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La aportación de la paleografía musical a la musicología
(Por Beatriz Montes)
Por paleografía musical entendemos el estudio de las escrituras musicales antiguas y, nos referimos, en general, a aquellas anteriores a 1600-1650, momento en el que encontramos prácticamente la escritura musical como estamos acostumbrados a verla. Cuando en vez de hablar de paleografía se utilizan otras denominaciones como “notación musical” el concepto se amplía y se estudian las escrituras musicales a lo largo de toda la historia, desde la Antigüedad hasta nuestros días, incluyendo las grafías contemporáneas y las muchas formas de escribir la música que han surgido a partir del siglo XX. La paleografía o la notación musical guardan relación con la edición musical, pues incluso en las obras escritas entre 1650 y 1950 se plantean numerosas dudas sobre cómo reescribirlas en nuestro sistema actual. Algunas dudas vienen de la existencia de varias fuentes, otras de la dificultad de leer una única fuente, y algunas más de la dificultad de encontrar algo similar en nuestro sistema (por ejemplo, cuando transcribimos los preludios no mesurados de Louis Couperin).
En los programas de musicología de los conservatorios superiores existe, ya en el Plan de 1966, una asignatura con el nombre de “Rítmica y paleografía musical”, que podemos encontrar actualmente como “Rítmica, paleografía y notación”; en los planes de estudios de Historia y Ciencias de la Música de las universidades podemos encontrarla bajo dos denominaciones, bien “Paleografía musical” (dividida o no cronológicamente en dos partes) bien “Historia de la notación musical y técnicas editoriales”. Así como en los conservatorios esta asignatura se imparte en tres años, en las universidades sólo ocupa uno o dos semestres, aunque puedan existir asignaturas optativas que la complementan. Esta diferencia temporal responde a objetivos diferentes: en los conservatorios se busca un conocimiento completo de los diferentes sistemas de notación y una cierta habilidad en la transcripción musical, es decir, en la “traducción” al lenguaje musical estándar. En las universidades se trata sobre todo de plantear las bases de la disciplina, de dar a conocer los sistemas de notación, pudiendo transcribir algunos ejemplos. Los dos sistemas tienen ventajas, pero una persona interesada en conocer a fondo la historia de la escritura musical necesitará completar la formación que se recibe en la universidad. Si además desea especializarse en alguna de las ramas de esta disciplina, tendrá que frecuentar ciertas instituciones dedicadas al estudio de la paleografía histórica y/o musical y del estudio de textos históricos y/o musicales.
En general, la asignatura “paleografía musical” no resulta al principio sencilla, pero intriga y fascina, sobre todo si se tienen estudios de música previos. Con bastante rapidez los estudiantes son capaces de identificar el significado de los signos, incluso de cantarlos. Se hacen las primeras comparaciones con las bases del lenguaje musical que estudiamos al aprender la música y sorprende la multitud de sistemas de notación que han existido a lo largo de la historia y sus variantes. Así que la lección que se aprende en las primeras clases es que la música no siempre ha sido un lenguaje universal. De manera progresiva y bastante natural la vista se acostumbra a los signos del pasado y se relacionan con contextos geográficos. Se graba en la memoria la elegancia de unos, la complejidad de otros. Los alumnos disfrutan y cuestionan rara vez la utilidad de esta asignatura que les aleja, en principio, de Bach, Beethoven y Brahms pero que les acaba haciendo pensar sobre cómo se ha escrito la música a través de la historia.
Al alba de tantos cambios en nuestros planes de estudio, podemos preguntarnos qué aporta esta asignatura al estudio de la musicología, y, sobre todo si puede existir la musicología sin ella.
En primer lugar, la importante producción de estudios sobre musicología histórica que ha visto la luz desde principios del siglo XX, incluyendo la mayoría de los manuales sobre las épocas, los estilos y las formas musicales que utilizan docentes y estudiantes (Hoppin, Bukofzer, Palisca, Plantinga, etc.) fueron posibles porque alguien con anterioridad había transcrito el canto gregoriano, la polifonía, las piezas instrumentales escritas en difíciles tablaturas o habían editado la ilegible escritura de compositores barrocos, clásicos o románticos. No todos los musicólogos profesionales fueron y van directamente a las fuentes musicales y leen cada uno de los manuscritos que citan. Pero todos ellos se apoyaron y se apoyan más o menos en estudios y transcripciones paleográficas anteriores. Si hubieran tenido que verificar y leer en las fuentes, probablemente no habrían podido ofrecernos estos manuales de referencia. Esta reflexión nos lleva directamente a los estadios del siglo XIX en que la paleografía, primero histórica y luego musical, empieza a desarrollarse como ciencia auxiliar de la historia: hay un antes y un después de la aparición de la paleografía musical en los textos sobre historia de la música.
La paleografía musical aporta la posibilidad de reescribir la música del pasado en un sistema que sí es universal y que resulta, en general, más fácil de leer
Su aportación a la interpretación es aún mayor. En primer lugar, la paleografía musical aporta la posibilidad de reescribir la música del pasado en un sistema que sí es universal y que resulta, en general, más fácil de leer. Muchos coros de aficionados, con gran nivel vocal, pero sin conocimientos históricos y mucho menos musicológicos no podrían cantar nada anterior a Bach si la paleografía musical no hubiera dejado un inmenso legado de transcripciones y ediciones. Dentro del circuito de la interpretación profesional, y en especial desde los años setenta y sobre todo ochenta, la mayoría de los grupos de música antigua se han apoyado en las investigaciones paleográficas y han contado, a veces muy directamente, con los consejos de expertos en tal o cual notación. Se han organizado sesiones y seminarios donde no se pretendía convertir a los intérpretes en especialistas de la escritura, pero sí se enseñaba a leer directamente en las notaciones originales.
En definitiva, las interpretaciones, análisis y estudios que tanto han enriquecido la musicología internacional no serían posibles sin los grandes trabajos fundadores de la paleografía, de Solesmes a los del American Institute of Musicology y los de tantos nombres nacionales e internacionales desde finales del siglo XIX hasta nuestros días.
En el momento en que se diseñan nuevos planes universitarios de Historia y Ciencias de la Música, se reconsidera qué hacer con la o las materias relacionadas con la paleografía musical. Para algunos su presencia es indiscutible y no sienten la necesidad de cambiar la denominación. Consideran que quitar la paleografía musical en musicología es como quitar el aprendizaje del lenguaje musical en una carrera instrumental: muy peligroso. Para otros parece que no hay sitio para la paleografía en las nuevas carreras de musicología, que es una materia anticuada y que incluirla parece algo trasnochado. En esta segunda opción hay algunos errores de concepción, errores que tal vez el Ministerio no puede valorar, pero que todo musicólogo debe tener muy presente. Ha habido una evolución considerable en esta disciplina y su estudio no se basa ya puramente en la transcripción, aunque se recomiende y se practique. El especialista en paleografía musical se acerca a la historia de la escritura musical como los especialistas en ciencias del hombre y de la sociedad se acercan a fenómenos como la escritura, la oralidad, la memoria, etc. Es decir, se ha conservado lo mejor del primer siglo de existencia de esta disciplina, y se ha aceptado la influencia en ella de otras disciplinas de corte social y antropológico. ¿Por qué el ser humano escribe la música? ¿Cuándo y para qué lo hace? ¿Por qué utiliza letras, números, círculos o acentos? ¿Por qué los signos gráficos y geométricos son tan útiles al establecer un sistema de notación musical? Éstas son las preguntas que se hace hoy la paleografía musical, éstas son las preguntas que enseña hoy la historia de la notación musical. Con respecto a los períodos históricos, la paleografía muestra constantemente la importancia del contexto histórico, político, social, religioso y muestra cómo desde los objetivos que subyacen en la creación de un imperio (las decisiones de Carlomagno en relación con el canto gregoriano, por ejemplo) hasta la evolución en los instrumentos de escritura (cañas, plumas, pinceles, telas, óleos, tintas, imprenta, Internet…), todo, absolutamente todo, puede condicionar los pasos de la evolución de la escritura musical.
El estudio de la escritura musical es, para los músicos, fuente de sorpresas y de preguntas
La reflexión sobre la escritura en general es de por sí fascinante. El estudio de la escritura musical es, para los músicos, fuente de sorpresas y de preguntas: ¿qué parámetros quiere o puede fijar la notación musical? ¿Cuál se intenta fijar primero, el ritmo o la melodía? ¿Cuál es la historia de nuestro pentagrama, de la forma de nuestras figuras, de la disposición de nuestras partituras de orquesta? La historia de la notación nos responderá a estas y a otras muchas preguntas, y dará sentido a muchos aspectos del lenguaje musical (por qué tantas claves, por ejemplo).
Al final de este camino, también habrá muchas preguntas sin resolución que se sintetizan en torno a una sola: ¿puede la escritura musical reflejar la música, hasta dónde la refleja, qué información nos da, cómo la interpretamos? Ese es uno de los caminos que explora hoy sin tregua esta disciplina: oralidad versus escritura, oralidad y escritura...
Podemos prescindir de enseñar a nuestros alumnos paleografía musical, y también podemos prescindir de enseñarles lenguaje musical, educación auditiva, bases de armonía, contrapunto… Pero, ¿formaremos musicólogos competentes?
La paleografía musical sigue y seguirá aportando datos que pueden echar por tierra o confirmar las teorías con las que hemos construido algunos pasajes de la historia de la música. Borrarla de nuestros planes de estudio impedirá a nuestros alumnos un juicio crítico sobre las fuentes musicales, y les impondremos una forma de censura musical sobre una de las partes más importantes de la civilización y del patrimonio musical de Occidente.

