Entrevista a Javier Jacinto

«Para un compositor poder dirigir
es el complemento perfecto»

(Por Hertha Gallego de Torres)

A pesar de su juventud, Javier Jacinto (Guipúzcoa, 1968) es uno de los compositores españoles que se consolida como un valor seguro para los amantes de la buena música. Autor de una ya extensa obra, que incluye obras de cámara, sinfónicas, corales y ópera siempre originales y de calidad, y practicante de un sano eclecticismo, entre la tradición y la vanguardia, nos hemos acercado a saludar a un músico tan modesto como reflexivo, igual de interesante que de sobra conocido por todos aquellos que saludan lo bien hecho.

Javier Jacinto

Javier Jacinto

Opusmusica:  Parece obligado que en esta primera pregunta nos detengamos en sus comienzos. Vd. es violonchelista, pero además intérprete de txistu-silbote, un instrumento que a algunos les sonará un poco raro…

Javier Jacinto:  Yo comencé mis estudios de música en Pasajes (Guipúzcoa), mi pueblo natal, y en San Sebastián. Allí estudié además de composición, piano, violoncello y también un instrumento del folklore vasco, el txistu, flauta de tres agujeros muy interesante, con la que se llevan haciendo muchos años música de todo tipo. Estoy muy agradecido al mundo del folklore, ya que además de conocer mucha música fue mi primer impulso como compositor. Desde los 14 años empecé a componer para este instrumento que era estrenada casi inmediatamente. A muy temprana edad me di cuenta de que la composición era parte integrante de una necesidad de expresión, y esto me hizo encaminar mis estudios hacia la composición. Pocos años después llegó el componer para el resto de instrumentos, estudiar composición, los premios en los concursos, estrenos en el extranjero, importantes orquestas, una ópera… quién lo iba a decir por aquel entonces.

Opusmusica:  Además compagina su actividad de compositor con la de director de orquesta. Fue fundador y dirigió hasta 2002 la “Joven Orquesta de la Asociación de Escuelas de Música de Euskal-Herria”, ha dirigido la Deutsches Kammerorchester en Berlín,  o su propia ópera de cámara “El acomodador”…

J.J.: Sí, el hecho de estar en contacto con la materia sonora muy regularmente dirigiendo me parece un privilegio. Para un compositor poder dirigir es el complemento perfecto, ya que el compositor vive aislado en su torre de marfil imaginando combinaciones sonoras, y a veces pierde el contacto con los intérpretes, que al final son los que fabrican el sonido que tú  has imaginado. En cuanto a la “Joven Orquesta de las Escuelas de Música de Euskal-Herria” fue algo vitalmente importante; surgió la posibilidad de crear una orquesta con estudiantes de alto nivel y alcanzamos momentos brillantes:  llegamos a  tocar en la Quincena Musical Donostiarra obras del repertorio sinfónico, e incluso tocamos en importantes lugares (San Sebastián, Vitoria, Toledo…) acompañados por el maestro Guillermo González al piano para interpretar el Concierto de piano de Zulema de la Cruz, estrenamos una obra que nos escribió José Zárate, momentos importantes que compartimos con muchos jóvenes intérpretes. La oportunidad de dirigir en Berlín a la “Deutsches Kammerorchester” fue un reto importantísimo y una responsabilidad, porque presentábamos en Alemania un repertorio de música contemporánea española inédito allí, obras de Cruz de Castro, Antón García Abril, Ruiz Pipó, Zulema de la Cruz e incluso un estreno de Tomás Marco, casi todos los compositores estuvieron presentes y fue un momento importante como director, realmente. Tengo que decir que dirigir mi propia ópera no entraba en mis planes, ya que no me he atrevido hasta entonces a dirigir mi propia música; digamos que es “política de empresa”. Desde mi punto de vista, no tiene nada que ver el trabajo de un compositor con el del director, así que prefiero que sea otro el que dirija mis obras. De hecho, he aprendido mucho, incluso de mi propia obra, cuando directores como Victor Pablo, José Ramón Encinar, Juano Mena, Jesús Amigo, José de Eusebio o George Pehlivanian han dirigido mis obras.

"Estoy muy agradecido al mundo del folklore, ya que además de conocer mucha música fue mi primer impulso como compositor"

Opusmusica:  Entremos en su obra. En primer lugar, un ligero apunte sobre estética. Tomás Marco, en su reciente ensayo “La creación musical en el siglo XXI” le adscribe a la tendencia de “música sobre músicas”, asegurando que Vd. practica un sano sincretismo que no excluye una personalidad investigativa. ¿Vd.  qué opina?

J.J.: Estoy de acuerdo en cuanto al sincretismo, creo que es un momento de postvanguardia donde mi generación empieza a asumir que tiene una paleta sonora amplísima ante sí; y ¿por qué no utilizarlo todo?, y creo que “música sobre músicas” está referido a una de las últimas obras escritas, “Para la tumba de Scarlatti”, ya que hasta entonces no había utilizado ninguna cita de otro compositor.

Opusmusica:  Pero, al escribir sobre otros músicos como en “Para la tumba de Scarlatti” ¿lo hace motivado por un encargo, o motu proprio?

J.J.: En ese caso fue por una parte deseo personal y por otra el hecho de que el concierto en el que iba inmerso, homenaje a Scarlatti, lo propiciaba. Estos mismo mecanismos de citar otras músicas, difuminarlas, jugar a que aparezcan y desaparezcan los acabo de reutilizar en mi última obra para piano, “Am Graben Alfred Schhnittkes”, como homenaje al maestro ruso fallecido hace ya diez años. Estrenará esta obra el pianista veneciano Brenno Ambrosini en Hamburgo, el próximo  mes de mayo. Esta vez ha sido totalmente “motu proprio”.

Opusmusica:  ¿Cuáles serían, a su juicio, los elementos definitorios de su lenguaje musical? ¿Hay algunos comunes con otros compositores afines generacionalmente?

J.J.: Una de mis mayores preocupaciones es la creación tímbrica de cada obra, crear un nuevo universo tímbrico. Mi paleta armónica es realmente amplia, y no me muevo en un solo sistema, me interesa poder manejarme entre muchas posibilidades de expresión. A veces un sistema rígido de composición tiene como resultado que siempre parece la misma música, y eso es algo que debemos evitar. Una cosa es el sello personal y otra escribir una y otra vez versiones de la misma obra. Creo que ese sincretismo del que habla Tomás Marco es común a muchos compositores, pero también lo es el hecho de querer utilizar los descubrimientos de las vanguardias, desde el serialismo integral, hasta elementos de Sciarrino, Lachenmann o Takemitsu. La ampliación de las posibilidades de los instrumentos es otro gran logro que es ya común entre nuestra generación de la “postvanguardia” de este siglo XXI, desde los multifónicos, “flaterzunge”, hasta todo lo que la imaginación del compositor y el intérprete pueda concebir.

Opusmusica:  Lo que está claro, mirando en su catálogo, es una clara predilección por la música de cámara y la música vocal. Empecemos por la música de cámara. Vd.  no ha apostado por las formaciones convencionales…

J.J.: El hecho de no apostar por agrupaciones tradicionales tiene que ver por una parte con el deseo de buscar nuevas combinaciones tímbricas. Creo que el desarrollo técnico de los instrumentos nos abre la puerta a nuevas combinaciones sonoras que todavía están por descubrir. Y en cuanto a la música vocal he de reconocer que es mi debilidad; me parece el modo de expresión musical natural del ser humano, la voz.

Opusmusica:  En cuanto a la música vocal, escoge poetas clásicos a la hora de musicalizar sus textos:  Bécquer, Cervantes, textos clásicos latinos, canciones populares…¿ Le inspiran más que los escritores actuales?

J.J.: Desde hace mucho tiempo busco la poesía como chispa generadora de muchas obras, no siempre de obras vocales, y esa lectura abarca desde textos clásicos hasta escritores de hoy en día. El caso es que no ha coincidido que los ciclos de canciones realizadas estén basados en escritores actuales, sin embargo la ópera de cámara sí que está realizada con textos de Enrique Santiago, que nació en 1958. Ha sido casualidad, pero reconozco que me encantaría componer unas canciones junto con un escritor y compartir mis ideas musicales con otro creador.

Opusmusica:  Muestra, en sus obras, una predilección por los títulos en vasco y en castellano, a partes iguales, de resonancias a veces muy cantarinas. ¿En qué se basa para escogerlos?

J.J.: Lo de los títulos en vasco y castellano es una cuestión de conocimiento de los idiomas, sin embargo también aparecen en mi catálogo títulos en francés y en alemán como ha podido apreciar. No renuncio a un título si me gusta; y en cuanto a las “resonancias cantarinas” supongo que tiene que ver con la búsqueda poética, la búsqueda de la belleza, una belleza del siglo XXI, eso sí. Me gustan los títulos que me inspiren una imagen enigmática y sugerente.

"La idea de crear música para niños siempre ha estado conmigo."

Opusmusica:  Se ha dedicado a los niños. Con “Nunué”, un cuento musical, para narrador, coro infantil y orquesta, ha dado un paso en esa dirección. ¿Cuál ha sido su modelo, el Prokófiev de "Pedro y el Lobo", el "Babar" de Poulenc, o ha pretendido hacer algo completamente alejado de estos supuestos?

J.J.: La idea de crear música para niños siempre ha estado conmigo. Me he dedicado desde que recuerdo a la docencia, y tengo muchas ganas de escribir música para estudiantes, mucha más de la que he escrito. Al final, mi carrera de compositor se ha enfocado a escribir para profesionales, pero deseo cumplir mi idea de componer música pedagógica algún día. “Nunué” fue un encargo de la Asociación de Escuelas de Música de Euskal-Herria, una vez que dejé la dirección de su orquesta, y aunque sí que me fijé en Pedro y el Lobo, en Babar o en música de Britten la creación de esta obra fue algo distinto. Musicalmente los niveles interpretativos están pensados para una orquesta de lo que hoy en día sería principio de Grado Medio, es decir, muy sencillo de interpretar.

Opusmusica:  La música electroacústica, conviviendo con realizaciones más “tradicionales” se convierte en una de sus constantes. Incluso dirige Vd.  un Laboratorio…

J. J.: Bueno, hace ya unos años que el Laboratorio que fundamos en Pasajes, en el País Vasco funciona sin mi ayuda, lo cual me alegra enormemente. Mi encuentro con la música electroacústica fue al llegar al Conservatorio de Madrid, hace ya más de quince años. En el Laboratorio del Conservatorio Superior descubrí un nuevo mundo sonoro y unas posibilidades tímbricas que han marcado toda mi producción musical posterior. Durante ese período de tiempo escuchamos y analizamos “El Canto de los Adolescentes” de Stockhausen, “Homaggio a Joyce”, de Berio, y tantas y tantas obras geniales del siglo XX que todo compositor debe conocer. Ahora mismo estoy trabajando en una obra de percusión y cinta digital que espero finalizar pronto para estrenar en Polonia.

Opusmusica:  ¿Qué salvaría y qué rechazaría de la vanguardia? ¿Cuáles son sus aciertos –cuáles, los errores- en la perspectiva de un creador del siglo XXI?

J.J.: No creo que debamos renegar de absolutamente nada de la vanguardia. Yo no puedo criticar a compositores que me parecen geniales como Nono, Berio, Stochausen, Boulez, o en España  Francisco Guerrero, Hidalgo, Luis de Pablo, Bernaola, Halffter, Tomás Marco, Cruz de Castro... Lo que ocurre en mi generación es que además de admirar, conocer, y haber estudiado la llamada “vanguardia” no renegamos de músicos como García Abril, Montsalvatge, y lo que se han denominado corrientes más moderadas. La paleta se ha ampliado, y creo que una parte del público lo va agradeciendo.

Opusmusica:  En España se ha creado una red de Auditorios que es el asombro de Europa. Pero ¿qué pasa con la programación de esos espacios? ¿Es la adecuada? Recientemente se ha nombrado a un compositor de música contemporánea como gestor del Auditorio Nacional ¿Es un paso en la dirección adecuada?

J.J.: Evidentemente la plantilla de auditorios actuales es impresionante, y no ha acabado. A través de la SGAE y de la Fundación Autor se siguen proyectando espacios para la música y las Artes que no están finalizados, como la sede de Sevilla, remodelación de teatros como en Bilbao y Zaragoza. Esto evidentemente no es suficiente si la programación no atiende a la creación española actual. El hecho de haber nombrado a un compositor como José Manuel López López gestor del Auditorio Nacional es un acierto y un ejemplo. Ojalá todos los espacios hicieran lo mismo. Existen ahora mismo decenas de compositores importantes en este país en activo con capacidad de realizar una programación interesantísima y a la vez atractiva y formativa para el público; estoy seguro de que la experiencia del Auditorio Nacional va a ser un detonante y un ejemplo a seguir.

Opusmusica:  ¿Los músicos de su generación quieren  conquistar al público o crean sin pensar demasiado en quién os va a escuchar? Dicho de otra manera ¿A qué oyente quiere convocar Vd.  con sus composiciones? ¿Prima más aspectos intelectuales o sensoriales?

J.J. :. No creo que el hecho de primar los aspectos intelectuales provoque un rechazo en el público, no existe una causa-efecto en ese sentido. Ya he comentado que quizás algunos compositores de mi generación hemos abierto la paleta armónica, tímbrica, melódica de tal manera que no existe tanto rechazo en una parte del público, evidentemente por el trabajo de punta de lanza realizado por muchos compositores anteriores. Yo personalmente quiero conquistar al público por la parte sensorial, lo reconozco. Me parece que la magia de la música está en hacer “sentir”. Dicho esto también es verdad que no hago ni una sola concesión por el hecho de pensar que le va a gustar más al público. Escribo lo que yo siento, y lo que creo que debo componer.

Opusmusica:  Señalaba hace años un compositor tan inquieto y culto como Alfredo Aracil que el papel del intérprete y de la propia interpretación empieza a ser observado por los estudiosos como algo tan determinante del significado de una obra musical como la propia partitura. ¿Qué piensa Vd. al respecto?

Javier Jacinto

"Evidentemente el compositor propone y el intérprete es el creador último de la materia sonora. "

J.J.: Evidentemente el compositor propone y el intérprete es el creador último de la materia sonora. Esto hace que determine el significado casi tanto como el compositor. Recientemente La Casa Encendida ha acogido una exposición de instalaciones que realizaba un escultor sobre el proyecto de otro, que había ideado el concepto, los bocetos,etc… En ese caso ¿de quien es la obra, del que la concibe o del que la realiza?

Opusmusica:  Ha prestado también atención a la ópera de cámara, con “El acomodador”, dirigida por Vd. en el Teatro-Auditorio de Baraniain (Navarra), con un libreto de Enrique Santiago. ¿Qué nos puede contar de esta experiencia? ¿Para cuándo una ópera grande?

J.J.: “Caronte”, que es la versión definitiva de lo que empezó como “El Acomodador” es una obra que habla de la vida y la muerte y de cómo se enfrenta el ser humano a su perennidad, todo ello en clave de humor e ironía. Nació como una pequeña idea para conmemorar el treinta aniversario del conservatorio donde yo comencé, en Pasajes. Llamamos a Enrique Santiago, escritor y dramaturgo y el proyecto adquirió una dimensión enorme. Conseguimos un escenógrafo tan importante como el pintor murciano Ángel Haro que se implicó totalmente y el proyecto volvió a crecer cuando otro natural de Pasajes, de dimensión internacional Paco Rabanne se implicó con el diseño del vestuario. De ser una pequeña idea se convirtió en una obra con ocho cantantes solistas, diez instrumentistas en escena, coro, ballet de disminuidos físicos, hora y media de duración… a veces estoy tentado llamarla “gran ópera de cámara”. Creo que incluso podríamos hacer sin problemas una versión con orquesta a dos y convertirla en una ópera de formato tradicional. Respondiendo a para cuando una ópera, grande, ojalá que pronto. Evidentemente uno no puede ponerse a componer algo tan inmenso como una ópera sin un apoyo económico y una certeza de estreno. Sin embargo yo estoy leyendo mucho, buscando textos e ideas, por si aparece la posibilidad de esa ópera grande. El mundo de la ópera es magia absoluta, y una vez que lo descubres desde dentro es imposible no querer repetir.

Opusmusica:  La mayor parte de la música contemporánea se escribe mediante algún sistema notacional y éste repercute sobre todas las fases del proceso creador. Hay muchas críticas referidas a la falta de universalidad de la que adolecen las nuevas escrituras musicales. Cuéntenos su experiencia.

J.J:  El hecho de que no haya unos sistemas de notación estandarizados es un gran problema a la hora de interpretar en cualquier lugar del mundo; a veces hay partituras con más hojas de explicaciones del sistema notacional que de la propia música; esto no parece muy lógico. Sin embargo hay bastantes grafías que se van imponiendo y se van haciendo habituales, y no queda más remedio que ir luchando por las nuevas maneras de expresarse, que van unidas a las nuevas maneras de escribir la música. Poco a poco se irán imponiendo nuevas maneras que darán lugar a nuevas músicas. Yo he tenido que explicar a veces nuevas notaciones a los intérpretes pero no me ha importado, me parece enriquecedor trabajar con los intérpretes, así como explicar mis ideas al público, a través de las notas al programa, artículos, conferencias, y sobre todo a través de la propia música. Al final siempre es la propia música la que habla con más sinceridad del alma de un compositor.

Más información: www.javierjacinto.com
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