Fundación Scherzo: Ciclo de Grandes Intérpretes
Krystian Zimerman
(Por Antonio José López Domínguez)
XIII Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo. Krystian Zimerman (piano). J. S. Bach: Partita en do menor, BWV 826. L. V. Beethoven: Sonata en do menor op.111; Sonata nº 8, op. 13. K. Szymanowski: Variaciones op.10 sobre una canción polaca. Auditorio Nacional de Música de Madrid. Lunes, 5 de Mayo de 2008, 20:00 h.
Krystian Zimerman (Zabrze, 1956) se ha convertido en una de las figuras de culto del piano, resultado de un prestigio labrado en las últimas décadas. Con su calidad interpretativa y un carácter que a muchos sorprende por su distancia y peculiaridades, desde hace tiempo viaja con su propio piano y cuida personalmente la afinación del mismo.
Después de su participación en tres ediciones (1998, 2001 y 2005) el pianista polaco recaló de nuevo en el Ciclo de Grandes Intérpretes con un programa de enormes exigencias: Bach, Beethoven y Szymanowski.
Se presentó con gesto rápido y decidido, para abrir el programa con un Bach muy personal: desenfadado en los tiempos, con un sonido perfecto y un virtuosismo controlado. En una obra que resume perfectamente el estilo de la mejor música de su época, el contrapunto sonó con una claridad irrefutable.
La Sonata nº 32 en do m, op. 111 de Beethoven tan sólo presenta dos movimientos. En el primer movimiento Zimerman condujo el discurso musical hasta el fugato final con una coherencia de flujo y continuidad casi teatral, para culminar con una soberbia Arietta en la que captó todo su misterio a través de una tímbrica de profundo calado.
Durante el descanso se revisó el piano para afrontar una segunda parte que se inició con cierto pesar: se cambió a última hora el Brahms programado por la Sonata nº 8, op. 13 de Beethoven. Tras un primer movimiento algo pasado de tempo, Zimerman deleitó con una pulsación limpia y un dominio definitivo del instrumento, evidente sobre todo en el segundo movimiento. Una precisión técnica que le permitía atacar tanto con brillante agilidad como con pesada gravedad en los momentos más adecuados, llegando prácticamente a los límites físicos del piano. Su interpretación desprendió vitalidad.
Para finalizar, Krystian Zimerman abordó las Variaciones op 10 de Szymanowski. Una obra muy elaborada con un material sonoro muy maleable, en la que un brillante Zimerman demostró un perfecto conocimiento del lenguaje tan personal del compositor polaco. Condujo todo el entramado musical a través de un pianismo virtuoso, todo un ejercicio de habilidad y control riguroso para llegar a un final apoteósico que se fundió con los aplausos.
Un Zimerman sonriente dedicó un delicioso Brahms para despedir la gala. Quizá una propina un tanto escasa para un público totalmente entregado.

