Ópera en Valencia

¡Bravo maestro!

(Por Fernando Morales)

Madama Butterfly
Palau de les Arts Reina Sofía. 25 de abril de 2008. Madama Butterfly, ópera en tres actos. Música: Giacomo Puccini. Libreto: Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. Estrenada en Milán, Teatro alla Scala el 17 de febrero de 1904. Cio-Cio-San: Hui He. Pinkerton: Massimiliano Pisapia. Suzuki: Marina Rodríguez Cusí. Sharpless: Vasili Gerello. Goro: Emilio Sánchez. Tio Bonzo: Alfredo Zanazzo. Kate Pinkerton: Sandra Fernández. Producción Teatro alla Scala de Milán. Director Musical: Lorin Maazel. Director de Escena: Keita Asari. Escenógrafo: Ichiro Takada. Vestuario: Hanae Mori. Coreografía: Hidejo Kanzaki. Iluminador: Sumio Yoshii. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Cor de la Generalitat Valenciana. Director del Coro: Francisco Perales.

La cotidianeidad se convierte tarde o temprano en enemiga del arte. Ese miedo me embargó después de dejarme las manos aplaudiendo y la garganta aclamando al maestro Lorin Maazel cuando concluyó su interpretación de esta Madama Butterfly. Pensé que si seguimos gozando de la magia de sus actuaciones de manera habitual llegará un punto en que nuestro umbral de admiración subirá hasta niveles excesivamente altos o lo que es peor, que nuestra sensibilidad se anestesiará hasta no llegar a apreciar la majestuosidad de lo que este hombre es capaz de extraer de las partituras. Que no pase, por favor.

Y eso que cuando se anunció que entre Lorin Maazel y Zubin Mehta llevarían la dirección musical del Palau de les Arts osé plantearme si confiar la dirección de un nuevo teatro a veteranos maestros no resultaría contraproducente… Cura de humildad. Desde luego, si alguna vez ustedes tienen ocasión de sacar entrada para ver alguna producción dirigida por Maazel, elijan la primera fila de platea cerca del podio del director, y no se preocupen si la visión del escenario no es tan buena como unas pocas filas más atrás, el espectáculo lo tendrá delante, él solo se basta para satisfacer las perspectivas que pueda tener cualquiera, cuanto menos, mis perspectivas sí las satisface plenamente.

Comenzó lento, incluso sonó desajustada la orquesta, tuvo roces en el fugato inicial, falto de intensidad y resoplé lamentándome pensando en la oportunidad fallida… pero ¡qué pronto cambió todo!, poco a poco fue ganando color, fuerza, incisividad, imaginación, plasticidad. Hasta la escena del brindis por la “vere nozze a una vera sposa americana” entre Pinkerton y Sharpless fue deslumbrante en embriaguez y ampulosidad, pero ¿no teníamos ya una grabación de Maazel en casa?, ¿no conocíamos cómo hace esta ópera? No, Maazel nunca dice la música dos veces igual, acordémonos de Celibidache, siempre tiene cosas nuevas que contar y las cuenta como nadie, ¡qué envidia, qué poca cosa somos los mediocres!

Los esponsales

Ni que decir tiene que el dúo final del primer acto fue maravilloso, un nocturno de amor en toda regla, en el que sentíamos la pasión de la noche de bodas, en la que notábamos la atracción física que los amantes ansiaban consumar cuanto antes.

El segundo y tercer actos fueron aún mejores, en realidad tienen toda la miga de la ópera porque es cuando la protagonista se convierte en mujer. La soprano Hui He se vio arrastrada por el torrente musical que fluía del foso, y fue entrando en materia hasta acabar pletórica. Su primer acto fue gris, sin duda no entraba en el perfil de una frágil japonesita de 15 años, pero sí se convirtió en esa mujer madre abandonada que va perdiéndolo todo hasta acabar en el supremo sacrificio de dar a su hijo y con él su propia vida. Soprano y foso hicieron saltar chispas en la última escena, ¡cómo lograron poner los pelos de punta con los terroríficos golpes de timbal!

También mejoró ostensiblemente el tenor Massimiliano Pisapia en su miserable aparición del tercer acto. Sin poseer un timbre excesivamente atractivo, mostró una redondez y potencia suficiente para encarnar a este detestable personaje.

Claramente insuficiente el Sharpless de Vasili Gerello, sin fuelle, sin nobleza, sin capacidad de comunicación. Una lástima para aquellos a los que nos encanta este personaje. Mejor el Goro de Emilio Sánchez y suficientes el Zio Bonzo de Alfredo Zanazzo o la Kate Pinkerton de Sandra Fernández.

Capítulo aparte merece Marina Rodríguez Cusí, a la que en Valencia ya hemos visto en el papel de Suzuki en anteriores y sensacionales ocasiones. Se trata de un personaje al que le encuentra el punto exacto, lo hace creíble desde su primera intervención hasta cuando desesperada habla con Kate Pinkerton al final de la obra. Y encima tiene una voz perfecta para el papel, ¿se puede pedir más?

El Cor de la Generalitat Valenciana sigue siendo garantía de profesionalidad y acierto, gracias a la mano experta de Francisco Perales. El coro a bocca chiusa lo hicieron maravillosamente, pero es que con Lorin Maazel poniendo música no hay quien lo pueda hacer mal.

La producción era la de La Scala de principios de los ochenta y la dirección escénica de Keita Asari. La escenografía corría a cargo de Ichiro Takada, quien construyó un jardín zen en el que se desarrollaba toda la acción. Una monada. La vigencia de esta ya legendaria producción scaligera sigue en pie, convenció por su elegancia, efectividad y respeto.

Lo siento, pero es que el protagonismo y las flores se las ha de llevar Lorin Maazel, así que sintiendo la reiteración, quiero decir: “¡Bravo maestro!”.

Fotografías © 2008 by Tato Baeza
Escribir a Fernando Morales