Crítica de discos

El órgano español en el contexto del Motu Proprio

(por Joaquim Zueras Navarro)

La música para órgano en el contexto del Motu Proprio (1903). Obras de Luis Urteaga, Martín Rodriguez, Domingo Mas Serracant, Eduardo Torres, José María Beobide, Jesús Guridi. Juan de la Rubia, órgano. SEdeM, Cd-16.
La música para órgano en el contexto del Motu Proprio

El día de Santa Cecilia de 1903, Pío X promulgó el Motu Proprio “Inter sollicitudines” con el fin de regular la música sagrada y condensar las principales prescripciones de la Iglesia contra los abusos más comunes. No era infrecuente, incluso en iglesias de Roma, escuchar oberturas de Rossini como conclusión a la celebración litúrgica, arias operísticas o imitaciones de las mismas durante la comunión, fugas interminables con la palabra amén, el órgano interpretado de forma mundana, con ritmos de polca, imitaciones de tormentas, de pajaritos... En suma, banalidad y distracción. Como reacción ante ese estado de cosas, el documento fomenta la utilización del canto gregoriano y de la polifonía palestriniana, y exhorta a que las nuevas obras para el canto tengan aquella línea de severidad y recogimiento que ya intuyó Vicente Goicoechea (1854-1916) en sus motetes.

El siglo XIX fue aciago para la Iglesia española. Los franceses requisaron templos cuando no los incendiaron, obras de arte, archivos... impusieron delirantes tributos eclesiásticos, se redujeron los conventos a un tercio, Mendizábal decretó la desamortización de los bienes eclesiásticos con el resultado de la desaparición de muchas capillas musicales y el abandono de un buen número de músicos profesionales, mientras que algunos clérigos, con mejor intención que acierto, empobrecieron el nivel de calidad y ejecución de la música con vulgares composiciones, tratando el órgano como si fuera un piano, remedando el estilo galante y teatral. No obstante, en esa España empobrecida y con un nivel cultural deficiente, los principios del Motu Proprio se acogieron de buen grado, y, en un afán por establecer pautas comunes de trabajo, se celebraron congresos de música sacra en 1907, 1908, 1912 y 1928. En lo que al órgano se refiere el documento papal es algo indefinido, regula su funcionalidad en la línea de gravedad antes citada y poco más. Es interesante leer las actas de esos congresos nacionales para saber cuáles eran las preocupaciones al respecto: se critican los abusos en la improvisación, se subrayan los registros de órgano más idóneos frente a otros poco adecuados al uso litúrgico, se anima a encargar nuevos órganos más que restaurar los de estética barroca, se potencia la enseñanza de la música religiosa, la formación de organistas para el culto y la necesidad de publicar una revista que ofrezca modelos de escritura para órgano y armonio. Las composiciones españolas organísticas de la generación del Motu Proprio son de estilo tardorromántico, a menudo con elementos impresionistas y reminiscencias wagnerianas, a veces con obras inspiradas en los modos gregorianos cuando no recreando un tema del canto llano. Cada autor adopta en ellas un lenguaje personal, son ricas en inventiva, y aunque fueron orilladas sobre todo a partir de los años sesenta, hoy se las valora y forman parte de algunos programas de concierto.

En 1899 Luis José Urteaga Iturrioz (Ordizia 1882-San Sebastián 1961) se desplaza a San Sebastián para estudiar armonía y composición con el catalán José Rodoreda. En 1900 solicita ser discípulo de Martín Rodriguez Seminario, que le introduce en el contrapunto. En 1903, con 23 años, gana la oposición para la organistía de Berastegi (Gipúzcoa). En 1905, es nombrado organista, director de coro y de la Banda Municipal de Zumaia. En 1919 Ildefonso Lizarriturri Aizpitarte, organista de la parroquia de San Vicente en San Sebastián, presenta su renuncia por motivos de salud y Urteaga es elegido como sucesor. Es el período en el que despliega todas sus dotes musicales, tanto como organista como compositor y profesor de la Academia municipal de Música. Periódicamente imparte cursos en la Escuela Superior de Música Sagrada de Madrid. Muchos alumnos recibieron clases particulares en su casa, incluso daba lecciones por correspondencia. Gozó de una sorprendente facilidad para la armonización de cualquier tema y destacó siempre como intérprete e improvisador. El Allegro Maestoso en mi menor es una obra de cierta envergadura. A un tema épico le sigue otro en estilo fugado, que concluye con un final brillante y rotundo. La obra, no exenta de dificultades, nos muestra a un compositor con un claro dominio de los diversos recursos sonoros del órgano. La Misa sexta para órgano o armonio sobre melodías gregorianas (Entrada, Ofertorio, Elevación, Comunión fúnebre y Final), dedicada a la memoria de Goicoechea, fue publicada en 1922 en la Revista Música Sacro-Hispana. De lenguaje avanzado, armoniza los temas gregorianos yuxtaponiendo tonalidades alejadas, superpone acordes de diferentes tonalidades, empleo de quintas paralelas, etc.

Martín Rodríguez Seminario (Pamplona 1871-Valmaseda 1961) cursa sus primeros estudios musicales en la Academia Municipal de Pamplona. Dotado de una notable intuición y facilidad, prolonga los conocimientos de contrapunto, fuga, composición, instrumentación y órgano de manera autodidacta. En 1894 es nombrado organista en Beasain (Guipúzcoa) y en 1904 de Valmaseda (Vizcaya), permaneciendo allí hasta su fallecimiento. Autor del Gran Miserere para coro y orquesta, escribió unas 30 composiciones para órgano en las que podemos notar la influencia del órgano sinfónico francés. La Melodía Angélica está concebida sobre la Marcha de San Ignacio, una bella cantinela para el registro de trompeta armónica, que deambula entre los arabescos de la flauta y del salicional. En la Pastoral–Scherzo el registro de oboe, expone un íntimo cántico de acción de gracias. De más extensas proporciones, la Glosa sobre el Himno “Veni Creator Spiritus” sumerge al oyente en una meditación en crescendo hasta alcanzar un final paroxístico; magistal en su imaginativo tratamiento.

Domingo Mas Serracant (Barcelona 1866-1944) hoy apenas recordado, fue una de las figuras relevantes del panorama musical barcelonés de principios del siglo XX. Estudió con Felipe Pedrell y Enrique Morera. Amigo y colaborador de Granados, profesor de diversas academias de prestigio en Barcelona, miembro honorario de la Asociación Wagneriana, organista de San Agustín y maestro de capilla y organista de San Pedro de las Puellas, fundador y director de la Revista Parroquial de Música Sagrada y de España Sacro Musical, fue un firme defensor de los ideales del Motu Proprio. Prolífico compositor de obras vocales y para órgano, tradicional en su concepción armónica, el Ofertorio de Navidad está incluido en la antología Órgano Sacro Hispano, un conjunto de piezas recopiladas por Tomás L. Pujadas, editada en 1946. Su aroma es la de un delicado villancico catalán con cierto regusto mendelssohniano.

Eduardo Torres (Albaida 1872-Sevilla 1934) se formó como infantillo en la Catedral de Valencia, instruyéndose con Salvador Giner. En el seminario de Valencia, donde cursó los estudios eclesiásticos, se familiarizó con el órgano allí instalado por la casa Merklin en 1865. Maestro de capilla de la catedral de Tortosa desde 1905, en 1912 ocupa el mismo cargo en la catedral de Sevilla, disfrutando del imponente órgano sinfónico inaugurado en 1903, de la firma Aquilino Amezua. Allí residió Torres hasta su muerte. Poseedor de una inspiración y sensibilidad inconfundibles, supo presentar en su repertorio numerosas imágenes sugerentes y atractivas, siempre a través de breves trazos, que en su lenguaje se desarrollan en una atmósfera suavemente impresionista, combinando a la perfección la vena melódica con un denso ropaje armónico. No escribió composiciones extensas sujetas a amplios desarrollos. Su creación organística se centró más en la elaboración de pequeñas y cuidadas obras, como la procesional Entrada, el Gradual en el que recrea la frase Surrexit Christus spens mea de la secuencia Victimae Paschali laudes, así como en el Ofertorio utilizando el Laetentur Coeli La Elevación y la Comunión son conmovedoras en su sereno misticismo.

José María Beobide (Zumaya 1882-Burgos1967) tras estudiar en Zumaya y Pamplona ingresa en el Conservatorio de Madrid. En 1900, fruto de su relación con los jesuitas, ocupa la plaza de organista y profesor de música en un colegio que la Compañía tenía en Quito. Una vez allí, el gobierno ecuatoriano lo nombra profesor de solfeo y piano del Conservatorio Nacional de Ecuador, cargo que desempeña hasta 1906, renunciando después por motivos de salud y trasladándose a Nueva York, en donde se relaciona con varias editoriales de música. Pero su salud no mejora, por lo que tras rechazar el puesto de organista en la capital de Filadelfia, determina regresar a España para a ocuparse del órgano del colegio salesiano de Baracaldo. Más tarde es nombrado profesor del Real Colegio de Alfonso XII de los padres agustinos del Escorial. Hacia 1914 se establece en Burgos como organista y profesor del colegio de la Merced, regentado por los jesuitas. En 1930 gana las oposiciones a la cátedra de Música de las Escuelas Normales de Magisterio, eligiendo Pamplona. En 1940 es nombrado profesor de lo que en 1957 sería el Conservatorio de Música de Pamplona, impartiendo solfeo, estética, historia de la música, transporte y acompañamiento. También colabora con el Orfeón Pamplonés. La Fantasía en re menor es una de sus obras más ambiciosas. Basada en un tema de corte gregoriano que entra en diálogo con otros motivos, se desenvuelve en un estilo imitativo de elevada sobriedad.

Jesús Guridi (Vitoria 1886-Madrid 1961) se inicia en la música con Valentín Arín en Madrid y estudia violín con Lope Alaña y armonía con Jose Basabe en Bilbao. En 1903 estudia en la Schola Cantorum de París con Vicent d´Indy y dos años después completa su formación en Bruselas, Colonia y Munich. En 1944 es nombrado catedrático del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, que dirigirá doce años más tarde. Victor Pliego de Andrés ha calificado su estilo de “romanticismo tardio de cuño nacionalista, directamente heredado de Wagner... permanece alejado de los vanguardismos que florecieron en la Europa de su tiempo, pero la solidez de su oficio, la inspiración de su pluma y la enorme calidad musical de su obra, le dan voz propia y singular”. Aunque Guridi compuso en una gran variedad de géneros, siempre mostró una especial dedicación al órgano. Las Variaciones sobre un tema vasco, de 1948, se construyen sobre la canción popular “Itxasoan laino dago”. Tras exponerla en 3/4 de manera dulce y algo melancólica, en la primera variación amplía la melodía con un cantabile en 6/8. En la segunda la mano izquierda recuerda la melodía bajo un caprichoso diseño de semicorcheas. La tercera es una interpretación libre del tema sobre una segunda voz sincopada, mientras que la cuarta se transforma en un zortziko y en la quinta cambia el modo, apuntando un contraste dialogado entre ambas manos. Sorprende la sexta por los grupos de fusas que se deslizan hasta rebotar en cada nota melódica, creando una sensación ligera y volátil de mucho efecto. La sétima y la octava, de trabajado contrapunto, conducen a la última variación, un andantino de complejos cromatismos con un radiante allegro conclusivo.

El intérprete de este CD, Juan de la Rubia, nació en la Vall de Uxó en 1982. Se formó en el Conservatorio Superior de Música Joaquín Rodrigo de Valencia en las especialidades de Órgano, Piano y Música de Cámara, consiguiendo cinco Premios Extraordinarios. Posteriormente estudió en la Escuela Superior de Música de Cataluña, siendo alumno de Montserrat Torrent. Ha obtenido el Primer Premio de órgano de la Real Academia de Bellas Artes de Granada (2004) y el premio Primer Palau del Palau de la Música Catalana de Barcelona en el mismo año. En este CD de la Rubia muestra un toque preciso, claro, sereno, a la vez que elegante y expresivo. El órgano utilizado es el de la parroquia de Santiago de los Caballeros (Gran Canaria), un E.F. Walker de 1912 restaurado en el 2004 por Grenzing, muy seductor por su cálido y envolvente sonido.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro