Juan González Guerrero: In memoriam

Pasión por Los gavilanes

(Por Hertha Gallego de Torres)

Ocurrió ya hace muchos años, y siempre les recordaba con mucho cariño. Así que el otro día, cuando me enteré de que había muerto “Juanito” (Juan González Guerrero) sentí una pena muy grande, porque ya es demasiada gente que conocí, y que se ha ido para siempre: Antonio García Palmero, Basilio Gassent….y empecé a pensar otra vez en la época en que yo subía las escaleras de aquel maravilloso edificio de Gran Vía, donde había triunfado el teatro Colisevm, luego transformado en cine, y “Juanito” me saludaba y hasta me echaba un piropo, las veces que me lo encontraba, siempre simpático, olvidado ya de las viejas rencillas que un día habían separado su vida de la de la Fundación Jacinto e Inocencio Guerrero…

En la Fundación dedicada al Maestro Guerrero yo estaba encargada de elaborar una base de datos con todo el material que encontrara allí sobre el compositor. ¡Qué delicia para una novata! Partituras manuscritas, seguramente por copistas a sueldo, con una maravillosa letra; discos de 78 r.p.m. con grabaciones de Conchita Leonardo, de La Argentinita, de Marcos Redondo, de Emilio Sagi-Borda…Rollos de pianola cada uno a cuál más bonito que el anterior. Partituras de fox-trot y valses de la Unión Musical Española y Casa Dotesio con unas portadas que daban ganas de enmarcar todas. ¡Qué sé yo! Yo no trabajaba sobre la nada. Había un pequeño estudio, sin publicar, de Esteban Sanz Vélez, con una lista de obras, indicación de género, coautores, fecha y lugar de estreno y algunos otros datos que me servían de pista. Además estaba el libro de Antonio Fernández-Cid (ay, también le echamos de menos) que nos proporcionaba muchos datos para empezar. Y, por supuesto, lo primero que había que hacer era leerse la encantadora biografía de Josefina Carabias “El Maestro Guerrero fue así” que luego reeditó la Fundación Guerrero con gran acierto.

Con Amparo Gassent compartía risas. Con Antonio García Palmero la relación era de mucho respeto cuando me llamaba a su despacho y yo intentaba enterarme de todo lo que hacía la Fundación. Que entonces era muchísimo, y  no ha parado de crecer. El año pasado cumplió 25 años, y desde su creación ha convocado varios concursos internacionales de interpretación, dedicados a la guitarra, al canto, y al piano, de los que han salido intérpretes tan respetados hoy como José María Gallardo del Rey, Marcos Socías, Elisabete Matos, Leonel Morales, Miguel Ituarte, Javier Perianes o Ananda Sukarlan entre otros. A muchos he tenido luego la oportunidad de conocerles. A todos les admiro. ¡Quién me lo iba a decir!

Además la Fundación era y es famosa –pero entonces yo no me daba tanta cuenta-  por su Premio de Música, una referencia en el mundo artístico. Ha premiado a Joaquín Rodrigo, a Xavier Montsalvatge, a Manuel Castillo, a Victoria de los Angeles, a Carmelo Bernaola… y todo ello, sin dejar de promocionar a quien ha sido su “excusa”, el jovial Guerrero, cuyas partituras ganan con el tiempo y la escucha, porque son divertidas, tienen garra, y poseen corazón:

“¡Mi aldea

cómo el alma se recrea

al volverte a contemplar”

No, de verdad, no es pasión de gavilanes (la de Juan por la bella doncella que no le corresponde) , es “pasión por Los gavilanes…”.

Para celebrar los 25 años de la Fundación Guerrero se han realizado diez encargos  a otros tantos compositores españoles con el fin de que compusieran una obra pianística, basada en temas de Jacinto Guerrero. El concierto se celebrará próximamente y es una cita que no me perderé. Echaré mucho de menos a “Juanito”.

Escribir a Hertha Gallego de Torres