Crítica de libros
Tomás Marco a la vanguardia
(Por Hertha Gallego de Torres)
Título: Tomás Marco: La música española desde las vanguardias. Autor: Marta Cureses de la Vega. Editorial: Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU), Colección Música Hispana. Madrid, 2007. ISBN: 978-84-89457-33-1
Pocos creadores pueden presumir de un currículum tan complejo como el que ostenta Tomás Marco, prolífico compositor, pero además historiador de la música contemporánea, crítico y gestor, entre otros aspectos que definen su trayectoria, una de las más sólidas y brillantes del panorama musical español. Nacido en 1942, parece que los sesenta y cinco años sean un buen momento para hacer balance, aunque se trate de una personalidad imparable: Baste decir que el catálogo de obras que figura al final del libro ya está incompleto porque en los escasos meses desde que la obra ha aparecido, ya se han añadido nuevas obras a la lista. Y no sólo obras de creación artística o musical. Marco es un estupendo ensayista sobre temas musicales del que acaba de aparecer “La creación musical en el siglo XXI”, libro que se viene a añadir a su “Historia de la música en el siglo XX”, un libro ya clásico –en el mejor de los sentidos- en la colección que entonces dirigía Pablo López de Osaba en Alianza Editorial.
Marta Cureses, la autora del libro, Profesora Titular de la Universidad de Oviedo y Directora de Actividades Culturales de dicha Universidad, ha dedicado un amplio volumen a estudiar y glosar la obra de Tomás Marco, situando ésta dentro de un contexto más amplio que incluye un estudio de los colegas situados en su órbita generacional, esos “compositores de los 70”, “Generación de 1976” como la ha llamado Enrique Franco, aunque el nombre no haya llegado a cuajar. Por razones de edad, son los músicos a los que yo veía cuando era niña, y este primer capítulo, tan bien narrado, con sus historias de creación de nuevos grupos y entidades musicales, que refleja de una manera tan certera la capacidad organizadora de muchos compositores españoles que conocí y conozco, me suena como una música lejana…
El catálogo de obras de Tomás Marco supera hoy los trescientos títulos, y, como bien señala Marta Cureses, ello vuelve complejo el planteamiento de un estudio completo y actualizado de su creación. Por un lado, buena parte de sus obras más recientes tienen que ver con páginas escritas hace muchos años y, además, desde la perspectiva actual, se pueden y deben hacer nuevas lecturas de sus obras pasadas que posiblemente cambien el enfoque que entonces les diera la crítica o incluso el propio autor. De todas maneras, el reto no ha arredrado a la autora del libro, quien, reconociendo generosamente los méritos de obras anteriores de García Alcalde, Gómez Amat y de García del Busto, dedicadas a Marco, ha emprendido la tarea de proponernos su propia visión de la biografía y la obra compositiva del prolífico compositor madrileño, aunque no desdeñe dar su opinión sobre algunos trazos del Marco escritor. Tal es el caso del análisis –breve, pero intenso- que hace de uno de los últimos ensayos que el autor de “Autodafé” ha publicado: “Pensamiento musical y siglo XX”, obra originalísima de planteamiento, que revela una gran erudición, un conocimiento exhaustivo de las fuentes y datos que maneja, sutil capacidad de análisis y la riqueza de visión que sólo puede tener un creador que ha vivido parte de la historia que relata.
Aunque los capítulos –temas- del libro de Cureses no están estructurados estrictamente en orden cronológico –estudiar así la obra de Marco impediría ver la manera de concebir su proceso de creación- se ha procurado poner cierto orden en su sucesión. En el segundo de ellos se estudian los inicios en la composición y el debate sobre la estructura que se plantea en la obra del músico madrileño desde el principio, así como todas aquellas obras con un planteamiento formal que las lleva a englobarse bajo el epígrafe de “músicas de acción”. No me resisto a reproducir una fascinante cita de Pierre Boulez sobre la forma, que resplandece y da su sentido a todo el capítulo: “Me viene a la memoria –dice el músico francés- que un esteta menos avisado que brillante hacía un día una confidencia y confesión: a la 'vida de las formas', decía en sustancia y con un juego de sustantivos, prefiero las 'formas de la vida'. Podría amalgamar Holderlin y Cocteau, afirmando: Prefiero defender las formas de la vida, que defender la vida de las formas.¡Qué buen programa!”
No podía faltar el mundo escénico, desde los orígenes con la militancia en la vanguardia española, toda la etapa de Zaj minuciosamente captada (merece la pena) hasta los elementos de su lenguaje operístico, el “tiempo escénico como viaje” tal y como lo intitula y sugiere Cureses. Pues ésta, de formación filológica –que se detecta a cada paso, al analizar los textos y las obras que entroncan el pensamiento de Tomás Marco con algunas teorías y presupuestos lingüísticos, literarios, filosóficos y poéticos- descubre la idea del viaje, no sólo el lunar, sino el psicodélico, al que se convoca con drogas o alucinógenos, en la ópera “Selene”, un periplo al mundo de los sueños, en “Segismundo”, que sueña el sueño en un falso viaje, en el “Viaje circular”, que, si no confunde, superpone, y transmuta a Ulises y Penélope intercambiando sus papeles, y en “Ensueño y resplandor de Don Quijote” y el “Caballero de la Triste Figura”, sueño y viaje, y nuevamente locura.
La preocupación de Marco por el tema del tiempo en muchas de sus obras, tiempo cosmológico, tiempo musical, también es explorada en un filosófico capítulo. Ahí se dan cita Bergson, Husserl, Rilke y Benjamin, sin faltar la obligada cita de Platón. Todo lo explica muy bien Marco en algunos textos que se reproducen, aunque el encuentro del pensamiento lógico y el pensamiento mágico no está exento de complicaciones, de multitud de pequeños matices que impregnan el pensamiento humanista del pequeño mundo del hombre, magníficamente estudiado por Francisco Rico.
Hay que saber idiomas, ya que muchas de las citas están en francés o en inglés (sin notas a pie de página que las traduzcan), aunque luego, por ejemplo, se cite a Walter Benjamin en español, en su “Tesis de la Filosofía de la Historia”. Como tengo un ejemplar del inconcluso “Libro de los Pasajes” en la deslumbrante edición de Rolf Tiedemann de Akal, y por ahí me he enterado de que Benjamin a veces escribía parrafitos en nuestro idioma, pues yo no digo nada… Un libro, a partir de ahora, que va a ser imprescindible en la bibliografía dedicada a Tomás Marco.

