Compositor
John Field
(por Joaquim Zueras Navarro)
Como cada vez es más difícil encontrar cualquier novedad en las pocas tiendas de discos que quedan en Barcelona, me entrego a un juego peculiar para no regresar a casa de vacío: me sitúo frente a algún sello económico y elijo al azar la música de un compositor que no conozca. En alguna ocasión me he preguntado si tal o cual compositor merecía haber sido rescatado del olvido, pero en otras el juego se convierte en una fuente de hallazgos que genera gran satisfacción, todo un trabajo de investigación posterior en el que amplío los conocimientos sobre la vida y obras del músico escogido de manera tan caprichosa. Fue así como descubrí a John Field. Compré los conciertos para piano y orquesta Nos. 2 y 4, y acabé adquiriendo todo lo que de Field ha editado Naxos.
La vida de John Field (1782-1837) no está exenta de singularidades. Muchos desconocen que fue uno de los pianistas más célebres de la primera mitad del siglo XIX, y que Copin y Lizt se contaban entre sus admiradores más relevantes, a los que de algún modo se les puede considerar herederos de la música que compuso. Cecil Hopkinson, autor del “Bibliographical Thematic Catalogue of the Works of John Field (1961)” declara que la popularidad de Field parece haber sido superior a la de sus contemporáneos, como Clementi, Cramer, Dussek, Hummel y Steibelt, y que ni el mismo Chopin pudo eclipsarle. Nació en Dublín en el seno de una familia modesta. Su abuelo paterno era organista y su padre violinista. Pronto mostró una disposición excepcional para la música por lo que a los nueve años prosiguió sus estudios con el pedagogo italiano Tommaso Giordani, prolífico compositor cuyas enseñanzas tuvieron un cierto efecto en su posterior escritura pianística. Giordani preparó el debut de Field en 1792 en un concierto de Cuaresma, presentándolo como un niño de ocho años, cuando en realidad tenía diez. Un año después se instaló con su padre en Londres, el violinista tocó en la orquesta del Teatro Haymarket y consiguió juntar cien guineas para pagar a su hijo unas clases de piano con el prestigioso Muzio Clementi. Sabemos por la “Autobiographie” del músico Spohr que Clementi obligaba a Field a tocar durante horas y por muy poco dinero en su negocio de fabricación y venta de pianos. De cualquier modo, Haydn, en 1795, anota en su diario que “Field es un jovencito que toca el pianoforte extremadamente bien”, por lo que de las lecciones de Clementi obtuvo algún provecho. En 1802 Clementi viajó a París y a Viena con Field para ampliar sus ventas. Con el mismo fin partieron a continuación hacia Rusia, pero una vez allí Clementi pensó que Field representaba un gasto que podría ahorrárselo y se deshizo de él como pudo. Field pasó hambre y frío, hasta que en 1803 logró establecerse en San Petersburgo, dando conciertos en Mittau, Riga y Moscú. La aristocracia le admiraba como compositor y ejecutante y él se entregó a un estilo de vida exuberante hasta la extravagancia. Keith Anderson escribe: “En Rusia Field se granjeó una reputación como pianista por sus aptitudes extraordinarias y fue muy aplaudido por su empleo poético del teclado –una especial delicadeza para los matices, en marcado contraste con la nueva moda popular del virtuosismo técnico-, la manera de obtener un bellísimo cantable del instrumento y una técnica que se ajustaba al estilo de Hummel, el antiguo discípulo de Mozart, en lugar del estilo más ostentoso de los intérpretes más jóvenes”. Pese a sus éxitos, Field se refugió en la bebida quizás a causa de sus fantasmas interiores, como el resentimiento hacia Clementi, una vida sentimental errática, etc. Esto supuso un gran quebranto para su salud y en 1931 buscó ayuda médica en Londres, aunque aún pudo realizar una gira por Inglaterra, Francia e Italia. En Nápoles pasó nueve meses en un hospital hasta que la princesa Rakhmanova se ofreció para trasladarlo a Rusia. Allí experimentó cierta mejoría y entabló amistad con Czerni. En Moscú dio sus últimos conciertos. Falleció en 1837.
Isabelle Battioni ha escrito: “Llena de encanto, sensibilidad y una ornamentación expresiva y original, la música de Field encuentra en el romanticismo su prolongación directa... su gusto por una atmósfera poética, por la rêverie melancólica, halla su expresión –entre clásica y romántica, añado yo- un género distinto del repertorio corriente de la época”. Sus Conciertos para piano y orquesta poseen un gran atractivo y recuerdan a los de Mozart; tal vez los motivos no tengan el poder de seducción de los mozartianos por parecer en una primera audición menos dibujados, pero el resultado es equilibrado, sereno –de una vehemencia levemente beethoveniana en algún fragmento-, ingenioso en la rítmica, sumamente inspirado y en absoluto previsible. En las Sonatas y los Nocturnos Field crea un lenguaje más amplio, basado en una lírica cantabilidad emparejada con el bel canto, utilizando un fraseo casi chopiniano en el que abundan los cromatismos y retardos.
La interpretación de la obra pianística de Field en el sello Naxos corre a cargo del pianista inglés Benjamin Frith, alumno de Fanny Waterman, que ganó entre otros el “Mozart Memorial Prize”, una competición de alto nivel. En estos CD´s sintoniza y recrea a la perfección la obra de Field, con las pautas que caracterizaban la ejecución del compositor dublinés.

