Ópera en Budapest
Don Carlo: Los peligros y los aciertos de una ópera nacional
(Por Enid Negrete)
Don Carlo de Giuseppe Verdi, libretto basado en la obra de Friedrich Schiller. Director de escena: Mikó András, escenógrafo: Forray Gabor, Director de orquesta: Kovács János. Felipe II: Cserhalmi Ferenc, Don Carlo: Kiss B. Atilla, Reina Elizabeth: Sümegi Eszter, Princesa Eboli: Pánczél Éva, Rodrigo: Fokanov Anatolij, Budapest, 17 de mayo de 2008.
Las casas de ópera de los países del este se han caracterizado por una larga tradición, que al parecer quedó detenida en algún momento de su historia reciente. En todas las estaciones de metro de la línea que lleva a la ópera de Budapest, pudimos ver pequeñas exposiciones relacionadas con la historia de su teatro de ópera, de las producciones realizadas ahí y de sus artistas. Esto aunado a la belleza increíble de este teatro, además de la amabilidad y eficiencia con que fuimos tratados, nos hizo ser conscientes de lo mucho que el pueblo húngaro ama a su teatro de ópera.
En las funciones que anuncia la ópera de Budapest no encontramos ni un solo artista extranjero, en ninguna de las ramas que conforma el espectáculo. Cantantes, directores de escena y orquesta, diseñadores todos originarios de Hungría, conforman lo que podemos denominar una verdadera Ópera Nacional, muy lejos de la idea de internacionalización que normalmente tiene la ópera a nivel mundial, y mucho más lejos de la actitud revolucionaria que tiene la escena de muchos otros países.
Con una orquesta cuyo excelente nivel de ejecución nos hizo notar la injusticia de que a un instrumentista no se le haga agradecer individualmente, cuando tiene solos de tan gran responsabilidad como el que el primer cello ejecuta antes del aria “Ella giammai m'amó” de Felipe II, y que los abordan con una maestría digan de mención. Con una transparencia y una claridad homogénea en el sonido, debo admitir que la principal razón para quedarme en la función durante las 4 y media horas de duración, fue esta orquesta sorprendente y cálida, que nos dejó un recuerdo imborrable de la música de Verdi. No hubo un solo que no sorprendiera por su calidad interpretativa, y en todo momento la tensión dramática de la obra estuvo mucho más clara en el foso de la orquesta que en el escenario.
Lo triste es que la calidad vocal y escénica no tenía el mismo nivel ni estatura. En este sentido fue una lástima, ya que la orquesta prometía unas posibilidades estéticas enormes.
La escenografía era casi la misma para todos los actos. Esto es un acierto para una obra teatral que dura una hora o dos, pero no para una ópera que se extiende más de 4 horas. Creo que conceptualmente adolecía de un problema de irrealidad involuntaria. Además de algunos otros problemas de construcción que fueron especialmente molestos desde mi asiento.
Por su parte la dirección escénica más bien me hizo recordar la escuela de actuación de los últimos años del siglo XIX. Los movimientos del coro sin objetivo dramático ninguno, o los errores de trazo escénico que impedían seguir la trama correctamente.
Del elenco debo resaltar el trabajo de la soprano Sümegi Eszter en el papel de Elizabetta, del bajo Cserhalmi Ferenc en el de Felipe II, y del barítono Fokanov Anatolij en el de Rodrigo. Ambos cantantes fueron lo mejor de un elenco un poco irregular.
Pero si debemos ser justos, el público disfrutó la función mucho más que muchos de los espectadores que con los que he compartido impresiones en otros teatros. Sus aplausos fueron larguísimos y muy entrañables, sin discusiones acaloradas ni quejas, al menos evidentes. Sólo una velada que denotaba un enorme disfrute y alegría. Algo realmente extraño para una casa de ópera de nuestros días. ¿Quizá no siempre la voz es lo más importante en una función de ópera?, ¿quizá no siempre buscamos lo mejor? ¿Importa una merma en la calidad si finalmente la representación cumple con las expectativas del público que la mira? No he podido resolver estas cuestiones, pero debo admitir que el disfrute de esa orquesta valió con creces mi asistencia a uno de los teatros de ópera más bellos del mundo.

