Aniversario

Centenario de la muerte de Pablo Sarasate (1844-1908)

(Por José Prieto Marugán)

Retrato de Pablo Sarasate

Retrato de Pablo Sarasate

El personaje que la historia de la música conoce como Pablo Sarasate, uno de los más grandes violinistas occidentales, virtuoso extraordinario, compositor de relevancia para su instrumento y dinamizador de la vida musical de Pamplona, nació en esa ciudad, el 10 de marzo de 1844 y fue bautizado como Martín Melitón. Era hijo de Miguel Sarasate y de Francisca Javiera Navascués. Su padre, músico militar del que recibió las primeras lecciones, fue trasladado a Valladolid, Santiago de Compostela y La Coruña, donde el niño tuvo como profesor a Blas Álvarez, concertino de la Orquesta del Teatro Principal. En la capital gallega, nuestro biografiado ofrece su primer concierto al que asiste Juana María de Vega, Condesa de Espoz y Mina, que se ofrece a sufragar su educación musical. Poco tiempo después, Martín, se encuentra en Madrid donde recibe enseñanzas y consejos de Manuel Rodríguez, maestro del Teatro Real.

En 1856 el muchacho llama la atención y actúa en el Conservatorio, en el Teatro Real y en Palacio ante Isabel II. Las reacciones de quienes asistieron a estos conciertos tuvieron una rara unanimidad: el muchacho debía ir a París para completar su formación. En julio de 1856 inicia el viaje acompañado por su madre; al llegar a Bayona –donde se reunirán con el violinista y profesor del Conservatorio parisino Delfin Alard (1815-1888)- Francisca Javiera muere de cólera. No hace falta describir la situación de Martín, con doce años, solo, en un país extranjero. Sin duda esta experiencia marcará su carácter futuro.

La ayuda surge del Cónsul español, un pamplonés llamado Ignacio García y Echevarría, que le llevó a París y le gestiono una beca de la Diputación de Navarra que se sumaba a la ayuda de la Condesa de Espoz y Mina y de la Reina Isabel II. Sarasate, acogido en su casa por Lassabathie, administrador del Conservatorio, ingresó en el centro educativo parisino donde consiguió el codiciado Primer Premio y donde tuvo que imponerse en más de una ocasión ante sus compañeros que, aprovechando su baja estatura y su aparente debilidad física, trataban de burlarse de él.

En esta época actúa – en los veranos- en Madrid y Aranjuez y es distinguido por Isabel II con la Cruz de Carlos III, para lo que fue necesario reformar el reglamento del galardón que exigía que el distinguido tuviera más de veinte años.

El gran virtuoso

El violinista profesional nace en 1861, a los 17 años, al mismo tiempo que Pablo, es decir, en este año el pamplonés elige este nombre, más atractivo que el propio, como nombre artístico. Su idea es clara: recorrer el mundo dando conciertos. Y así lo hizo llevando su arte a todos los países europeos, Rusia y las dos Américas. Sarasate llegó a ofrecer hasta un centenar de conciertos por año, cifra extraordinaria si tenemos en cuenta las dificultades para viajar en la época. En 1877 conoce, por casualidad, al pianista Otto Goldschmidt (1829-1907) que se convirtió en su secretario, administrador y agente. Con el tiempo, Berta Marx, esposa de Otto, sería acompañante pianística habitual de Pablo.

Monumento a Sarasate

Monumento a Pablo Sarasate en Pamplona

Quienes le escucharon definieron sus características con tres palabras: facilidad, capacidad y memoria. Apenas ensayaba, dicen que se enteraba de lo que tenía que tocar –los programas se los gestionaba y preparaba su secretario- el mismo día del concierto. Cierto es que el repertorio era siempre el mismo, pero ese detalle no desmerece sus cualidades. En 1874 un crítico dijo de él: “Sarasate, más que un virtuoso, es un gran artista. Justeza absoluta, mecanismo irreprochable, arco firme, vigoroso y variado, seguridad prodigiosa de ejecución, estilo lleno de grandeza y de expresión, esas son las cualidades cuyo ensamblaje hacen de Sarasate uno de los primeros de este tiempo. Podría deseársele un sonido más poderoso, un poco más vigoroso, pero no se puede pedir más claro, más limpio y más puro”. Con estas cualidades, resulta sorprendente que no se dedicara a la docencia ni que escribiera ningún tratado o manual sobre su forma de tocar el violín.

Se le reprochaba un repertorio muy virtuosístico, pero “fácil” en lo musical, aunque en sus conciertos figuraban páginas de Beethoven, Mendelssohn, Bruchm Laló, Saint-Saens, Schubert, Schumann y otros, además de las suyas propias, naturalmente.

Su prestigio le hizo destinatario de la Sinfonía española, para violín y orquesta, y el Concierto nº 1 para violín y orquesta de Edouard Lalo,la Introducción y rondó caprichoso, de Camille Saint-Saens, el Concierto nº 2 y la Fantasía escocesa, de Max Bruch.

Sarasate poseyó cuatro grandes violines, un Gillaume, un Gaud & Bernardel y dos Stradivarius: el más antiguo, de 1713, llamado “el rojo” por el tono de su barniz, fue entregado al Conservatorio de Madrid, por disposición testamentaria del violinista, de igual manera que el otro Stradivarius, de 1724 lo fue al Conservatorio de París.

El compositor

Algo más de cincuenta composiciones forman el catálogo de Pablo Sarasate, escritas entre 1856 y 1908; todas tienen, como protagonista al violín, un violín romántico, virtuosista, intenso y popular, acompañado por el piano o por la orquesta; todas responden al modelo salonesco francés de la época, en la línea de las páginas escritas por Liszt o Thalberg, entre los pianistas, y Vieuxtemps y Wieniawsky, entre los colegas del navarro.  Quizá a estas característica se deba el rechazo que tuvo Sarasate en sus primeros conciertos en Alemania. Su obra es una síntesis de lo que en otro tiempo fue el intérprete-compositor, figura hoy prácticamente desaparecida; música simple en las formas y desarrollos, pero brillante y espectacular, fascinadora y sugestiva.

Sin duda ninguna, su etapa de niño prodigio debió formar su carácter de manera determinante.

El musicólogo Luis G. Iberni, desaparecido hace pocos meses, en su biografía (de difícil adquisición) distribuye la producción de Sarasate en cuatro apartados: Fantasías de óperas. En este grupo destacan las escritas sobre  La forza del destino, Martha, Don Giovanni, las tres para violín y piano, y Fausto, Der Freischütz , y sobre todo Carmen, para violín con acompañamiento orquestal. Obras basadas en temas españoles, entre las que figuran algunas de las páginas más conocidas de Sarasate, porque él mismo las hizo populares al incluirlas constantemente en sus conciertos. Entre las obras de este grupo, para violín y piano,  podríamos citar: Serenata andaluza, Aires españoles, Capricho vasco, Vito y habanera, Jota aragonesa, Romanza andaluza, Jota navarra, Introducción y fandango, y dos Zortzicos, el de Iparraguire y el titulado Adiós montañas mías. Para su instrumento y orquesta, figuran Muñeira, Navarra, ¡Viva Sevilla!, Jota de Pablo y Jota de Pamplona. A pesar de estos títulos, no se puede decir que Sarasate fuera un músico nacionalista. Un tercer grupo de obras lo forman las Melodías basadas en piezas europeas. Aquí figuran los famosísimos Aires bohemios (también llamados Aires gitanos), Aires escoceses, Melodía rumana, Canciones rusas e Introducción y tarantela. Por último, el grupo de las llamadas Piezas de salón, lo forman, entre otras, Homenaje a Rossini, La caza, Los adioses y, sobre todo, El canto del ruiseñor, página en la que Sarasate se lucía de manera excepcional, extrayendo de su violín curiosos sonidos con los que embobaba a su auditorio.

El hombre

El estudio de Sarasate, como persona debe ser muy interesante. Sin duda ninguna, su etapa de niño prodigio –rodeado de adultos, lisonjas, aplausos, regalos y hasta distinciones- debieron formar su carácter de manera determinante. Dicen de él que era desordenado en sus finanzas y que fue Goldschmidt quien las orientó, quién hizo valer su calidad, y quien luchó  contra los empresarios que únicamente buscaban su propia rentabilidad económica.

Era presumido y muy aseado; calzaba zapatos con tacón por su corta estatura, vestía con elegancia y distinción, hacía gimnasia cada día y cuidaba especialmente de su rizada cabellera; se cuenta que estando en Madrid tuvo una gran preocupación por si no había en la capital peluqueros capaces de arreglar su cabello como lo hacían los parisinos.

Pablo Sarasate quiso ser siempre un virtuoso del violín y lo fue. Lo tenía muy claro, tanto como para decir del Concierto para violín y orquesta de Brahms: “No niego que sea una música muy hermosa, pero ¿imagina alguien que tengo tan mal gusto como para permanecer de pie en la tarima, violín en mano, escuchando al oboe tocar la única melodía del adagio?” Se podrá estar o no de acuerdo con esta opinión, pero evidencia un claro concepto de quién es la figura principal en un concierto para solista y orquesta.

Sin embargo fue siempre muy agradecido, desprendido y caritativo. En Francia dio, a lo largo de su carrera, más de 250 conciertos benéficos y en Pamplona, con su orquesta ofreció, según Fernando Pérez Ollo, autor de una pequeña biografía del músico, 93 conciertos “que en cualquier lugar le hubieran producido, al decir de sus amigos, unas 250.000 pesetas y aquí le costaron más de 25.000 duros”.

Se ha dicho de él que fue un misógino, calificativo quizá excesivo

Nada sabemos de su relación con las mujeres, aunque parece que estuvo enamorado seriamente en una ocasión. Se ha dicho de él que fue un misógino, calificativo quizá excesivo; no parece que odiara a las mujeres, sino que no quería compromisos con ellas que pudieran poner en peligro la independencia que necesitaba para mantener su carrera como concertista. Quién sabe si la traumática experiencia de la muerte de su madre, no creó en él algún tipo de fobia inconsciente a pasar por trance similar con otra mujer.

La Orquesta Santa Cecilia y Pamplona

Hasta los 17 años, Sarasate estuvo alejado de Pamplona por los traslados de su familia y por sus estudios en Madrid y París. Cuando en 1871 decidió hacer carrera internacional, tampoco prestó a su ciudad natal demasiada atención, pero a partir de 1872, a sus treinta y dos años, se volcó en Pamplona con una intensidad espectacular; todos los años acudía a las fiestas sanfermineras y participaba en la vida social y musical de la ciudad. Entre 1878 y 1908 sólo faltó en 1884 a causa de una epidemia de cólera declarada en el norte de España.

Pablo Sarasate-Orquesta Santa Cecilia

Pablo Sarasate y la Orquesta Santa Cecilia

En 1878 nació en la capital navarra la Asociación Musical de Socorros Mutuos Santa Cecilia, que le nombró Presidente Honorario. Al año siguiente se fundó la Orquesta Santa Cecilia, de la que sería impulsor y socio capitalista y que es la formación más antigua de España. El financió las partituras, compró dos grandes pianos, que hizo traer desde París, para servicio de la orquesta, y puso su nombre, su prestigio y sus contactos, al servicio de la formación desde el primer momento. La orquesta tuvo tanto éxito entre los pamplonicas que la llamaban “los cecilios”. Joaquín Maya fue su primer director, después la han dirigido como titulares Javier Bell Portu, Miguel Rosa, Jacques Bodmer, Miquel Ortega y Luis Aguirre. Actualmente rige sus destinos artísticos, desde 1997, Ernest Martínez Izquierdo. En 1995 la Orquesta Santa Cecilia, cambió de nombre pasando a llamarse Orquesta Sarasate y en 1992 cambió a su denominación actual Orquesta Sinfónica de Navarra Pablo Sarasate.

No fue la creación de la orquesta el único detalle de su pasión hacia Pamplona. En su testamento legó todos los objetos que hoy forman el Museo Sarasate, además de 50.000 francos a la Casa de Misericordia y 15.000 a personas necesitadas. París fue distinguido con uno de sus Stradivarius y Madrid con otro además de la dotación de 25.000 francos para la organización de un concurso de violín con su nombre. No cabe duda que Sarasate fue un hombre agradecido.

Pamplona también ha correspondido al cariño de Sarasate. En 1897 cedió el local para albergar el Museo, formado por objetos y documentos entregados por el violinista para este fin; le nombró Hijo Predilecto en 1902, al año siguiente le dedicó un céntrico Paseo y en su cementerio de Berichitos se le dio sepultura unos días después de su muerte, ocurrida en “Villa Navarra”, su casa de Biarritz, el 20 de septiembre de 1908.

Celebraciones

El Centenario del fallecimiento de Pablo Sarasate se celebra en Navarra con numerosas actividades, que constituyen un modelo a seguir para efemérides de este tipo, fundamentalmente por lo que quedará para el futuro. Las distintas administraciones, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona y entidades relacionadas con la música (orquesta, teatros, sociedad filarmónica, conservatorios …) organizan y patrocinan numerosas actividades (conciertos, exposiciones, publicaciones de discos y libros…). La información completa puede consultarse en la siguiente web:

http://www.cfnavarra.es/centenariosarasate/es
Escribir a José Prieto Marugán