Crítica de discos

José María Beobide y sus contemporáneos

(por Joaquim Zueras Navarro)

José María Beobide y sus contemporáneos. Obras de José María Beobide, Eduardo Mocoroa, José de Olaizola, Luis Urteaga, Tomás Garbizu y Felipe Gorriti. Intérpretes: Esteban Elizondo, órgano / Arantza Ezenarro, soprano. Órgano Stolz-Frères de la Parroquia de San Pedro Apostol en Zumaia. AEOLUS, AE-10641.
José María Beobide y sus contemporáneos

José María Beobide nace en la localidad guipuzcoana de Zumaia en 1882. Adquiere sus primeros conocimientos musicales con D.A. Trueba, organista de la parroquia de Zumaia, ampliándolos posteriormente en Pamplona y después en el Conservatorio de Madrid. En 1900, fruto de su relación con los jesuitas, ocupa la plaza de organista y profesor de música en un colegio que la Compañía de Jesús tenía en Quito. Una vez allí, el gobierno ecuatoriano lo nombra profesor de solfeo y piano del Conservatorio Nacional de Ecuador, cargo que desempeña hasta 1906, renunciando después por motivos de salud y trasladándose a New York, en donde se relacionará con varias editoriales de música. Pero su salud no mejora, por lo que determina regresar a Zumaia y, más restablecido, pasa a ocuparse del órgano del colegio salesiano de Baracaldo. Más tarde es nombrado profesor del Real Colegio de Alfonso XII de los padres agustinos del Escorial.

Hacia 1914 se establece en Burgos como organista y profesor del colegio de la Merced, regentado por los jesuitas. En 1917 contrae matrimonio con Eloisa Varea Corral, burgalesa con la que tendrá cuatro hijos. Durante su estancia en Burgos da clases en los colegios del Círculo Católico de Obreros y de la Beneficencia Provincial, reorganiza el Orfeón Burgalés y en 1930 es nombrado director de la Banda de la Caridad. Parece que todas estas actividades por alguna razón, probablemente económica o de estabilidad relativa, no satisfacían las expectativas de Beobide, por lo que este mismo año gana con el úmero uno las oposiciones a la cátedra de Música de las Escuelas Normales de Magisterio, eligiendo Pamplona. Allí ejerce como organista de la iglesia de los jesuitas y realiza una fecunda labor, con especial atención en el conocimiento y la práctica de la música popular en la enseñanza infantil. En 1940 es nombrado profesor de lo que en 1957 sería el Conservatorio de Música de Pamplona, impartiendo Solfeo, Estética, Historia de la Música, Transporte y Acompañamiento. También colabora con el Orfeón Pamplonés. Al jubilarse en 1959, se traslada de nuevo a Burgos, donde fallece en 1967.

Podríamos dividir las obras para órgano de Beobide entre las de pequeño formato, sobrias y elegantes, destinadas a la liturgia, siempre de gran riqueza imaginativa, y otras de mayor ambición artística, ricas en armonía, modulación y cromatismos, que exigen no poco esfuerzo por parte del intérprete. El Andante en mi mayor, dedicado a José Trueba, es una delicada cantinela a la que responde un segundo tema menos lánguido, creando un lírico contraste. El Ofertorio en la mayor es variopinto en su colorido, sobre todo por su complejo contrapunto. El Final Fúnebre en re menor, como no podía ser de otro modo ya que está dedicado a la memoria de su maestro Antonio Trueba, posee un carácter elegíaco a la vez que solemne, realmente conmovedor. Beobide, como los demás compositores para órgano de su generación, escribió algunos motetes destinados al culto; en este CD encontramos un bello ejemplo: un Ave Maria que discurre pausada  en una atmósfera de sensibilidad y recogimiento. El Eco de amor para órgano contiene un ingenioso canon muy placentero en su dulce intimismo. En la serena Meditación en mi mayor fluye una espiritualidad profunda que invita  a la reflexión pausada. El Intermezzo Sinfónico Cromático, dedicado a quien más tarde sería su esposa, es una obra de envergadura, algo mistérica en su complejidad; en ello radica su atractivo. El  Final en mi bemol mayor, que requiere un cierto dominio del pedal al existir abundantes notas escritas en octavas, sobresale por su brillantez y marcialidad.

Eduardo Mocoroa nace en Tolosa en 1867 y fallece en la misma ciudad en 1959. Alumno de Felipe Gorriti, fue en 1896 su sucesor como organista y maestro de capilla en la parroquia de Santa María de Tolosa. Como compositor cultivó diferentes géneros: Misas, óperas, obras para órgano (como la magistral Introducción y Fuga sobre el Amen del Credo III, que fue publicada por la Editorial Vaticana), orquesta, banda, txistu, piano, etc. Su implorante O Salutaris Hostia, dedicada a su profesor, nos confirma la genialidad de este compositor, por desgracia hoy poco recordado.

José de Olaizola nace en Hernani (Guipúzcoa) en 1883 y muere en San Sebastián en 1969. Inicia sus estudios musicales con Manuel Cendoya, profesor de la Academia Municipal de Hernani y organista parroquial. En 1899 ingresa en la Academia de Música de San Sebastián. En 1906 gana la plaza de organista de la Iglesia de Santa María en dicha ciudad. El Ave Maria en la menor está escrita en 1939 y en ella adopta un lenguaje místico basado en el canto gregoriano, con un tratamiento de la voz  y del órgano muy interesante.

Luis José Urteaga Iturrioz nace en Ordizia el 5 de diciembre de 1882. Fue desde muy niño tiple del coro parroquial. Con el organista y director de coro Francisco Garate aprendió solfeo y canto. En 1899, a los 17 años, su padre le anima a ampliar sus conocimientos, desplazándose para ello a San Sebastián. Allí tuvo por profesor al catalán José Rodoreda, director de la Banda de Música de San Sebastián y profesor de la Academia Municipal, con quien estudió armonía y composición. En 1900 Luis Urteaga solicitó ser discípulo de Martín Rodríguez, organista en Besain, que le introdujo contrapunto, fuga y órgano. En 1901 Martín Rodríguez fue nombrado organista en Balmaseda (Vizcaya), que estrenaba Cavaillé-Coll y ofrecía unos honorarios muy elevados. Lejos de desanimarse por el cambio de residencia de su profesor, Luis Urteaga optó por seguir siendo discípulo de Martín Rodríguez, para lo que también él se trasladó a Balmaseda. En 1903, siendo ya un organista completo a la edad de 21 años, se presentó a las oposiciones para organista en Berastegi (Gipúzcoa). Pese a competir con un buen número de candidatos, fue el escogido. En 1905, fue nombrado organista, director de coro y de la Banda Municipal de Zumaia, en donde permaneció unos quince años. En 1919 Ildefonso Lizarriturri Aizpitarte, organista de la parroquia de San Vicente en San Sebastián, presentó su renuncia por motivos de salud. De inmediato Juan Muñoa, bienhechor de la parroquia, conocedor de las aptitudes de Luis Urteaga, intervino para que fuese elegido como sucesor. Las cualidades de Luis Urteaga como docente eran la amabilidad, humildad, y entrega sin reservas. Como compositor se prodigó en la música para órgano, coral y txistu. Para el disco se ha escogido la sugerente canción de cuna ¡Lua, lua...!, basada en un tema popular vasco y Cuatro breves piezas para órgano y harmonio, escritas en Zumaia: Meditación, Elevación, Plegaria y Final; obras de elevada inspiración y con una resuelta maestría en el tratamiento de la mano izquierda.

Tomás Garbizu (1901-1989), natural de Lezo (Guipúzcoa), cursó estudios musicales en San Sebastián. Fue uno de los abanderados del nacionalismo musical. Al estallar la guerra de 1936, se trasladó a Francia, perfeccionando sus estudios con el profesor-organista Charles Lebout. En 1941, de nuevo en Madrid ejerció de organista en la iglesia de San Luis de los Franceses y en 1954 desempeñó la cátedra de órgano del Conservatorio de San Sebastián. Compositor prolífico,  el Ave Maria en la bemol menor recuerda los mejores motetes de Saint-Saëns por su calidez, basada en una emotividad contenida muy propia de la música sacra francesa, que sin duda conoció.

Felipe Gorriti (1839-1896) nació en Huarte-Arakil (Navarra). De su padre, compositor y organista, recibió la primera formación musical. Más tarde, amplíaría sus conocimientos de piano y armonía con Mariano García, maestro de capilla de la catedral de Pamplona. Completó sus estudios en Madrid con Hilarión Eslava. En 1859 obtuvo la plaza de organista de Santa María de Tafalla que ocupó hasta 1867, cuando ganó por oposición la plaza de organista y maestro de capilla de Santa María de Tolosa. Como intérprete fue uno de los grandes organistas de su época. Entre sus alumnos debemos destacar a Vicente Goicoechea, toda una celebridad en la música religiosa decimonónica. También hay que resaltar su influencia en la implantación de la organería romántica francesa en el país. Muchas de sus composiciones, unas 240, son sacras: Misas, Misereres, Piezas para órgano para la liturgia, etc., evolucionando desde un formalismo estético  hacia un romanticismo más complejo. En el Ave Maria en mi bemol mayor muestra sus mejores recursos armónicos y melódicos; la acentuación ternaria le confiere un encanto muy envolvente.

Es conocida la inmensa actividad musical desarrollada por Esteban Elizondo, tanto en el ámbito de la investigación rigurosa (Colección de partituras “Cien años de música para órgano en el País Vasco y Navarra”) como en el de las magníficas interpretaciónes recogidas en diversos CDs. La voz de la soprano Arantza Ezenarro, primer premio en el concurso organizado por Juventudes Musicales de España, posee una admirable calidad, siempre cómoda en una amplia tesitura y con un empleo certero de la expresión, utilizando los matices más adecuados a cada frase. No exagero si digo que el órgano de la Parroquia de San Pedro Apóstol tiene una sonoridad cautivadora. Si a todo ello le añadimos una toma de sonido perfecta, deducirán que es un disco muy recomendable.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro