Zarzuela. Lo que hemos visto
La Generala
(Por José Prieto Marugán)
La Generala (G. Perrín/M. de Palacios – A. Vives). S. Puértolas, S. de Munck, I. Mentxaka, E. Ferrer, E. Baquerizo. Coro del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director musical: Cristóbal Soler. Director de escena: Emilio Sagi. Escenografía: Daniel Bianco. Figurines: Jesús Ruiz. Teatro de la Zarzuela, 28 de febrero de 2008.
El segundo programa escénico zarzuelero de la temporada 2008/9 del Teatro de la Zarzuela ponía sobre el escenario una nueva producción de una obra no demasiado conocida: La Generala, opereta en dos actos escrita por Guillermo Perrín y Miguel de Palacios con música de Amadeo Vives. Excelentemente montada, como es norma habitual, la opereta sorprendió a los asistentes, si hemos de juzgar por los comentarios escuchados en el entreacto. En primer lugar por tratarse de una opereta al estilo europeo, vienés más concretamente, y en segundo por la brillantez de la escenografía, del vestuario, del movimiento de actores y por la agilidad y dinamismo planteados por Emilio Sagi que demuestra, una vez más, saber perfectamente cómo ofrecer un espectáculo lírico de primer nivel.
Sagi plantea el primer acto en un discreto decorado, que simula ser una gran terraza en los jardines de un palacio de Oxford en la que deambulan los personajes protagonistas: el destronado y arruinado rey Cirilo II, su ridícula esposa la reina Eva, el displicente Príncipe Pío y la atractiva Berta, antigua cupletista parisina y hoy esposa del general Tocateca, es decir la Generala. El segundo acto, en los jardines de un castillo en Cambridge es muy espectacular gracias a un gran carrusel que resulta principal y protagonista, un carrusel en el que la hábil y experta Generala consigue desengañar a su enamorado Pío, que se encuentre con la infantil y enamorada Olga, y que los monarcas de uno y otro lado resuelven sus problemas. El vestuario brillante y de tonos pastel contribuye a dar una imagen adecuada de la época en que se ambienta la obra.
Los cantantes cumplieron en la parte musical. Sabina Puértolas, verdadera protagonista, dio vida a su papel con gracia y cierta picardía, cantó con nobleza y se distinguió en la simpática “canción del arlequín” y en el dúo con el Príncipe, al que dio vida un Enrique Ferrer con soltura, con voz llena y potente. La soprano madrileña Sonia de Munck dio vida a una Princesa Olga con muy buen criterio, pese a tratarse de un rol no demasiado brillante, si exceptuamos el muy bien resuelto Dúo con Pío. Muy bien resueltos, especialmente en lo teatral, los papeles de Cirilo II (Enrique Baquerizo) y de su esposa la Reina Eva (Itxaro Mentxaka); el primero destacando siempre la ridícula distinción de su cargo, la segunda bordeando casi la histeria cuando las situaciones planteadas hacen peligrar sus planes.
Quien esto firma vio la obra desde el centro del patio de butacas y ha de confesar que algunos diálogos los entendía con dificultad y los cantables… gracias en buena parte a la traducción simultánea. Sinceramente, estamos ante una asignatura pendiente. Y para terminar, unas sugerencias a la dirección del teatro: la primera es que estudien la posibilidad de comenzar el espectáculo un poco más pronto; hay gente que apenas ha caído el telón, abandonan la sala, podría decirse que huyen. Es cierto que se trata de una desconsideración por su parte hacia los intérpretes, pero si las representaciones terminaran media hora antes, quién sabe. Otra proposición es que se incluya en el programa de mano el reparto de cada día. Y la última: vuelvan a recuperar los libros-programas: la gente los pide y creemos que se venden mejor que los pines o los alfileres de corbata.

