Entrevista a José Carlos Gosálvez
«Vivimos en una época en la que todo parece que debe ser cómodo y fácil, incluso el estudio»
(Por Hertha Gallego de Torres)
El actual Director de la Biblioteca del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid es hombre que atesora muchos y variados saberes: investigador, musicólogo, amante de los libros que custodia y profundo conocedor de sus secretos, ha publicado una gran cantidad de obras relacionadas con el mundo de la edición, los cancioneros musicales, o Boccherini -del que es un reconocido especialista. Muchos temas sobre los que nos ilustra con su proverbial afabilidad y sentido del humor, en una conversación vivaz y amena que emana de su persona con total naturalidad.
José Carlos Gosálvez
Opusmusica: Usted aúna la faceta de bibliotecario con la de investigador, y de "detective" sobre el terreno. Sólo así me explico que descubriera en el Monasterio de Seintenstetten, en Austria, los cuartetos de un casi desconocido marqués extremeño, Araciel... ¿De dónde provino su interés y su afición por este compositor y cómo se le ocurrió que podrían estar allí?
J.C. Gosálvez: A mí siempre me ha interesado mucho la música española de cámara de los siglos XVIII y primera mitad del XIX. En lo que se refiere a los cuartetos de cuerda, hay una aparente paradoja en esa época: tenemos constancia de que circulaba en nuestro país una gran cantidad de obras de este tipo procedentes de Francia, Alemania o Gran Bretaña; es decir, hay pruebas sobradas de que el cuarteto se practicaba habitualmente con un repertorio extranjero, pero el número de obras de este tipo producidas por compositores españoles es asombrosamente reducido. Hasta hace unos pocos años apenas se conocían y se tocaban algunos de los cuartetos del Op. 3 de Manuel Canales y los tres cuartetos publicados por Arriaga en 1824, y muy poco más.
El descubrimiento de nuevas obras españolas que se puedan incorporar a este exiguo catálogo ha sido siempre y es todavía un reto para los investigadores. Por mi condición de bibliotecario, he gozado de la ventaja de tener fácil acceso a las fuentes y obras de referencia. Así que no es tanto mérito mío, en 1989 tuve que catalogar el nuevo descubrimiento de una versión en cuarteto de "Una cosa rara" de Martín y Soler (recientemente publicada por Luis Llácer) y supuestamente realizada por el propio autor. En el 2000 me llevé la gran alegría de encontrar casualmente en el Conservatorio un ejemplar completo de una rarísima edición madrileña de los cuartetos de Enrique Ataide y Portugal (1789) y un año más tarde, a través de RISM A/II (un gran catálogo en curso en el que participamos cientos de archivos y bibliotecas musicales de todo el mundo), localicé unos manuscritos en el Monasterio benedictino de Seitenstetten (Austria), fuente única de los cuartetos de Diego de Araciel, un músico extremeño que pasó gran parte de su vida en Italia y que es citado por Soriano Fuertes, Mitjana, Martín Moreno, pero del que no se había localizado apenas música.
"Para mí es la máxima satisfacción que da el ejercicio de mi profesión: escuchar la música que estaba olvidada y que suena por primera vez después de siglos"
Por aquellos años Luis Llácer, viola del Cuarteto Canales, andaba buscando repertorio español y yo les ayudé con entusiasmo. En cuanto a mi contacto con los monjes de Seitenstetten, diré que mantuve una cordial correspondencia con ellos, especialmente con el amable Padre Klaus Wagner, al que me satisface poder citar públicamente. Le extrañaba mi interés por esa música que estaba en su archivo y que jamás les habían pedido y me rogó que le enviara toda la información disponible sobre ese tal Araciel, cosa que hice con mucho gusto. Recientemente he tenido la satisfacción de enviarles también un programa de la primera interpretación moderna de estos cuartetos, realizada el pasado Diciembre en la Fundación Juan March de Madrid por Joaquín Torre, Lina Tur, José Manuel Román y Iagoba Fanlo. Yo sigo buscando cuartetos españoles y en estos días hemos encontrado en el Conservatorio algunas obras interesantes de la primera mitad del XIX.
Opusmusica: ¿Qué siente uno al escuchar sus "descubrimientos"? o, dicho de otra manera ¿hasta qué punto se necesitan el musicólogo y el intérprete?
J.C.G. Qué puedo decir...Para mí es la máxima satisfacción que da el ejercicio de mi profesión: escuchar la música que estaba olvidada y que suena por primera vez después de siglos. Es la manera más emocionante de comprobar cómo mi trabajo se convierte en un bien inmediato para la sociedad y sirve para mejorar el conocimiento de nuestro pasado musical. Además, debo añadir que como violonchelista aficionado no puedo evitar la tentación de darme el placer de "estrenar en la intimidad", con algunos amigos músicos, las obras que acabamos de descubrir antes de que sean conocidas por el público. Tuve el privilegio de hacerlo con algunas de las obras citadas y también con recientes descubrimientos de obras para cuerda de Vidal, Duport, Facco o Boccherini.
Opusmusica: ¿Qué aporta la tecnología a la musicología moderna? ¿Es tan necesaria como parece?
J.C.G. Es una pregunta muy compleja y quizás no sea yo la persona adecuada para responderla. Como profesional de la documentación, tengo la obligación de estar al tanto de las nuevas tecnologías y así lo hago, pero reconozco que me cuesta trabajo y que no me aplico a ello con excesivo entusiasmo (quizás no sea demasiado prudente decir esto en una revista digital). Las nuevas tecnologías representan un avance extraordinario, desde luego, por darnos la posibilidad de consultar miles de artículos de revistas científicas, miles de fuentes impresas o manuscritas digitalizadas a texto completo o grandes obras de referencia en soporte digital. Sin movernos de casa hoy podemos acceder a bibliotecas virtuales inmensas, con un volumen de información que jamás pudieron soñar musicólogos como Eitner, Barbieri, Pedrell o Anglés, por citar sólo a unos pocos. Pero ¿Esa facilidad por sí sola nos hace mejores musicólogos que ellos? Sinceramente, creo que no. Su extensa sabiduría, su intuición e ingenio, su capacidad de relacionar las cosas de manera imprevista son cualidades humanas insustituibles. Creo que la excesiva fascinación por la tecnología nos hace correr el peligro de mitificarlas y confundir la cantidad con la calidad.
"El mejor investigador no es sólo el que mejor maneja el ordenador, sino el que sabe interpretar los datos y transmite sus conclusiones de la manera más lúcida y rigurosa"
Vivimos en una época en la que todo parece que debe ser cómodo y fácil, incluso el estudio. He visto a muchos musicólogos reunir información usando los mejores medios tecnológicos, y quedarse en el primer paso de la investigación creyendo que eso es todo, sin ser capaces luego de dar el paso más difícil y creativo, el procesamiento de la información y la elaboración de los resultados. El mejor investigador no es sólo el que mejor maneja el ordenador, sino el que sabe interpretar los datos y transmite sus conclusiones de la manera más lúcida y rigurosa. Las máquinas son herramientas maravillosas, pero hay que saber utilizarlas, situándolas en su justo término.
Opusmusica: También es usted un reconocido especialista en Boccherini. Precisamente en febrero se presentó la edición de la denominada "Sonata Barcelona" patrocinada por el Patronato Municipal de Gestión Cultural del Ayuntamiento de Boadilla del Monte, que fue encontrada en la Iglesia de Santa María del Pí de Barcelona, descubrimiento en el que usted también tuvo algo que ver ¿no es así?
J.C.G. Sí. En realidad fue un caso de descubrimiento colectivo. El primer musicólogo que manejó el manuscrito fue J.M. Vilar, que pasó una copia a Sergi Casademunt y éste a su vez a Josep Bassals. Estos violonchelistas catalanes me lo pasaron a mí, ya que con ellos mantengo un amistoso intercambio de música y de información sobre repertorio histórico de violonchelo. La música de Boccherini para ese instrumento es una de mis grandes pasiones, y al llegar a mis manos este manuscrito con seis obras anónimas reconocí de inmediato que una de ellas era la sonata G.10 de mi admirado compositor y que yo había tocado en múltiples ocasiones. Además, descubrí que otra de las sonatas anónimas y desconocidas del manuscrito encajaba plenamente con su técnica y estilo. Así que me atreví a lanzar la hipótesis de que pudiera ser suya, con lo que estaríamos ante un descubrimiento extraordinario. Así lo consideran violonchelistas especializados en repertorio del siglo XVIII como Elisabeth Leguin, el propio Josep Bassals, Iagoba Fanlo o Anner Bylsma (a quien hicimos llegar una copia). No obstante, hasta que no aparezca otra fuente no podremos nunca estar seguros de lo acertado de la atribución. La sonata de Barcelona tuvimos el placer de "estrenarla" en mi casa y desde entonces la he tocado con frecuencia con mis amigos Iagoba y Luis García.
La sonata ya ha sido grabada en disco en dos ocasiones (por Bassals y Fanlo respectivamente) y, como dices, recientemente ha sido publicada en partitura por el Ayuntamiento de Boadilla y la Asociación Boccherini, de la que soy miembro. Si entre todos logramos que sea más conocida a nivel internacional podría convertirse, sin duda, en pieza de repertorio para todos los violonchelistas porque no le faltan belleza, técnica ni calidad, junto a un atractivo "racial" en su tercer movimiento, que cuando lo oyes te entran ganas de echar a bailar con las castañuelas en la mano.
Opusmusica: Esta edición iba acompañada de un concierto y de una conferencia. Creo que resulta muy emblemático y bonito, que se realice precisamente en Boadilla, donde Boccherini vivió seis años siendo el músico de cámara del Infante don Luis, como ha estudiado tan bien Ramón Barce en "Boccherini en Madrid"...
J.C.G. Estoy totalmente de acuerdo; parece que Boadilla y Madrid empiezan a valorar la figura de este gran músico que vivió entre nosotros y que durante tanto tiempo tuvimos medio olvidado. El trío formado por Boccherini, Haydn y Mozart es considerado por todos los músicos y musicólogos del mundo como la cima musical de la segunda mitad del siglo XVIII. Mientras en Austria se venera el recuerdo de los suyos, nosotros teníamos al "nuestro" en el trastero, así que aplaudo ésta y todas las demás iniciativas que se han tomado en los últimos años para corregir la situación. La obra de Barce a la que Vd. se refiere me parece una pequeña joya; fue publicada en 1992 con motivo de que Madrid fuese declarada Capital Europea de la Cultura y lo único que le reprocho a Barce es la reducida extensión de su libro.
Opusmusica: Por cierto, que ahora parece que Boccherini está de moda. ¿Comparte la visión de que ha sido injustamente preterido por la musicología española?
J.C.G. En realidad ya he contestado a eso. Sin querer resultar polémico, considero que la musicología española ha partido tradicionalmente de un prejuicio nacionalista y se ha fijado casi exclusivamente en lo producido por músicos españoles, olvidando a muchos músicos extranjeros, especialmente los cientos de italianos que trabajaron en nuestro país. Esto me parece muy injusto y cegato; muchos de esos músicos se naturalizaron y dejaron aquí descendencia por lo que, incluso partiendo de un prejuicio tan dudoso, siempre debimos considerarlos como algo nuestro.
"Sin querer resultar polémico, considero que la musicología española ha partido tradicionalmente de un prejuicio nacionalista"
Es cierto que en los ultimos años se han publicado en España trabajos sobre Corselli o Brunetti y el importante estudio de Jaime Tortella sobre la etapa española de Boccherini; sobre él también se celebró en Madrid un congreso importante y se han hecho nuevos libros, grabaciones discográficas y ediciones en partitura. No obstante queda todavía mucho por hacer para reparar ese olvido de la musicología española. Las principales biografías de Scarlatti están hechas por investigadores extranjeros y de nuestra conexión europea quedan todavía muchísimas obras y muchos personajes por sacar a la luz. Lo ideal sería que fuéramos nosotros capaces de hacerlo, sin esperar a que vengan musicólogos de fuera a hacer la tarea.
Opusmusica: Los fondos de la Biblioteca del Conservatorio son maravillosos. ¿Qué parte del patrimonio es la más visitada? ¿Hay algo que merezca conocerse especialmente?
J.C.G. Lo más requerido es, lógicamente, el fondo moderno de partituras y libros, que es el que tienen que manejar diariamente los profesores y alumnos del centro. No obstante, los investigadores tienen a su disposición colecciones históricas muy importantes. Destacaría la colección de impresos de polifonía del siglo XVI denominada "Colección de Uclés", con más de cincuenta libros procedentes de ese monasterio conquense, entre ellos ediciones únicas de Infantas, Orlando de Lasso, Willaert, De Monte y otras muchas realizadas en los Países Bajos españoles.
También es muy valiosa la colección llamada "Archivo del Rey Amadeo", que cuenta con varios cientos de óperas italianas manuscritas de finales del XVIII y principios del XIX: música de Martín y Soler, Paisiello, Cimarosa, Päer, etc. Al parecer podría tratarse de una parte de la biblioteca reunida por Carlos IV durante su exilio italiano.
Entre los manuscritos del XVIII también destaca una colección de más de quinientas tonadillas escénicas, una buena colección de manuscritos originales de Boccherini (al menos catorce piezas que podrían proceder del archivo del Infante D. Luis), Scarlatti, Tartini, Albero, Soler, Mozart, Haydn, autógrafos de Rossini, Mercadante, Sor, etc. Por el volumen de fondos destaca la colección de música del siglo XIX y primera mitad del XX, una época en la que el Conservatorio de Madrid era protagonista indiscutible de la vida musical del país. Tenemos miles de impresos de esa época y muchísimos manuscritos de autores españoles, como Barbieri, Bretón, Chapí, Masarnau, Arrieta, Pedro Albéniz, Eslava, etc.
Además de los fondos de biblioteca, el Conservatorio posee también un archivo histórico-administrativo muy interesante y una pequeña colección de instrumentos históricos entre los que destaca el famoso violín "Boissier" (1713), construido por Antonio Stradivari y que perteneció a Pablo Sarasate.
Opusmusica: Su actividad como bibliotecario y archivador de libros y partituras, incansable catalogador, no se limita al Real Conservatorio Superior de Madrid. Cuéntenos un poco.
J.C.G. Empecé muy joven en la Sección de Música de la Biblioteca Nacional, en 1981, donde trabajé durante dieciocho años. Allí aprendí la profesión de bibliotecario y, como puede suponerse, conservo muchos recuerdos y un gran cariño hacia la institución donde transcurrió mi juventud. Participé entonces en la elaboración de muchas publicaciones: La danza cortesana en la Biblioteca Nacional, Catálogo del teatro lírico español en la Biblioteca Nacional, Catálogo de impresos musicales del siglo XVIII, Catálogo de discos de 78 r.p.m., La música en el Boletín del Registro de la Propiedad Intelectual, La música de F.A.Barbieri en la Biblioteca Nacional, Bibliografía española, y alguno más que ahora no recuerdo. A la plaza de Director de la Biblioteca del Conservatorio concursé en 1998.
Soy licenciado en Historia Moderna por la Universidad Complutense y me cuento entre los pocos privilegiados que han tenido la suerte de trabajar en lo que más les gusta. Las dos bibliotecas en las que he estado destinado tienen fondos maravillosos que combinan mis dos aficiones: la música y la historia. La profesión de bibliotecario tiene además una dimensión técnica muy interesante en la normativa profesional (colaboré en la redacción de las normas de catalogación RISM de fuentes musicales históricas), aplicaciones informáticas de descripción bibliográfica, redacción de tesauros, etc. Los documentalistas especializados en música que trabajamos en España nos entendemos muy bien; entre nosotros no hay ningún problema para intercambiar información y apoyarnos mutuamente. Nos hemos agrupado en la asociación AEDOM (1993), que he tenido el honor de presidir durante varios años y que es la rama española de la asociación internacional IAML/AIBM.
Opusmusica: Yo recuerdo con especial cariño, dentro de las exposiciones que acostumbran organizar, una sobre novelas con tema musical ¡hay muchísimas! ¿Qué novela es su preferida o la que suele aconsejar cuando le preguntan por este tema específico?
J.C.G. Soy aficionado a la lectura de novelas, pero no soy ningún experto en literatura. He escuchado una conferencia suya sobre este tema y, sin duda, Vd. podría hablar de esto con mucha más autoridad que yo. Como simple aficionado, podría citarle entre mis narraciones preferidas "La consagración de la primavera", de Carpentier, "Una música constante", de Vikram Seth, "El estreno en Berlín", de mi querido amigo y colega Koldo Bravo, "La pequeña crónica de Ana Magdalena Bach" y algunos cuentos musicales de Cortázar o Stefan Zweig.
Opusmusica: Por cierto, que hace años yo consulté con provecho un precioso libro sobre la edición musical española hasta 1936 y más tarde, en unión con otros colaboradores, usted publicó el Catálogo del Archivo de Unión Musical Española. ¿Cómo ve la edición ahora, comparada con la venerable UME, Casa Dotesio, etc...? ¿Cuál prefiere, sentimentalmente?
J.C.G. La última parte de la pregunta se responde sola. Aunque intento mantenerme al día, especialmente en cuestiones técnicas, mi carácter y formación me inclinan con preferencia hacia lo antiguo. Me gusta manejar documentos que me conectan directamente con el pasado, sentir su olor y su tacto. Cuando me puse a investigar sobre los editores de música españoles buscaba revivirlos, con sus ideas y circunstancias, pero también con sus bigotes, sus bastones y chisteras. La edición musical anterior al siglo XX era muy diferente de la actual, tanto por la realización material como por su finalidad última. En aquella época era posible vivir de la venta de ejemplares, en un momento en que, a falta de grabaciones sonoras, había legiones de pianistas, guitarristas o cantantes aficionados ávidos de partituras para interpretar en las reuniones sociales. Ahora la partitura es, con frecuencia, un mero instrumento para sustentar derechos de propiedad intelectual de cara a la industria discográfica o la interpretación en vivo. Esto es sólo un brochazo sobre el tema de la edición, ni siquiera una pincelada. Evidentemente la cosa es mucho más compleja, hay más variables y podríamos estar horas hablando de estas cuestiones. Actualmente vivimos en una época de transición: sigue existiendo la edición tradicional, pero hay más variedades; vemos que las nuevas tecnologías propician la desaparición de los soportes tradicionales en papel y la aparición de un nuevo consumo basado en ediciones digitales, contenidas en grandes bases de datos, vendidas por suscripción y difundidas a través de redes telemáticas.
"Aunque intento mantenerme al día, especialmente en cuestiones técnicas, mi carácter y formación me inclinan con preferencia hacia lo antiguo"
Opusmusica: La compra de Unión Musical Española por Music Sales Group debió suponer un rudo golpe para usted, como para todas las personas con sensibilidad...
J.C.G. La verdad es que sí. Me parece que en aquel momento el Ministerio de Cultura debió intervenir en el asunto, pues se trataba de un patrimonio histórico que habría merecido la más alta protección. Si se hubiera tratado de una colección de pinturas en vez de documentos, seguro que todo habría sido muy diferente. El musicólogo Antonio Gallego y algunos otros investigadores se movilizaron, pero no pudieron evitar que gran parte del archivo histórico de la mayor editorial de música que ha habido nunca en España se exportara al extranjero. Quién sabe si algún día podremos recuperarlo.
Tuve la suerte de conocer y manejar el archivo, en su estado original, cuando preparaba mi libro sobre la edición, y también de tratar con algunos empleados de la UME que habían conocido los viejos tiempos y que me ayudaron mucho en mi trabajo. El aspecto más positivo de la venta a Music Sales es que el archivo de partituras sí se ha conservado en España. Recoge unos veinte mil impresos, está catalogado íntegramente y se puede consultar en la sede de la SGAE en Madrid.
Opusmusica: Entre sus últimas publicaciones se encuentra el Cancionero Musical de la Colombina, con José Sierra. ¿Qué aportan ustedes al estudio de los Cancioneros poéticos del siglo XV?
J.C.G. En realidad mi intervención en este caso ha sido sólo de gestión. La verdad es que costó conseguir los permisos de reproducción del cancionero y resolver algunos problemas técnicos de imprenta, pero no hubo que hacer ningún trabajo de investigación, puesto que se trataba de una fuente muy conocida. El interés de la edición estriba en que es el primer facsímil que se hace de este cancionero; por primera vez muchos investigadores tienen la posibilidad de acceder cómodamente al texto original de uno de los mayores monumentos de la música española de finales del siglo XV. Se trata de una coedición entre AEDOM (Asociación Española de Documentación Musical) y SEdeM (Sociedad Española de Musicología), con la ayuda inestimable del Centro de Documentación Musical dependiente de la Junta de Andalucía. Según hemos podido comprobar, ya se encuentra catalogado en muchas bibliotecas musicales de todo el mundo.
Opusmusica: José Sierra también es un magnífico investigador, que continúa en la línea del Padre Samuel Rubio con sus estudios sobre el Padre Soler, otro gran músico español. Usted conoce bien estos desvelos ¿no es así?
J.C.G. Por supuesto. José Sierra y yo somos muy buenos amigos y nos vemos casi a diario en el Conservatorio. Le admiro mucho, entre otras cosas porque tiene una extraordinaria formación clásica, de la que yo desgraciadamente carezco; posee un sentido del humor muy fino, es amante de los libros y se entusiasma cuando habla de filosofía y de música, que es muy a menudo.
Como investigador puede ser considerado con justicia como el mayor conocedor actual de la figura de Antonio Soler, del que ha publicado mucha música y un reciente documentario. Pero no sólo eso, también ha investigado mucho sobre la música en el Monasterio de El Escorial y, como profesor de paleografía musical, es un gran estudioso de los textos teóricos antiguos. La colaboración con José Sierra en la edición del Cancionero de la Colombina ha contribuido a incrementar, aún más, nuestra estrecha amistad.
Opusmusica: Sé que la Biblioteca está incesantemente implicada en actividades y proyectos. ¿Cuáles son los del inmediato futuro?
J.C.G. En la Biblioteca del Conservatorio tenemos una actividad frenética y somos muy pocos para todo el trabajo que tenemos que desarrollar. Entre los proyectos más importantes está nuestra participación en Ilustra Madrid, un portal de Internet que dará a conocer, en forma de documentos digitalizados, la mayor parte de los tesoros de nuestra Biblioteca. El proyecto es muy complejo e incluye un número importante de grabaciones sonoras que acompañarán a las imágenes, y que van a ser interpretadas por profesores y alumnos del centro. También hemos puesto en marcha el Museo de instrumentos históricos y estamos avanzando enormemente en la catalogación y control del archivo histórico-administrativo. Por último diré que participamos también en el proyecto de catalogación de documentos musicales que impulsa el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico (CCPB), dependiente del Ministerio de Cultura, y tenemos previsto, además, iniciar un proyecto conjunto con la Biblioteca Nacional.
En lo que se refiere al trabajo interno, estamos haciendo una importante labor de reconversión de los ficheros antiguos, instalación de una nueva aplicación informática y catalogación de gran cantidad de fondos modernos que ingresan de forma regular. El trabajo de préstamo de obras y atención al público es muy intenso y crece de manera rápida, absorbiendo la mayor parte del personal del que disponemos, por lo que llevamos mucho tiempo reclamando un incremento urgente de la plantilla.
Opusmusica: ¿Y sus próximas investigaciones, por dónde le llevan?
J.C.G. El trabajo de gestión en la Biblioteca me deja cada vez menos tiempo para el estudio. Me gustaría investigar a fondo el repertorio de violonchelo en la España anterior a 1850, rastreando la actividad de los violonchelistas que vivieron en nuestro país en aquella época. De momento sólo he publicado un pequeño artículo sobre el tema en la Revista de Musicología, pero en los últimos años he recogido muchas más noticias y tengo ganas de continuar con la investigación.
José Carlos Gosálvez se despide con una cálida sonrisa. Entre los libros quedan sus afanes y unas cuartillas por rellenar. Mañana será otro día.

