Ópera en Barcelona

Tannhäuser de Robert Carsen en el Liceu

(Por Ovidi Cobacho Closa)

Tannhäuser de Robert Carsen en el Liceu
Tannhäuser; Ópera en tres actos de Richard Wagner. Peter Seiffert (Tannhaüser), Petra Maria Schnitzer (Elisabeth), Béatrice Uria-Monzon (Venus), Markus Eiche (Wolfram von Eschenbach), Günter Groissböck (Hermann), Vicente Ombuena (Walther von der Vogelweide), Lauri Vasar (Biterolf); Cor i Orquestra Simfònica del Liceu. Dirección musical: Sebastian Weigle. Dirección escénica: Robert Carsen. Barcelona, Gran Teatre del Liceu, 6-IV–2008.

Con la llegada de la primavera se dio el primer Wagner de la temporada en el Gran Teatre del Liceu. Se trataba de la producción escénica del Tannhäuser, que ya se había podido ver en París previamente, firmada por Robert Carsen. En la memoria de muchos liceístas aún estaba muy viva la deliciosa producción de El sueño de una noche de verano del director canadiense, de la cual, afortunadamente, existe un registro en DVD. Esta vez, su propuesta wagneriana llegaba ya precedida de cierta polémica, puesto que Carsen había optado por concentrar el conflicto pasional de Tannhäuser en el ámbito artístico más que en el amoroso, convirtiéndolo en un exaltado y excéntrico pintor en lugar de un trovador del Medievo. De este modo, a partir de un trabajo escénico minucioso y una profunda carga simbólica, Carsen logra explotar de forma muy sugerente el conflicto del ímpetu creativo con determinado status social establecido; Tannhäuser encarna la excentricidad del genio creador que rompe con los cánones de su contexto. El conflicto entre espiritualidad y lujuria, entre Elisabeth y Venus, adquiere aquí una dimensión artística que explora los paralelismos entre la pasión amorosa y la experiencia estética –unos derroteros estudiados con gran lucidez por Pere Salabert en su brillante ensayo Sphairos. Geografía del amor y la imaginación—.

El admirado trovador de la corte Wartburg, repudiado y proscrito por sus inclinaciones pasionales, se convierte aquí en un joven y apasionado pintor, antes valedor de las virtudes y principios de su comunidad (encarnación de la figura del héroe) y ahora condenado por romper los límites del decoro e ir más allá del marco de lo establecido (encarnación de la figura del genio excéntrico). Una sugerente y profunda lectura del drama romántico wagneriano que, sin traicionar radicalmente su espíritu, adquiere nuevas connotaciones y perspectivas sumamente interesantes. Para ello Carsen se sirvió de una austera escenografía (Paul Steinberg), sustentada en el carácter simbólico de muchos de sus elementos (los grandes lienzos, el pincel, esbozos de dibujos en papel…) y una ágil dirección del movimiento escénico.

Tannhauser

En el aspecto musical, un competente reparto de intérpretes logró bordar la representación. Peter Seiffert fue un Tannhäuser sin fisuras, con un poderoso instrumento vocal y una arrolladora presencia escénica. Extraordinaria también la Elisabeth de Petra Maria Schnitzer, con una voz que conjuga los acentos dramáticos con un exquisito sentido del lirismo, expresado en su aria  “Dich teure Halle” y en la plegaria del tercer acto. La Venus de Béatrice Uria-Monzon sumó a su atractivo físico un timbre sumamente seductor. Entre los Minnesänger, destacó el sólido Wolfram de Markus Eiche, que sustituyó al anunciado Bo Skovhus, así como también el notable Walther de Vicente Ombuena (que contó, en esta versión, con su monólogo en el concurso del segundo acto) y el competente Biterolf de Lauri Vasar. El recio instrumento de Günter Groissböck logró también brillar en el papel del Langrave.

Sebastian Weigle dio muestras, nuevamente, de su extraordinaria labor al frente de la orquesta titular del teatro. Su lectura de la partitura supo sacar a relucir toda la densidad dramática de la obra sin perder un ápice de su fluidez discursiva, logrando un rendimiento más que satisfactorio de una orquesta que, a pesar de todo, aún está alejada de los niveles exigibles a un teatro como el Liceu. El coro, especialmente su sección masculina, hizo merecida justicia a las bellas páginas que Wagner le dedicó en esta obra.

Fotografía: © Antoni Bofill,
Cortesía del Gran Teatre del Liceu de Barcelona
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