Ópera en Bilbao

Turandot y la revolución

(Por Otis B. Driftwood)

Turandot: II acto
56 Temporada de Ópera de OLBE-ABAO. Palacio Euskalduna. Bilbao, 13 de Mayo de 2008. Turandot, ópera en tres actos. Música: Giacomo Puccini. Escena final de Franco Alfano. Libreto: Giusepppe Adani y Renato Simoni, basado en la obra teatral homónina de Carlo Gozzi. Estrenada en Milán, Teatro alla Scala, el 25 de abril de 1926. Turandot: Adrienne Dugger. Calaf: Marco Berti. Liú: Latonia Moore. Timur: Deyan Vatchkov. Ping: Marco Moncloa. Pang: Jon Plazaola. Pong: Mikeldi Atxalandabaso. Altoum: José Manuel Montero. Un mandarino: Joung Min Park. Producción Teatre de Liceu. Théatre .Du Capitole de Toulouse. ABAO-OLBE. Director Musical: Antonello Allemandi. Directora de Escena: Nuria Espert. Director de Escena en Bilbao: Marco Berriel. Escenógrafo: Ezio Frigerio. Figurinista: Franca Squarciapino. Iluminador: Vinicio Cheli. Euskadiko Orkestra Sinfonikoa. Coro de ópera de Bilbao. Director del Coro: Boris Dujin

Como último título de la temporada, ABAO-OLBE ha programado esta suntuosa producción de Turandot, realizada por Nuria Espert, y ya presentada en Bilbao en 2002. El montaje desde un punto de vista puramente escénico me parece soberbio gracias a los magníficos (y en ocasiones monumentales) decorados preparados por Ezio Frigerio, magnificamente secundado por el buen trabajo de Franca Squarciapino con el vestuario y Vinicio Cheli con la iluminación. El ambiente exótico que pide la obra se consigue con creces y de forma muy creíble.

El inevitable toque heterodoxo de la producción lo pone el cambio de final ideado por Espert que ha decidido que Turandot prefiera el suicidio a caer en los brazos de Calaf (lo que, dicho sea de paso, libra a Calaf del matrimonio con semejante arpía tramposa, que cuando gana exige que le paguen pero cuando pierde intenta zafarse de entregar el precio convenido. Evitarle vivir con semejante mujer es un detalle por el que Calaf debería estar eternamente agradecido a la Espert.

Dado que ya Alfano añadió su música a la obra de Puccini para completarla, esta obra tiene, más que ninguna otra, "barra libre" para los cambios y añadidos. Además, según parece no es del todo descabellado pensar, que Puccini podría haberse planteado cambiar el final si hubiera tenido tiempo de completar su trabajo e incluso llegó a reflexionar sobre esa posibilidad en alguna carta. Pero el hecho es que el cambio realizado en la producción hace que el pueblo de Pekín reciba con alegría inusitada el suicidio de la princesa, dado el vigor con el que canta:

Amor!

O sole! Vita! Eternità!

Luce del mondo è amore!

Ride e canta nel sole

l'infinita nostra felicità!

Gloria a te! Gloria a te! Gloria!

Lo que me hace sospechar que por ahí debía andar algún antepasado de Chang Kai Chek o Mao Zedong (antes Mao Tse Tung): parece evidente la existencia de comunistas y republicanos infiltrados. De lo contrario resulta difícil explicar tal regocijo ante un suicidio principesco, aunque sea por amor. Inusitadas consecuencias políticas del protagonismo del director de escena.

Y si me dejan, añadiré otro detalle escénico chirriante, este menor. Cuando el principe de Persia entra en escena para su ejecución, el coro canta:

Com'è fermo il suo passo! (Qué firme es su paso!)

mientras es introducido en el escenario…..metido en una especie de jaula para leones, dentro de la que es muy difícil caminar y aún más andar con paso firme.

¿De verdad se leen todo el texto de la ópera los directores de escena?. Aunque tal vez sea que soy demasiado aficionado a las pejigueras. No sé.

En fin, vayamos a la parte musical.

Marco Berti no es un Calaf heroico, de voz poderosa y acentos de bronce, sino uno mucho más lírico, y más "standard", si atendemos al modelo que en el imaginario popular ha creado Pavorotti con su "Nessun dorma", un "superventas" escuchado hasta la saciedad, fundamentalmente para ilustrar imágenes deportivas, desde pruebas ciclistas hasta recibimientos a campeones de cualquier especialidad, desde el fubol al curling, las bochas o el snooker: el "Vincero" final da mucho juego para subrayar estos momentos gloriosos.

Segundo acto

Berti empezó reservón en el primer acto, sin disimular en absoluto unos apoyos de voz exagerados y evidentes. Sin embargo, se entregó completamente en los dos actos restantes y mostró una bella voz, buen gusto musical y excelente técnica. No resultó todo lo imponente que mi particular gusto espera del personaje. Y es que admito que a mi me gusta más el modelo de Calaf que podríamos personificar en Corelli o del Monaco, y que no me llenan del todo las voces tan líricas en este papel, pero está claro que esto es un gusto muy personal y no cabe duda de que Berti es un gran cantante que pienso puede transmitir mucho más en obras más ajustadas a su tipo de voz.

Adrienne Dugger tiene un voz no precisamente bella y en ocasiones incluso decididamente fea. Pero cantó adecuadamente el papel de Turandot, superando bien, gracias al notable volumen de su instrumento, la dificultad que supone tener que afrontar el inicio de su actuación, el nada fácil "In questa reggia", estática en el fondo de un inmenso escenario, Superó sin problemas la notable "cortina" del sonido del foso.

Mi padre me solía decir que es imposible cantar mal el personaje de Liu. Aunque finalmente consiguió comprobar como con esfuerzo y dedicación no hay tarea imposible (y omito dar nombres), es cierto que la parte es un "bombón" para cualquier soprano. La norteamericana Latonia Moore, de voz bella y expresión matizada, cantó de forma delicada, con dulzura y transmitiendo expresivamente toda la ternura que el personaje encierra.

Correcto, aunque no demasiado expresivo Timur de Deyan Vatchkov, un cantante que aún precisa madurar. Y muy bien el trio Marco Moncloa, Jon Plazaola y Mikeldi Atxalandabaso, Sus personajes estuvieron bien cantados y aún mejor representados, especialmente cuando evocan con nostalgia sus lugares queridos. Y, todavía más importante, sabiendo contener la tendencia a la payasada que, por razones que se me escapan, se pueden ver en ocasiones en el trio Ping, Pang y Pong (aunque ahora que lo pienso, sus nombres si que invitan un poco a ser algo gamberro, sí).

Antonello Allemandi ha demostrado numerosas veces en Bilbao lo solvente de su trabajo concertador. En esta ocasión, sin embargo, hubo momentos, especialmente evidentes en el primer acto, en los que reinó un cierto desconcierto, con el coro perdido respecto al foso. Además, el sonido de la Euskadiko Orkestra Sinfonikoa dio sensación de opacidad y de falta de brillo,

Fotografías © 2008 by E. Moreno Esquibel
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