Crítica de discos
Guitarra española e internacional
(Por José Prieto Marugán)
Autor–Obra: Recuerdos de la Alhambra (Obras de Tárrega, Viñas, Almeida, Villa-Lobos, Guimaráes, Coles, Falla, Tisserand, Bossmas, Riera, Sojo, Pérez Díaz, Donostia, Harris, Martínez Zárate, Gangi, Myer, Casséus, Talarn, Linnemann). Intérprete: Agustín Maruri, guitarra. Sello–Refer: EMEC. E-074 CD. Durac. 79’03”. Grabación: Sta. Eufemia de Cozollos, Olmos de Ojeda, Palencia (16-18 septiembre 2007).
Autor–Obra: Evocaciones de España (Obras de Rodrigo, Granados, Moreno Torroba, Nin, Falla, Albéniz, Villa Lobos, Coles, Colomé, Tanaka). Intérpretes: Dúo Jones&Maruri, violonchelo y guitarra. Sello Refer: EMEC. E-075 CD. Durac. 78’29”. Grabación: Sta. Eufemia de Cozollos, Olmos de Ojeda, Palencia (17-19 octubre 2007)
Dos nuevos discos protagonizados por el guitarrista Agustín Maruri –del que ya nos hemos ocupado en anteriores ocasiones (Véanse los números de diciembre 2006, junio 2007 y febrero 2008)—, vienen a enriquecer el amplísimo catálogo discográfico de la guitarra. Y decimos “enriquecer” porque sus contenidos así lo demuestran.
El primero de ellos ha sido titulado “Recuerdos de la Alhambra”, título que, a nuestro juicio, no se corresponde con el contenido que es un amplio recorrido por la guitarra moderna (casi todas las composiciones son obras escritas en el siglo XX), conjunto que demuestra la extraordinaria capacidad del instrumento de las seis cuerdas para adaptarse a muy diversas estéticas. Además de la composición que da titulo al CD, se incluye el popularísimo Romance anónimo, una versión de la “Canción del fuego”, de El amor brujo, de Falla y el delicadísimo Preludio vasco titulado Dolor, del Padre Donostia. No faltan ejemplos de la música de inspiración brasileña en paginas de Laurindo Almeida (Brazilance-Chôro), Heitor Villa-Lobos (Chôros), Joáo Guimaráes (Sons de Carilhoes), Arthur Bosmanns (Brasileiras) o Thierry Tisserand (Suit vagabonde). No faltan autores venezolanos entre los que la guitarra goza de mucho predicamento: Vicente Emilio Sojo (Endecha), Manuel Enrique Pérez Díaz (Guasa) o Rodrigo Riera (Canción caroreña). Tampoco está ausente Argentina, representada por Jorge Martínez Zárate (Danza), ni otros autores europeos interesados por el instrumento: el galés Paul Coles (Nocturno), el británico Albert Harris (Waltz), el haitiano Frantz Casséus (Romance), la holandesa María Linnemann (Juliet) y el italiano Mario Gangi (Con tanta tenerezza).
Un repertorio tan amplio sirve para poner a prueba las cualidades interpretativas de un intérprete. Maruri demuestra ser capaz de salir airoso del empeño, tanto en las páginas de carácter, digamos académico, como en las de ambiente criollo en las que se desenvuelve a las mil maravillas. La técnica es limpia, eficaz y poderosa, aunque sin esfuerzos aparentes: trémolos limpios, excelente fraseo, riquísima polifonía, ritmo cadencioso en las obras hispanoamericanas, sentimiento en las de ambiente melancólico. Sólo hemos de reseñar un “pero”, un exceso de velocidad en la obra de Falla.
En el segundo disco, Maruri, junto al violonchelista británico Michael Kevin Jones, componentes del dúo Jones & Maruri, encontramos un repertorio prácticamente formado por transcripciones de obras muy conocidas y otras no tanto. Entre las primeras figuran las Siete canciones populares española, las Cuatro canciones españolas de Moreno Torroba o la Danza española nº 5, de Granados. Entre las obras originales, destacamos la del ingles Paul Coes (Evocaciones de España), página muy atractiva, expresamente escrita para el Dúo que aquí la interpreta, la del español Delfín Colomé Pujol (Dells ocells), obra muy curiosa e interesante identificada como “deconstrucción” del célebre y bellísimo Cant dels ocells, y la del japonés Satoshi Tanaka (Nocturno de San Ildefonso).
Sin entrar a comentar cada una de las once obras incluidas, nuestra opinión es que suenan mucho mejor las originales que las transcripciones, a pesar de que la nobleza del timbre del violonchelo resulte muy atractiva en las partituras de carácter melódico.
El disco ha sido cuidado por sus intérpretes, con un violonchelo muy expresivo, muy cálido incluso en el registro agudo, normalmente comprometido. Maruri, en funciones casi de acompañante, ofrece un trabajo interesante y de calidad. Es bueno saber ceder el protagonismo a quien la partitura se lo demanda; la música gana.

