Ópera en Madrid
Bajazet, de Antonio Vivaldi, en el Teatro Real
(Por Alicia Perris)
Bajazet, de Antonio Vivaldi (1678-1741), Teatro Real de Madrid, 27 de marzo de 2008. Libreto de Agostino Piovene (revisión de Fabio Biondi). Europa Galante, director: Fabio Biondi. Bajaz, Christian Senn, Irene, Vivica Genaux. Tamerlano, Romina Basso. Idaspe, Maria Grazia Schiavo. Asteria, Marina de Liso. Andronico, Lucia Cirillo. Solista: Fabio Biondi.
El 27 de marzo el público de Madrid y en única representación, pudo escuchar una versión de concierto de la ópera Bajazet, de Antonio Vivaldi, tal y como recuerda el programa de mano, uno de los más precisos paradigmas del pasticcio barroco, que, junto a un escaso número de arias escritas para la ocasión, reúne piezas concebidas por el veneciano tiempo atrás y otras firmadas por otros compositores de éxito, como Giacomelli y Hasse. Historia de tártaros, turcos otomanos, reyes y princesas ésta, que irá secundada de su simétrica Tamerlano, que ofreció también la temporada 2007-2008 del Teatro Real. Una apuesta clara del madrileño teatro lírico por abrir sus puertas al mundo de la ópera barroca y a un repertorio menos tradicional y continuista.
Un argumento a medias fantástico, a medias histórico, que ya había rastreado en el siglo XVII la pluma vinculada a los jansenistas de Port Royal del dramaturgo francés Jean Racine. Ejemplarizante esta obra como todas las suyas, Racine fue un maestro en la pintura de amores desgraciados, culposos y castigados. El imperio de la pasión desbordada, sujetado por las leyes de la razón cartesiana.
Muchos de los cantantes de Bajazet actuaron por primera vez en el Teatro Real. La función fue retransmitida en directo por Radio Clásica, de Radio Nacional de España y tuvo una larga duración, incluida dos pausas de veinticinco minutos cada una. El programa de mano de pago, contó con una reseña del musicólogo Álvaro Torrente, “El sultán 'invencible' derrotado por el Señor de Hierro”, que rastreó las fuentes históricas del drama y la inclusión de esta partitura en la obra de Vivaldi. Ilustraciones alusivas de Samarcanda, aligeran gráficamente el programa que, como en otras ocasiones incluye una cronología general y una específica, esta vez de Vivaldi, e información sobre cantantes y el grupo musical responsable de la velada, Europa Galante.
La ópera es en su conjunto una agradable propuesta musical, un intento de “aggiornar” partituras poco escuchadas y menos representadas en los escenarios, difíciles, con una presencia a menudo casi constante de los cantantes en el escenario, que fuerza y desgasta las voces. Voces en ocasión pequeñas, como algunas de esta ocasión en Bajazet, pero que cumplen su papel en el marco de una partitura donde Vivaldi puso todo su empeño por asegurar el éxito. Le falta acaso su condición de obra “redonda”, compuesta como un todo (diferente aquí también de la suma de las partes), pero se deja escuchar (menos ver en su sencilla versión de concierto), pero tal vez con Tamerlano se puede conseguir esa idea de totalidad (también con lo visual y la representación escénica). Sin embargo supo aportar pasajes de gran belleza, como el del recitativo accompagnato que canta Bajazet al final del segundo acto o el aria de Idaspe, ejecutada con mucho gusto, “Nace rosa lusinghiera”.
Howard Chandler Robbins Landon, en 1993 fue bastante claro cuando expresó lo que podría haber sido un vaticinio funesto (para decirlo en el hiperbólico lenguaje operístico) sobre el éxito actual y la vigencia de las óperas del maestro veneciano: “(…) Es dudoso que los públicos de los años noventa dispensen a las óperas de Vivaldi una acogida similar a la que han otorgado a Las Cuatro Estaciones o a L´Estro Armonico. Si la historia futura demuestra nuestro error seremos los primeros en aplaudir”. Bajazet sin embargo, no es, está claro, comparable ni como composición ni como “élan” romántico con “Las cuatro estaciones”.

