Fundación Scherzo

Ciclo de Grandes Intérpretes: Achúcarro y Sokolov

(Por Antonio José López Domínguez)

A continuación dos reseñas de los recitales ofrecidos en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, dentro del Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo, por dos grandes pianistas favoritos del público: Joaquín Achúcarro y Grigori Sokolov

XIII Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo. Joaquín Achúcarro, piano. Auditorio Nacional, Madrid. Martes, 29 de enero, 20:00 h. J. Brahms: Variaciones en fa sostenido menor sobre un tema de Schumann (op. 9), Rapsodia en si menor (op. 79, nº 1), Klavierstücke, (op. 119). C. Debussy: 12 Preludios (Libro II).
Joaquín Achúcarro

Lleno absoluto para presenciar el concierto inaugural del Ciclo de Grandes Intérpretes de esta temporada a cargo de Joaquín Achúcarro (Bilbao, 1932). El pianista vizcaíno ha participado por primera vez en este evento ya en su decimotercera edición. El programa que eligió fue espectacular. Un recorrido del Brahms juvenil e intermedio al de su última época en la primera parte, y los 12 preludios del libro segundo de Debussy, en la segunda. Achúcarro salió a escena con ganas de agradar. No estaba anunciado inicialmente que fuera a enfrentarse con todos los preludios del segundo libro de Debussy. Él mismo comunicó el cambio a la sala justo antes de iniciarse el recital, lo que supuso la primera de varias intervenciones dirigiéndose a los allí presentes. En esta cita, Achúcarro destapó su vertiente didáctica explicando distintos aspectos de cada una de las obras antes de abordarlas.

En las Variaciones sobre un tema de Schumann (op. 9) mostró un sonido cálido, comunicativo, construido con tanta firmeza como naturalidad. Supo contar a media voz el mundo más íntimo del compositor, alcanzando en ciertos momentos niveles de gran maestría: bellísimo y trascendente en la Rapsodia en si menor op. 79 nº 1 y en la Rapsodia en mi bemol, además de enigmático y evocador (Piezas op. 119). Magnífica versión de los 12 Preludios del Libro II de Debussy, repertorio que conoce a la perfección. Sacó a la luz su variada gama de colores al servicio de una soberbia comunicatividad afectiva. Despidió su actuación con varias propinas: «Claro de luna», «El vuelo del moscardón» y el «Estudio op. 8 nº 12», de Scriabin.

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XIII Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo. Grigori Sokolov (piano). W. A. Mozart: Sonata en fa mayor KV280 y Sonata en fa mayor KV332. F. Chopin: 24 Preludios, op. 28.  Auditorio Nacional de Música de Madrid. Lunes, 11 de febrero de 2008, 20:00 h.
Grigori Sokolov

Artista único, auténtico… uno de los más grandes pianistas de nuestro tiempo. Grigori Sokolov (San Petersburgo, 1950) se presentó el pasado 11 de febrero en el Ciclo de Grandes Intérpretes. Nadie que haya asistido a alguno de sus recitales olvida el clima y la expectación que levanta este artista, especialmente en el Auditorio Nacional de Madrid. Con su aparición en el ciclo de esta temporada ha participado ya en nueve ediciones. Se encaminó lentamente hacia el piano con una mano a la espalda, aparentemente evadido de la escena, e inició la interpretación sin demora. También al finalizar saludó apenas esbozando una sonrisa, saliendo del escenario con la misma discreción.

En la primera parte del recital ofreció dos muestras perfectas del arte de Mozart: las sonatas KV 280 y KV 332. Su interpretación fue extraordinaria, llena de frescura. Hubo en ellas gracia y ternura, además de una gran riqueza de acentos expresivos y una preciosa tímbrica. Mostró la calidad de su ataque preciso y un dominio magistral de la línea melódica. Con Chopin el preludio deja de ser preludio de algo para convertirse en obra autónoma, desligada de cualquier acontecimiento posterior. La diversidad de estas veinticuatro miniaturas es absoluta, convirtiéndose en un genial microcosmos del teclado romántico. Sokolov los tocó con rigor, fuerza y poesía, verdaderamente exentos de cualquier exceso innecesario, con un control absoluto del pedal y una articulación asombrosa. Fue también muy generoso con los bises, hasta seis propinas, sin hacerse de rogar demasiado. La versatilidad expresiva fue la nota predominante en esta ineludible cita del piano.

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Fotografías © Rafa Martín, cortesía de la Fundación Scherzo
Escribir a Antonio José López Domínguez