honor de recibir, el pasado 18 de octubre de 2007, de manos del Ministro de Cultura. Como he dicho anteriormente, soy un compositor afortunado, pues en mi haber constan ya muchos premios, pero ese día, y este premio, permanecerá siempre en mi recuerdo porque, además, tuve el orgullo de que fueses tú la encargada de dictar la Laudatio sobre mi persona y también de que presentases tu libro Antón García Abril, el camino de un humanista en la vanguardia y, después, que el García Abril Quartett estrenase mi querido Cuarteto para el nuevo milenio. Realmente, un día imborrable.

Ahora soy yo la que te doy la razón a ti. Sí, un día imborrable Antón. Para mí fue un alto honor ser escogida para dictar la Laudatio sobre tu persona y, además, que, en ese día y en ese acto, tuviese lugar la presentación de mi libro, extracto de mi Tesis Doctoral, también sobre ti. Yo soy la agradecida y la afortunada. Y ya nada más. Muchas gracias Antón por brindarme esta entrevista, por tu tiempo y, como siempre, por TU MÚSICA.

- Gracias a ti, Esther. Gracias por dedicar muchos años de tu vida a conocer, estudiar y profundizar en mi obra y en mi estética. Es siempre un placer charlar contigo.


Con estas palabras del maestro, doy por concluida esta entrevista, agradeciendo a la revista Opus Música la deferencia e interés por la figura de Antón García Abril, y por depositar su confianza en mi persona para ser la transmisora, a sus lectores, del pensamiento y obra de uno de los compositores más importantes de la creación contemporánea española. El compositor humanista, español y universal ANTÓN GARCÍA ABRIL.

Esther Sestelo , doctora en Musicología y Licenciada en Historia y Ciencias de la Música por la Universidad Complutense de Madrid, dedicó más de seis años a la elaboración de su Tesis Doctoral -Antón García Abril: el camino singular de un humanista en la vanguardia, continuador de la cultura española de su tiempo- leída en el 2006 y calificada con Sobresaliente Cum Laude y con Premio Extraordinario, extensivo a todo su Doctorado. Posee varios títulos de Profesor Superior de Conservatorio y es Funcionaria de Carrera al Cuerpo de Profesores de Música y Artes Escénicas, en la especialidad de Piano. Asimismo, es Diplomada en Psicología por las Universidades de Salamanca y la UNED y en Lengua Inglesa por the University of California, Irvine, donde también ha realizado estudios de Master of Degree en Piano y Música de Cámara, y de PhD en Lingüística y Literatura Hispano-americana. Académica y escritora, imparte cursos especializados y dicta conferencias en distintas universidades e instituciones de Estados Unidos y España. Tiene varios libros publicados y numerosos artículos y recensiones. Antón García Abril, el camino de un humanista en la vanguardia es su tercer libro publicado, hasta el momento, y presentado el 18 de octubre del pasado año en el acto de entrega del Premio Iberoamericano de la Música Tomás Luis de Victoria al maestro García Abril. La autora fue la encargada, en dicho acto, de dictar la Laudatio del premiado.

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