Nuestra Zarzuela

La corte de faraón

(Por José Prieto Marugán)

La corte de faraón. Opereta bíblica en un acto, divida cinco cuadros y en verso. Libro de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios. Música de Vicente Lleó. Estreno: 21 de enero de 1908, en el Teatro Eslava, de Madrid. Acción en el Egipto faraónico

Personajes principales e intérpretes principales:

Raquel, soprano (Soledad Álvarez)

La Reina, tiple cómica (Juanita Manso)

Lota, joven tebana, soprano (Julia Fons)

Las viudas (Enriqueta Blanch, Carmen Andrés y Matilde Salvador)

Casto José, tenor cómico (Antonio González, “Gonzalito”)

General Putifar, tenor (Carlos Allen Perkins)

El Faraón, tenor (Ramón Peña)

Copero real, tenor (Paco Alarcón)

Seti, lugarteniente de Putifar, tenor (Lorenzo Velázquez)

Selhá, lugarteniente de Putifar, tenor (Emilio Stern)

La corte de faraón

Argumento

Cuadro I. Ritorna vincitor. En la gran plaza pública de Menfis, el Faraón, la Reina y el pueblo esperan la entrada del general Putifar que regresa victorioso de la campaña de Siria. El Sumo Sacerdote le presenta a quien ha sido elegida como su futura esposa: Lota, una delicada y virginal doncella de Tebas. Seti y Selhá, sus ayudantes, comentan con picardía que Putifar ha sido herido en una parte de su cuerpo que le impedirá consumar el matrimonio. Terminada la ceremonia pasan por la plaza unos ismaelitas con un hebreo, José, que les ha sido vendido por sus propios hermanos. Seti y y Selhá lo compran para ofrecérselo a Lota como regalo nupcial.

Cuadro II. La capa de José. Conforme es costumbre, tres viudas penetran en el aposento de la desposada para darle ciertos consejos íntimos sobre cómo tratar a su reciente esposo. La joven se las promete muy felices, pero cuando llega la hora de la verdad, Putifar se mantiene a prudente distancia y pasa la noche narrando sus hazañas militares. Al amanecer, el General parte para sus guerras dejando a su esposa al cuidado de José. Lota pretende seducir al joven una y otra vez. Este se niega y consigue escapar del insistente acoso, aunque en su huída pierde su capa. Lota, sintiéndose burlada jura vengarse, manda detenerle y le acusa de intentar deshonrarla.

Cuadro III. De capa caída. En el palacio del Faraón, la Reina y el Copero disfrutan de un espectáculo mientras el Faraón dormita. Aparece Lota pidiendo justicia ante la Reina. La mujer del general cuenta su versión de los hechos, pero la Reina, atraída por el muchacho, no desea castigarlo y pide ayuda al Faraón que se desentiende del caso como puede. La Reina ordena a José que refiera lo ocurrido, "exactamente", es decir, pretende que la abrace como ha dicho Lota que ocurrió en la ocasión que se juzga, ante lo cual Lota se enfurece y termina por recordar a la Reina que José es su esclavo. Las dos mujeres discuten y José huye por una ventana.

Cuadro IV. Los sueños de Faraón. José va a caer a los pies del Faraón que ha tenido un sueño. José se lo interpreta y el Faraón, satisfecho, promete nombrarle Virrey de Egipto.

Cuadro V. ¡El buey Apis! Ante el templo de Apis, José es nombrado Virrey con toda la pompa y el boato que el caso requiere, con Lota y la Reina a cada lado tratando de acariciarle discretamente, mientras todos se inclinan ante el Buey Dios.

Comentario

Se acusa a La corte de faraón de ser una obra subida de tono e irreverente. Por estas razones fue prohibida durante la dictadura franquista y hasta 1976 no estuvo, de nuevo, sobre un escenario español en su versión original. La realidad es que la página creada por Perrín y Palacios, sugiere sin herir, y sólo quien conoce de qué va el asunto, está en condiciones de advertir ese doble sentido que posee. En cualquier caso, "La corte de Faraón", no es ordinaria, ni grosera, ni mucho menos, obscena; sí es picara y con una doble intencionalidad tan innegable como elegante. Por otra parte, lo que comienza como una parodia de Aida, se va convirtiendo en un particular tratamiento de la historia bíblica de José y su interpretación de los sueños del Faraón.

Con esta obra entramos en un tipo de zarzuela que puede asimilarse a la opereta, aunque la página que nos ocupa tenga momentos de corte arrevistado indiscutible. El carácter solemne y brillante con que da comienzo parece augurar un tratamiento de vuelos más altos que los habituales en el género. La Corte es página efectista y brillante, dotada de momentos inspirados que han superado todas las prohibiciones y se han situado en uno de los puestos más relevantes del "ranking" de popularidad del género.

Son de destacar momentos como la fanfarria inicial (“¡Victoria! ¡Victoria!”), el lírico canto de Lota, (“De Tebas soy yo, en Tebas nací”), el melodioso saludo que hace Putifar a su futura esposa (“Salve Lota”), el “Terceto” entre Lota, la Reina y José a ritmo de vals (“Para juzgar y sentenciar”) el vibrante garrotín final (“Ví entre sueños tres mujeres”), o el jocoso dúo de José y Lota (“Yo soy el Casto”).

Y qué decir del Coro de Viudas (“Salud a la doncella”), de un erotismo poco frecuente en la zarzuela, que, sin embargo, no es fácil advertir a la primera y, sobre todo, los famosísimos cuplés babilónicos (“Ay ba! ­Ay ba! ­Ay ba!”), popularísimos desde el primer día. Por cierto, en estos cuplés eran muy frecuentes las morcillas; copiamos una de clara intencionalidad satírica contra Maura:

En Babilonia, los ministerios

entran y salen tan de repente

que quien preside por la mañana

ya por la tarde no es presidente.

De estos trastornos ministeriales

dicen que tiene la culpa sola

un astro errante llamado Maura

que es un cometa de mucha cola.

El éxito de La corte de faraón fue espectacular, se dieron en Eslava 762 representaciones seguidas y en 1911 se dio una función especial en el Teatro Real para que la familia real pudiera contemplar lo que todo Madrid conocía de memoria.

Escribir a José Prieto Marugán