Ópera

El director de escena: las diferencias de su
trabajo en el teatro y en la ópera

(Por Enid Negrete)

Opera Otello

En casi todos los foros de ópera la gente se queja amargamente del trabajo de los directores de escena. Debo decir que en algunos casos con sobrada razón y en otros no tanto. Pero en realidad muy pocos entienden la dificultad del trabajo del director de escena cuando se trata de la ópera, así como de la enorme diferencia que hay entre trabajar en el teatro de texto, o incluso en el teatro musical y trabajar en la ópera. Entendemos que la dirección escénica de ópera es una especialidad, y aunque la mayoría de los directores actuales tienen una preparación eminentemente teatral y su trayectoria se desarrolla también en ese ámbito, existen directores dedicados a la escena de la ópera que no abordan otras artes escénicas.

Más allá de las distancias presupuestarias y de las formas de producción, el trabajo del director en ambos ámbitos es por completo distinto. Al final se trata de dos géneros que tienen una historia y una naturaleza totalmente diferentes. Por lo tanto sus requerimientos estéticos y conceptuales, por más que tratemos de hacerlo a un lado, son completamente diferentes. Tratando de ver cómo esas diferencias afectan al trabajo del director de escena, me permito exponer algunas de las experiencias y reflexiones que he podido vivir en carne propia sobre el asunto.

Un director que se acerca a la ópera, a diferencia del director teatral, debe construir una idea mucho antes de comenzar los ensayos. Esto se debe sobre todo, al poco tiempo que se tiene en comparación con un trabajo teatral. Pensemos que mientras en el teatro algunas compañías y directores pueden darse el lujo de trabajar hasta uno o dos años en un mismo montaje, en la ópera sólo se tienen tres o cuatro semanas de ensayos. El proceso de concepción no puede darse con los cantantes. Por ello, el director parte de una idea clara y precisa —ya trabajada en solitario, ya elaborada con su equipo de creadores— y es de vital importancia que esta idea esté lo más trabajada posible para que el montaje llegue a buen término.

Una de las cuestiones más decisivas a trabajar al respecto, es entender la globalidad de la propuesta musical del compositor y localizar los puntos clave en la partitura

En cuanto a la construcción del personaje, creo que una de las diferencias más importantes la encontramos en la identificación de los conflictos: una de las cuestiones más decisivas a trabajar al respecto, es entender la globalidad de la propuesta musical del compositor y localizar los puntos clave en la partitura. A diferencia del teatro hablado, las claves de la interpretación siempre están en la música y no en las palabras de una ópera. La definición de los personajes y de las relaciones entre ellos se le entrega al espectador desde la orquesta y la voz, antes que desde la palabra.

Normalmente, algunos de los conflictos en la ópera se plantean en las arias de cada uno de los personajes, por ello estas piezas son tan importantes para la estructura del montaje. El no comprender que, además de ser el momento del lucimiento técnico-vocal del cantante, es el planteamiento del conflicto interno del personaje y la muestra más clara y definitiva de su carácter, hace que las arias se conviertan en momentos de detención de la acción escénica. Estoy de acuerdo que algunas de ellas son claramente absurdas, tanto en su ubicación en el devenir de la historia como en su texto, pero también hay otras sin las cuales no puede entenderse al personaje. ¿Cómo saber ante cuáles nos enfrentamos? ¿Debemos respetarlo siempre o no? ¿Se puede llegar o no a un acuerdo al respecto con el responsable musical? ¿Será el cantante el que nos ponga más objeciones? ¿Será el espectador al que se le prive de una experiencia o le facilitaremos en realidad la comprensión de lo que contamos? Si partimos del hecho de que en la ópera, tanto las acciones físicas como la estimulación de las emociones proviene de la música, podemos tener una idea más concreta de la importancia del entendimiento musical del género. De ahí la importancia no sólo de la preparación musical del director de escena, sino también de su sensibilidad para acercarse a ella.

La cohesión de los diferentes elementos, ya sean de producción, técnicos y estéticos, es de igual dificultad en ambos géneros. Pero debemos tomar en cuenta que en la ópera los tiempos siempre son muy diferentes al teatro, tanto para la preparación como por el número de funciones. Por ello es muy importante que la mayor parte del trabajo del director se haga previo al inicio de los ensayos. Ahora bien, los procesos de dirección son muy personales y en el teatro cada director decide cómo llevarlos a cabo. Es aquí, en el sentido más pragmático de la estructuración y organización del trabajo donde podemos enfrentarnos a diferencias mucho más grandes entre ambos géneros. Porque en la ópera hay una unificación en el proceso de producción de casi todos los teatros. Todos ellos tienen sus diferencias organizativas, pero en las líneas fundamentales todas las casas de ópera llevan a cabo procesos de montaje muy similares. Deben regirse por horarios acordados con sindicatos, con otros espectáculos o con acuerdos laborales.

Entre las diferencias más notables entre la organización de la ópera y del teatro podemos mencionar por ejemplo la disponibilidad de los cantantes para el proceso de trabajo, no tanto por su voluntad en sí, sino por sus múltiples razones: contratos firmados con 5 años de antelación, viajes kilométricos, etc. Además de que es muy común que el proyecto cuente con más de un elenco y cantantes sustitutos que tienen que aprender el papel. Todo esto complica enormemente el proceso de dirección, ¿cuánto tiempo de ensayo debe dársele a cada elenco?

El director de escena escoge a sus actores en el teatro, pero no en el caso de la ópera

Otro caso es que en el teatro es cada vez más común contar con un dramaturgista, que hace las adaptaciones al texto que la idea del director exige (en muchos casos el director mismo puede hacer las adaptaciones que requiere), pero en la ópera, y a pesar de lo que la mayor parte de la gente cree, la partitura rara vez es modificada y sus modificaciones, en todo caso, no pueden ser hechas por el director de escena; pueden ser propuestas pero finalmente siempre son responsabilidad del director de orquesta. Hasta este momento el director de escena de ópera no tiene injerencia en el proceso creativo de la obra, son muy pocos los casos en los que el director de escena participa en la concepción de la partitura o el libreto, mientras que en el proceso teatral lo más común es que el director sea desde el principio el centro de dicha concepción.

El director de escena escoge a sus actores en el teatro, pero no en el caso de la ópera; la principal razón de ello es porque la tesitura vocal determina de antemano el reparto y el director musical está directamente involucrado en este asunto. Esta es una de las diferencias y dificultades más fuertes de sobrellevar para un director de escena, debido sobre todo a que todavía en muchos casos hay cantantes que físicamente no dan el papel mientras que vocalmente son idóneos. Los casos por todos conocidos de Debora Voight o Aquiles Machado, son sólo un botón de muestra de lo que digo.

Otello en teatro

Además, mientras los actores pueden llevar un largo proceso de trabajo, que en algunos casos puede tener duración de meses, lo cantantes sólo tienen un número limitado de ensayos y un tiempo muy corto para desarrollar papeles de una enorme envergadura y dificultad dramática. Si el proceso teatral no ha llegado a donde el director deseaba es posible comenzar de nuevo y/o hacer modificaciones. En el caso de la ópera esto es absolutamente imposible. De hecho, el día de estreno no es modificable en la ópera, sobre todo en teatros que tienen un número importante de abonados. Así es que podemos observar cómo hay licencias que los tiempos teatrales permiten y que en la ópera son imposibles, tanto por los medios económicos, como por las formas de trabajo de los cantantes y de los músicos. Por otro lado, se tiene que tener en cuenta que una obra teatral puede estar años en cartelera, mientras que un puesta en escena de una ópera se presenta cuando mucho, y en los mejores casos, veinte veces seguidas. Paradójicamente, la producción de esa ópera puede conservarse normalmente mucho más tiempo que la de una obra teatral. Además es importante recordar que en la ópera se efectúan dos proceso creativos paralelamente: el escénico y el musical, y que para llevarlos a cabo, normalmente no se cuenta con más de ocho semanas. Es aquí donde las formas de producción y organización de ambos géneros determinan el proceso de trabajo del director de escena.

¿A qué problemas se enfrentará el director de escena en la ópera? Podríamos mencionar millones, pero los más constantes nos los describe Giorgio Strehler:

“La ópera Lírica es como un castillo encantado en el que los que la hacen no se encuentran nunca (…) [por lo tanto] antes que nada lo que se necesita es que cuantos se responsabilizan de la dirección artística estén juntos para discutir y decidir el montaje (…). Considero la dirección de ópera como un trabajo simple y complejo a un mismo tiempo. Por ejemplo, ¿en qué situación, preso de la madeja de los códigos y las convenciones operísticas, se encuentra el cantante? ¿Es el personaje cantante de la metodología stanislavskiana o debe asumir la distancia épico-crítica de Brecht? (…) ¿cuáles son los tempos exactos en la ejecución de una ópera de Verdi: los de la partitura (adagio, andante, piú mosso, allegro), los del metrónomo, los que se indican en la acción escénica, o bien todos ellos reunidos, que es lo más probable? Sin una inspiración común, adiós a la unidad del montaje”

Y adiós a ese placer que es la ópera en vivo. Por más que nos quejemos, dirigir es más difícil de lo que parece, pero por supuesto, también es uno de los placeres que muy pocos privilegiados tienen la oportunidad de hacer.

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