Crítica de discos

César Franck: L´oeuvre vocal avec orgue, Vol. 1

(por Joaquim Zueras Navarro)

César Franck: L’oeuvre vocal avec orgue, Vol. 1. Maîtrise du GPM de Genève. Solistes de Lyon. Diego Innocenzi, orgue / Fabrice Pierre, harpe / Amandine Lecras, violoncelle / Rodrigo Favaro, contrebasse. Bernad Tétu, direction. Aeolus, AE-10013.
César Franck: L´oeuvre vocal avec orgue, Vol. 1

Todos los años, por la festividad de la Virgen de los Desamparados, la Casa de Valencia en Barcelona celebra un encuentro en la Iglesia de Belén, en la que en ocasiones he ejercido como organista. No faltaba nuestro estimado barítono Manuel Ausensi, desgraciadamente fallecido, que cantaba el “Panis Angelicus” de César Franck durante la comunión. Manuel Ausensi era una persona sencilla y cordial, que gozaba conversando sobre cualquier tema. En una ocasión le comenté que, siendo este motete tan hermoso, parecía imposible lograr saber cómo eran los restantes. Ausensi, que tenía una memoria portentosa, las raras veces en que nos encontrábamos, frunciendo las cejas pero con un punto de socarronería, me preguntaba con un vozarrón que parece que lo esté oyendo todavía: “¿Cómo va lo suyo con César Franck?”, a lo que yo siempre respondía: “Muy mal don Manuel, muy mal; la cosa está dura de pelar” y él sonreía con disimulo, porque sabía que los deseos se alimentan de demoras. Los años han pasado y merced al sello Aeolus el panorama se esclarece.

Ante todo quisiera puntualizar que estos motetes arrastran el lastre de una crítica injusta, que tiene su origen en el movimiento “cecilianista” cuyo ideal radicaba en la búsqueda de una pureza y sobriedad para la música sacra que culmina con el Motu Proprio de Pio X. Charles Bordes, por poner un ejemplo, escribió: “El destino no ha permitido a Franck asociarse a nuestro movimiento de restauración del canto religioso. Poco trata con el canto palestriniano del que sólo ha rozado las bellezas y del que no ha saboreado la adecuación religiosa, no deteniéndose, como muchos músicos ¡ay! de su generación, más que por el interés de la escritura y en los artificios de esta especie de composición que no hubiera escrito para la Iglesia una vez que su hermosa alma de músico religioso se hubiera abierto a la serena belleza de esos maestros”. Este Motu Proprio fue promulgado el día de Santa Cecilia del año 1903 y Franck fue nombrado maestro de capilla de Sainte-Clotilde en 1858. Es cierto que la fuerza del cecilianismo ya asomaba a mediados del siglo XIX, no obstante, el mismo Gounod que dominaba la escritura alla Palestrina ( ver “A custodia matutina” del oratorio “Mors et vita”), no la utilizaba apenas y Saint-Saëns juzgaba absurdo componer a la manera de otro compositor y de otra época. Por lo demás, la música sacra del XIX está impregnada de expresiones operísticas (como la "Misa de Santa Cecilia" de Gounod), que algunos calificaron más tarde de decadentes, el mismo adjetivo que emplearon los músicos jóvenes que criticaron al viejo Bach. Además, muchos cecilianistas incurrieron en las formas que criticaban, en parte por la indefinición acerca de cómo llevar estos ideales a la práctica. Dicho esto, es de justicia reconocer que no todos los motetes de César Franck poseen el mismo grado de inspiración, pero sí un alto interés musicológico.

César Franck compuso en Sainte-Clotilde para las misas de los domingos, festividades religiosas, vísperas, adoraciones al Santísimo Sacramento, bodas y exequias. Este disco recrea la manera en que se interpretaban esas piezas, utilizando un coro reducido cuyas voces blancas están a cargo de puericantores, sumando al órgano –el Cavaillé-Coll de la iglesia de Saint-François-de-Sales, en Lyon- un arpa, un violonchelo o un contrabajo en los casos en que Franck los incluyó y respetando la pronunciación a la francesa del latín, que estuvo vigente hasta 1903. En él podemos escuchar el turbulento Quare fremerum gentes CFF 215, de acentuado dramatismo, con un lírico intermedio como contraste; el solemne Veni creator CFF 218, Quae est ista CFF 212 que destaca por su tratamiento elaborado partiendo de un motivo de cuatro corcheas que se repite como una insistente súplica, la colección de tres delicados motetes para la Adoración CFF 208: O salutaris, Ave Maria y Tantum Ergo, el ofertorio Domine Deus in simplicitate CFF 210 para los primeros domingos de mes, dos O salutaris CFF 206 y 207 y otro Ave María CFF 217 de expresivo intimismo, el ofertorio cuaresmal Domine non secundum CFF 213 y el alegre Dextera Domini CFF 211 para la celebración de la Pascua.

Separando algunos motetes, se han incluido en este CD las siguientes piezas breves para órgano solo: Offertoire en fa diese minèur CFF 96 A, Andantino en la bémol majeur CFF 86, Offertoire en si majeur CFF 213 y Offertoire en sol mineur. Todas ellas pertenecen al cuaderno de “Pièces posthumes”. Respecto a las obras para órgano de César Franck, hay cierta confusión que yo pretendí aclarar en un artículo en forma de diálogo para la web “Granada Órgano”.

La interpretación del disco, tanto por parte de los solistas como del organista y del coro, es óptima, por lo que su contenido complacerá en especial a aquellos melómanos que siguen con interés las grabaciones inéditas de música sacra.

"Un tema confuso", Compositores II: César Franck y las otras Obras para Órgano (y para Armonio),

(por Joaquín Zueras Navarro)

http://www.granadaorgano.net sección "Discos":

-He adquirido dos CD´s con la integral para órgano de César Franck.

-¿Y qué contiene?

-Pues ya sabe, las Seis piezas: Fantasía en do, Gran pieza sinfónica, Preludio fuga y variación, Pastoral, Plegaria y Final; las Tres piezas: Fantasía en la, Cantabile y Pieza heroica; y los Tres corales.

-Está bien, tiene las más interesantes. Ahora le faltan 43.

-No es posible. Vea la carátula: aquí pone “Integral para órgano”. ¿No me estará hablando de las piezas contenidas en “L´Organiste, volume I”?

-No, tales piezas son para armonio. No niego que puedan interpretarse al órgano, registrándolas adecuadamente y tocando algún bajo en el pedal. Pero tanto las indicaciones como su carácter nos remiten sin posibilidad de error al armonio, instrumento que desde 1850 era habitual en algunas casas de París. Las compuso en 1890, año de su fallecimiento, a petición del editor parisino Enoch. Tenían que ser 100, pero sólo llegó a 63. Esta colección es conocida en España gracias a la editorial Boileau; incluso hace poco vi que aún tenían el cuaderno a la venta a un precio módico.

-Pero, ¿dónde están las 43 piezas para órgano que me faltan? ¿No estarán en “L´Organiste, volume II”?

-Sí y no. Verá: como ya le he dicho, César Franck murió en 1890. En 1905, su hijo Georges agrupó 43 piezas para órgano, que el editor Enoch publicó con el títuló “Pieces posthumes pour Harmonium ou Orgue à pedales”. También le he comentado que una pieza para armonio puede tocarse al órgano, pero una pieza para órgano con pedales no puede tocarse en un armonio. Dado que en esta colección, mal llamada “L´Organiste II”, salvo en una o dos piezas, el uso del pedal es indispensable, supongo que la mención al armonio es meramente comercial. Y digo mal llamada “L´Organiste II” porque Franck compuso esas obras entre 1858 y 1863 para un antiguo alumno suyo; son piezas anteriores a “L´Organiste I” y, lo que es más importante, el nombre viene de una selección posterior: En 1935 Charles Tournemire publicó una selección de estas “Pieces posthumes pour Harmonium ou Orgue à pedales”, descartando muchas. Fue entonces cuando se titularon “L´Organiste II”. Quizás Tournemire, alumno y admirador de Franck, pretendiera dar realce a las piezas más elaboradas, omitiendo el resto por breve, de escaso desarrollo o poco idóneas para el uso litúrgico durante la primera mitad del siglo XX.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro