OpusMusica Niños
Las canciones de mi infancia
(Por Hertha Gallego de Torres)
Jugar, Cantar y Contar, Juegos y Canciones para los más pequeños, Carmen San Andrés, Teleno Ediciones S.L., Madrid, 2004, ISBN: 84-931849-0-X.
Duérmete, Niño, Antología de Nanas, María Menéndez-Ponte y Ana Serna, Ediciones SM, 1999, Madrid, ISBN: 84-348-6826-1.
Colorín, Colorete, Carmen Bravo-Villasante, Ediciones Didascalia, Madrid, 1983, ISBN: 84-389-0225-1.
Asturias, Canciones, Inmaculada Quintanal, Oviedo, 1980, ISBN: 84-300-3616-4.
Vivimos un tiempo acelerado, en el que las antiguas costumbres y saberes se están perdiendo muy rápido. Sin embargo, y a diferencia de siglos pasados, nunca hemos dedicado como en nuestros días, tanta observación, tal escrutinio con ojos inquietos a los niños, y aunque por una parte madres y padres estemos más ocupados que nunca, invertimos horas y horas paradójicamente en el “desarrollo psicomotriz” de la población infantil. ¿Qué cómo lo hacemos? Eso es un enigma que tratan de resolver los sociólogos. Pero buena prueba de ello es que surgen por doquier libros y manuales que compilan la sabiduría antigua, y, entre otras, las viejas canciones infantiles a punto de desaparecer, emulando lo que hicieron Bartók y Kodály en su día con el folklore de sus países.
Los tiempos cambian y ahora los libros vienen con un atractivo CD para que escuchemos la melodía y, si se es lego en música, no haya problema en cantar la canción. Es el caso de “Jugar, Cantar y Contar” que, por si las moscas, también incluye la partitura de las pequeñas melodías seleccionadas. La interpretación, con voz y guitarra, es agradable, y, para lo que se lleva en estos casos, hasta sutil. La presentación, muy cuidada, incluye anotaciones didácticas destinadas a maestros y profesores y, por qué no, a los padres deseosos de aprender.
Pero la idea no es ni mucho menos reciente. Una atractiva obra titulada “Duérmete, niño” (de María Menéndez Ponte y Ana Serna) recogía una selección de nanas españolas y extranjeras, ya hace tiempo, con el gran inconveniente de no incluir la partitura. El mismo defecto tenía la bella selección de Carmen Bravo-Villasante en ese libro clásico titulado “Colorín Colorete” que junto a adivinanzas, trabalenguas, juegos y retahílas, incluía canciones de corro y comba y villancicos…Y es que al final hay que recurrir a los músicos. Una de mis recopilaciones preferidas es “Asturias, Canciones”, la nostálgica muestra que realizó hace unos años la prestigiosa musicóloga Inmaculada Quintanal, con transcripciones musicales perfectamente realizadas y muy fáciles de entonar. Tarareándolo junto con mi hija, he recordado las canciones que mi madre me solía cantar en mi niñez, con su dramática voz de soprano. (“Señora Santa Ana ¿por qué llora El Niño? Por una manzana que se le ha perdido”) Porque las tonadas tiran unas de otras como las perlas de un collar, y una misma savia las une a todas. El sustrato popular, que el niño sorbe con su poso misterioso y rudo, facultándole en su madurez para apreciar otras arquitecturas más complejas.

