Compositor

Sobre Théodore Dubois

(por Joaquim Zueras Navarro)

Théodore Dubois

Théodore Dubois (1837-1924) nació en Ronsay, cera de Reims. Cursó estudios musicales en el Conservatorio Nacional Superior de Música de París, con los profesores Marmontel, Ambroise Thomas, Bazin y Benoist, obteniendo el primer premio de órgano en 1859 y el Premio Roma en 1861 por su cantata Atala. Fue profesor de armonía del Conservatorio en 1871, de composición en 1891, miembro de la Academia de Bellas Artes desde 1894 y finalmente director del Conservatorio a partir de 1896 hasta su dimisión en 1905, posiblemente a causa del escándalo por su rechazo a que Maurice Ravel fuera candidato al Premio Roma (cierto que Ravel tenía más edad de la que las bases del concurso permitían). Paralelamente a sus funciones como profesor, fue organista de coro de los Invalides de París antes de suceder a César Franck como maestro de capilla en Sainte-Clotilde, pasando Franck a ser organista en esta misma iglesia. En 1868 es nombrado maestro de capilla de la Madeleine y diez años más tarde titular de su órgano, dado que Saint Saens abandonó la plaza, mientras que Fauré ocupó allí el cargo de maestro de capilla. En 1896 Dubois deja la Madeleine para ocuparse en exclusiva de la dirección del Conservatorio.

Pese a su brillante carrera, Théodore Dubois ha dejado una obra tan abundante como apenas conocida: Tres sinfonías, cuatro óperas, conciertos para piano, para violín, misas, motetes, un buen número de piezas para órgano... Pero con seguridad el oratorio Les Sept paroles du Christ (1867) es su obra más difundida y hoy, con tenacidad, puede encontrarse en CD. Cada Viernes Santo se interpretó en la Madeleine hasta 1965. De inspiración elevada, produce un efecto solemne y dramático, dentro de un lenguaje musical estrictamente conservador (Dubois llegó a prohibir a sus alumnos asistir a las representaciones de Pelleás y Melisande). Y quien fuera una autoridad en su tiempo, ha caído en el olvido. Habiendo ocupado un lugar relevante en la cultura musical francesa durante la segunda mitad del siglo XIX, escribió en su diario: “Toute la gent musicale m´oublie peu à peu et j´assiste à ma propre mort de mon vivant”.

Oeuvres pour piano et cordes

Constituye una agradable sorpresa que el sello “Atma” haya publicado dos volúmenes de lo que parece será una integral de sus Oeuvres pour piano et cordes. En el primer CD los dos tríos para piano, violon et violoncelle destacan por su equilibrio formal, su lirismo y su invención melódica, así como el ingenioso Canon y el placentero Promenade Sentimentale. En el segundo disco podemos escuchar un cuarteto y un quinteto con piano muy seductores, a causa de su belleza y de los sustanciosos diálogos entre los instrumentos. Quienes hayan reparado en CD´s con contenidos del tipo “Organ Showpieces from...”, “Organ Fireworks”, “Grand Orgue de la cathédrale ...” habrán observado que a menudo aparece su Toccata (Douze pièces, Nº 3) de 1886. Es de justicia reconocer el mérito de la casa Leduc por haber dado a los músicos de esa época (Gigout, Rousseau, Boëlmann, Bonnet, Dubois...) la ocasión de publicar sus obras en su prestigiosa serie de música religiosa. Por otro lado, en la actualidad, el sello alemán “Prospect”, sigue grabando la integral para órgano de Dubois en el mismo instrumento Cavaillé Coll de la Madeleine; lástima no haber logrado disminuir una reverberación excesiva en los tres primeros volúmenes. Lo cierto es que se agotó el segundo, porque muchos melómanos querían escuchar las once piezas restantes que acompañan a la conocida Toccata, y lo reeditaron. El sello británico “Priory” planea otra integral en el 2007. Veamos ahora qué composiciones conforman las Douze pièces:

1- Prélude, tema fugado a tres voces de severo contrapunto. 2- Offertoire, una cantinela interrogativa con un complejo acompañamiento. 3- La flamante Toccata. 4- Verset de Processión, amable y sereno, luego expuesto con la voix humaine con sorprendente efecto. 5- De nuevo un Offertoire, a la manera de un himno, al que se opone un motivo con el oboe de recitado, más evocativo y sombrío. 6- Verset-Choral, místico y contenido. 7- La Fantaisie, dedicada a Alexandre Guilmant, una pieza ricamente elaborada: un tema épico, en contraste con otro femenino y lírico, con el que se mezcla, concluyendo en una atmósfera de grave recogimiento. 8- La Meditation, un canto amplio y elegante, con un inspirado acompañamiento ondulante. 9- La Marche des Rois Mages, una especie de moderado galop que recuerda los del organista Lefébure-Welly, pero con la particularidad de que desde que empieza la pieza suena permanentemente una nota que simboliza la estrella de Belén y que soporta 25 armonizaciones. 10- Un tercer Offertoire, poético, de delicados trazos. 11- La Cantilele Nuptiale, una Romanza a la moda algo concesiva, destinada a conmover a asistentes. 12- El Grand Choeur, como un final heroico y pomposo, en medio del cual se intercalan algunas frases fugadas y que concluye con una coda modulante y rotunda.

Dubois y Saint-Saëns

Por más fotografías de Dubois que observemos, siempre se nos muestra distinguido, un tanto enérgico pero cordial. Mi preferida es la de Dubois y Saint-Saëns habiendo llegado a la estación de Compiègne el 15 de junio de 1909, a las diez y veinte de la mañana. A Dubois, con 72 años, se le ve marcial, impecable y satisfecho, mientras que Saint-Saëns, tan sólo dos años mayor, lo toma del brazo, algo fatigado y confuso, ligeramente rezagado.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro