Ópera

Sobre el Falstaff de Verdi

(por Joaquim Zueras Navarro)

Falstaff

Una de las cosas que me llamaron la atención del libro “El humor en la música” de Benet Casablancas, es la admiración del autor por el “Falstaff” de Verdi. Entonces no conocía esta ópera. Ahora casi podría decir que no sé en qué me he entretenido durante todos estos años. Es una obra vigorosa de principio a fin, impregnada de un agudo sentido del humor no exento de cierta melancolía. Las melodías fluyen sin cesar, el discurso siempre vivaz, con un papel preponderante de la masa orquestal más complejo que en sus óperas anteriores. Un derroche de jovialidad y vitalidad sorprendente en un compositor de 79 años, que había sufrido la muerte de su mujer y de sus dos hijos y el lejano precedente de que su otra ópera bufa “Un giorno de regno”, pese a su brillantez, no fue aceptada por el público, probablemente a causa de una mala interpretación. Tras el “Requiem” de 1874 Verdi dio por concluida su carrera como compositor, cierto que las “Quattro Pezzi Sacri” –Ave Maria, Stabat Mater, Laudi alla Vergine Maria y Te Deum- publicadas en 1897, son de 1889, 1897, 1890 y 1896 respectivamente. El joven Giulio Ricordi dirigía entonces la editorial del mismo nombre y animaba al compositor a inspirarse en Shakespeare, su dramaturgo predilecto. Así nacieron “Otelo” (1887) y “Falstaff” (1893), con un elaborado libreto de Arrigo Boito. Verdi empezó a esbozar Falstaff temiendo no poder acabar la ópera por lo avanzado de su edad, pero la concluyó en el verano de 1991. Se estrenó en el Teatro Scala de Milán el 9 de febrero de 1983 con un éxito rotundo.

¿Quién es Falstaff? Es un personaje shakesperiano de “Enrique IV” y “Las alegres comadres de Windsor”. Amante de la vida y sus placeres, ocurrente, escéptico, variable en función de las circunstancias, buen conocedor de la naturaleza humana e inasequible al desaliento. Verdi lo describió como un canalla que hace toda clase de disparates, pero de manera divertida. En este juego de engaños, confusiones y volubilidades en el que participan todos los personajes, flota la idea del mundo como un teatro de lo grotesco y de lo absurdo, en cuyo argumento todo es manipulable, aunque en realidad nadie lo controla.

La ación en tres actos se desarrolla en Windsor, durante el reinado de Enrique IV de Lancáster. Las secuelas de la Guerra de los Cien Años han llevado al caballero John Falstaff a esa tranquila población. Vive con sus cómplices Bardolfo y Pistola en las afueras de la ciudad, en la posada “La Jarretera”, pero no tiene dinero y el posadero no le concede más crédito. Para remediar esta situación Sir John maquina un plan. Gracias a las aventuras amorosas con dos hermosas burguesas, Alice Ford y Meg Page, intentará llegar al bolsillo de sus ricos esposos. Para pretenderlas ha escrito dos cartas. Entonces irrumpe el Doctor Cajus para lamentarse de que, la víspera, los dos sirvientes Bardolfo y Pistola, compinches de Fastaff, lo han emborrachado y desvalijado. El paje Robin entrega las dos cartas, pues los sirvientes se han negado a aceptar el encargo por osado y prefieren denunciar a su señor a Mr. Ford, confiando en una generosa recompensa. Meg y Alice, turbadas por las embarazosas cartas, se indignan, no obstante aceptan con curiosidad el extraño desafío y deciden vengarse por su cuenta. Alice decide ocultar el asunto a su celoso esposo. Él planea por su parte ir a ver a Falstaff, sin que lo sepa su mujer, para hacer frente a sus pretensiones. El Doctor Cajus aprovecha la confusión para confirmar su derecho a casarse con Nannetta, la hija de Ford, pero ella no piensa más que en su amado Fenton. Arranca la ópera con una breve introducción orquestal que nos advierte de su ritmo trepidante, si bien no faltan momentos tiernos a la vez que irónicos, como el de “Si Falstaff adelgazase ya no sería el mismo, nadie lo amaría”, “¿Se puede con el honor llenar la barriga?... es sólo una palabra” o la lectura de las cartas recibidas, sostenida por un melancólico corno inglés, escena que se resuelve con un ingenioso stretto de claras reminiscencias rossinianas.

En el segundo acto, que se abre con un simpático saltarello, las comadres de Windsor ponen en práctica su conspiración. Mrs Quickly se encarga de atraer a Sir John a la cita con Alice. También Ford prepara su visita a Falstaff, que para probar la fidelidad de su mujer se hará pasar por un tal Señor Fontana, rogando al caballero que conquiste a Alice, ofreciéndole dinero; es la escena del madrigal. Falstaff accede, informándole de que la cita con Alice ya está concertada. A Ford le invaden los celos, creyendo que su mujer lo engaña. Nannetta aprovecha la excitación reinante para pedirle a su madre que acceda a que no tenga que casarse con el Doctor Cajus. Alice, justo ha podido zafarse del envite amoroso cuando Quickly avisa de que Ford ha irrumpido en la casa con gente armada. En el alboroto que se desencadena, el ritmo se acelera con pasajes de notable virtuosismo vocal y orquestal, mientras recorren las estancias buscando a Falstaff. Las mujeres lo esconden en una cesta de ropa, tirándolo al Támesis; el socarrón trémolo de las trompas a solo da paso al hilarante final. Es en esta segunda parte donde podemos escuchar el aria más breve de la historia de la música: “Cuando fui paje del duque de Norfolk era delgado; tenía un aspecto hermoso, ligero, gentíl, encantador”; veinticuatro compases que expresan su propia ligereza pasada y señalan que Falstaff no se permite mayor expansión nostálgica de sus recuerdos.

...veinticuatro compases que expresan su propia ligereza pasada y señalan que Falstaff no se permite mayor expansión nostálgica de sus recuerdos.

Al principio del tercer acto aparece la jocosa caricarutización del protagonista mediante las difíciles apresuradas semicorcheas de los contrabajos solos en staccato, desembocando en un tutti orquestal que refleja el enfado de Falstaff. A pesar de la compasión que siente Alice por el galanteador ridiculizado, debe proseguir con el juego una vez empezado. Lo que le importa es acabar con la terquedad masculina de Ford y asegurar la dicha de los jóvenes Nannetta y Fenton. Quickly trasmite el recado de Alice para verse a medianoche bajo el roble de Herne, el del Cazador Negro, en el bosque de Windsor. Adultos y niños se apresuran disfrazados y armados al bosque. Esta escena fantasiosa en el sombrío lugar, simulando un bosque encantado, con el coro de espíritus, duendes y elfos, es hermosísima en su refinamiento. Mientras Falstaff se encuentra con Alice, se escucha a lo lejos la voz de Meg pidiendo ayuda. Falstaff, creyendo que son hadas, se arroja al suelo para protegerse. Aparece Nannette vestida como Reina de las Hadas, acompañada de niños debidamente ataviados para la ocasión. Intervienen los demás, igualmente disfrazados, y arremeten contra Falstaff. Alice se burlará de su marido, logrando que en medio de la mascarada Nannetta y Fenton queden prometidos. También el Doctor Cajus será engañado... Se reirán unos de otros, para luego reír juntos. En el apoteósico final es Falstaff quien propone un viejo proverbio al que se unen todos en una endiablada y rigurosa fuga, genialmente estructurada: “En este mundo todo es burla, todo es un engaño, todos se ríen de todos; pero quien ríe el último ríe mejor”.

Pasaje de Falstaff
Falstaff de Giuseppe Verdi
Falstaff de Giuseppe Verdi. Falstaff: Gabriel Bacquier, barítono / Ford: Richard Stilwell, barítono / Fenton: Max-René Cosotti, tenor / Dr. Cajus: John Lanigan, tenor / Alice Ford: Karan Artrong, soprano / Nannetta: Jutta-Renate Ihloff, soprano / Meg Page: Sylvia Lindenstrand, mezzo / Mrs. Quickly: Marta Szirmay, contralto / Bardolfo: Peter Maus, tenor / Pistola, Ulrik Cold, bajo. Chor der Deutschen Oper Berlin. Schöneberger Sängerknaben. KonzertvereinigungWiener Staatsopernchor. Chorus Master: NorbertBalatsch. Wiener Philarmoniker. Conductor: Sir Georg Solti. Directed by Götz Friedrich. Versión filmada en los estudios Bufa de Berlín en 1979, copia nueva y sonido remasterizado. Formato DVD con subtítulos en castellano. Año 2005. Deutsche Grammophon 00400 073 4080.

“Falstaff” fue rodada en los estudios BUFA de Berlín en 1979, bajo la dirección de Götz Friedrich. Los cantantes, todos excelentes como podemos comprobar en la ficha técnica, dan muestras de una enorme flexibilidad, adoptando el color preciso entre la amplia gama de estados anímicos que demanda cada momento, en particular el poliédrico barítono Gabriel Bacquier. Magnífica la Orquesta Filarmónica de Viena bajo la magistral batuta de Sir Georg Solti. Desde el año 2005 la película está en formato DVD, subtitulada en español, habiendo empleado una copia nueva y el sonido remasterizado con un resultado sobresaliente.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro