Ópera en Madrid
La magia de Fidelio, todavía un imperativo moral
(Por Alicia Perris)
Fidelio: ópera en dos actos, Op.72. Ludwig van Beethoven (1770-1827). Libreto de Josef Sonnleithner, Stephan von Breuning y Georg Friedrich Treischke, basado en el argumento francés de Jean-Nicolas Bouilly, Léonore, ou L´amour conjugal. Director Musical: Claudio Abbado / Elvind Gullberg Jensen, Arnold Schonberg Chor y Coro de la Comunidad de Madrid. Mahler Chamber Orchestra. Florestan: Clifton Forbis (en sustitución del anunciado Jonas Kaufmann). Leonore: Anja Kampe, Rocco: Giorgio Surjan, Marzelline: Julia Kleiter, Jaquino: Jörg Schneider, Don Pizarro: Albert Dohmen, Don Fernando: Diógenes Randes, dos prisioneros: Ilker Arcayürek y Levente Páll. 23 de abril a las 20 horas.
La versión de esta noche no contó con la dirección del maestro Claudio Abbado, que dirigió las de los días 19 y 21 de abril, constituyendo uno de los éxitos del Teatro Real de la temporada, sino con la del maestro Jensen. Se trata de una nueva producción del Teatro Real en coproducción con los Teatros de Regio Emilia, el festival Baden-Baden, el teatro Comunale de Módena y el Comunale de Ferrara.
Fidelio, la única ópera de Beethoven, fue estrenada en el Theater an der Wien de Viena el 20 de noviembre de 1805 y posteriormente en versión definitiva, el 23 de mayo de 1814. Su estreno en España tuvo lugar el 8 de noviembre de 1893. El Real presentó junto con esta ópera un Ciclo Beethoven, que se plasmó en un recital del pianista Pollini, el Cuarteto de Tokio y la Mahler Chamber Orchestra.
La acción tiene lugar en una prisión estatal cercana a Sevilla, en el siglo XVII y relata la devoción conyugal personificada en una joven esposa, que no duda en sufrir todo tipo de circunstancias adversas para encontrar el paradero de su amor perdido. La libertad sin embargo, es una vez más, el tema icono del compositor alemán, muy cerca de las inquietudes románticas y libertarias que asomaban ya en el siglo XIX a pesar de los intentos conservadores de Napoleón y posteriormente de la política del Congreso de Viena y del ministro Metternich, árbitro político de Europa. Como explica en una entrevista recogida en el lujoso programa de mano, el Director de Escena, Chris Kraus: “Las ideas de entonces no han muerto, el logro de la libertad, el reconocimiento de los derechos civiles son temas que también y -sobre todo hoy- siguen siendo de gran actualidad. Lo que ha cambiado profundamente es la esperanza de un mundo mejor. Una esperanza que nunca muere, pero que, con el pasar de los años, ha ido reduciéndose…”.
Las voces han mantenido una performance adecuada y la puesta en escena, oscura y gris se adaptó en principio al argumento de la obra: la nostalgia de la libertad perdida y anhelada, aunque es un consuelo el final feliz, escaso y poco frecuente en el atribulado universo de la ópera. La dicción en alemán roza la perfección (¡se entiende lo que dicen los cantantes!). Los coros estuvieron más que a la altura y la dirección en esta ocasión supo alcanzar las cotas del maestro Abbado pero no su magia ni su gloria.
Un programa de mano de pago cuenta, como es habitual, con una ficha artística, el argumento, el libreto, dos artículos, uno de Paolo Petazzi, "La esperanza suprema", y el otro del Doctor Arnoldo Liberman, psicoanalista, crítico musical y vocal del Patronato de la Fundación Teatro Real, "Fidelio o los rituales de la libertad", un apartado de testimonios, una entrevista al Director de Escena Chris Kraus, “En Fidelio es la música la que crea a los personajes”, cronologías, una selección discográfica, la siempre bella presentación "Para los más jóvenes" de Fernando Palacios y las biografías e información de los intérpretes.
La puesta teatral fue criticada por algunos presentes ilustres del público, aunque la fuerza y la pujanza de esta partitura está precisamente en el compositor y en el desafío vocal que supone una obra reformulada muchas veces y angustiosamente vivida por Beethoven.
A pesar de que los psicoanalistas, cuando han indagado en el proceloso mundo de las historias que cuentan las óperas, en ocasiones han sido denostados y criticados, dan una visión por momentos luminosa y una explicación sugerente de las motivaciones e inquietudes de los creadores de belleza. Maynard Solomon, un experto en bucear en los recovecos freudianos de la mente humana, escribió: (Beethoven, 1977): “…el descenso a las entrañas de la prisión donde yace Florestan aporta resonancias de nacimiento y renacimiento. ...Podemos decir que Leonore/Fidelio va en busca de sus propios orígenes y la liberación de Florestan no es solo una liberación del padre/marido, sino una repetición purificadora del proceso del nacimiento, una penetración en el misterio definitivo de la creación”.
Beethoven expresó que Fidelio fue para él un vástago doloroso y hasta pródigo cuando dijo: “Este hijo de mi espíritu me ha costado más sufrimiento que todos los demás, por eso es para mí el más querido”. La nostalgia y la permanente vocación por la libertad del hombre fueron las más hondas pero no las únicas vivencias ejemplares que nos regaló el maestro. Un milagro, “zur Freiheit” (hacia la libertad).

