Crítica de discos
Fernando Sor: Arietas
(Por Antonio José López Domínguez)
Fernando Sor. 33 Italian arietts (Vol. 1). Margarida Natividade (soprano), Xavier Rivera (pianoforte). Le Chant de Linos, Ref. CL0615.
Si bien hoy recordamos el nombre de Fernando Sor vinculado al ennoblecimiento de la guitarra, sabemos que no se limitó únicamente al campo guitarrístico. También escribió óperas, ballets y música de cámara con obras muy celebradas en su tiempo y que permanecen injustamente olvidadas en beneficio de su música de guitarra. Sor forma parte de aquellos intelectuales españoles “afrancesados” como Goya o Larra que se ilusionaron por los ideales de justicia social que arrastró la revolución francesa y cuya derrota en España pagó con el exilio y más tarde con un injusto olvido.
En esta ocasión el sello Le chant de Linos presenta el primer volumen de las 33 arietas italianas del compositor catalán. Este disco se articula en cinco secciones en función de la dedicatoria de cada pieza: a Lady Burgesh (“Lo mentitor! no cara”, “Povero cor t´inganni” y “Benché di senso privo”), al Duque de Sussex (“La notte è placida”, “Da voi cari lumi” y “Se più felice oggetto”), a J. B. Cramer (“Ch´io mai vi possa”, “Perduta l´anima” y “Un fanciullin tiranno”), a Mr. Welsh (“Due giorni mancano”, “O delle grazie ingenue” y “La più vezzosa e più gentil”) y a Livius Esqr (“Guarda che bianca luna”, “Lungi da te, mia cara” y “Volate più de´venti”).
La exigencia vocal de estas composiciones es muy notable por lo que probablemente era un cantante de primer orden, aunque en realidad no pretende el lucimiento virtuoso persiguiendo los extremos de la tesitura como Donizetti o mediante la exasperación ornamental de Rossini. En cambio, exige al intérprete un nivel de concentración absoluto. Nada está escrito al azar. Prácticamente todo lo posible está ya escrito y el intérprete debe concentrarse con colar alguna breve cadencia por los escasos resquicios.
Como ingredientes compositivos a tener en cuenta hay que destacar la sutilidad armónica y una inagotable imaginación melódica y rítmica. La atmósfera del texto encuentra siempre una traducción ideal tanto en la línea vocal como en su vestimenta pianística, la sonoridad de la voz y el piano se complementan. Aprovecha magistralmente todos los recursos sonoros de piano, tal vez por influencia de sus amigos Cramer, Hummel, Field o Kalkbrenner.

