Crítica de discos
Membran en el Romanticismo
(Por Carlos de Matesanz)
Wagner: Obras orquestales. Varias orquestas y directores. Membran 231562 (2 CD).
Wagner: Obras pianísticas. Martin Galling (piano). Membran 231563 (2 CD).
Liszt: Sinfonía Fausto. Coro y Orquesta de la Südwestfunk Baden-Baden. Dir: Jascha Horenstein. Membran 231565 (1 CD).
Liszt: Obras para piano y orquesta. Louis Lortie (piano), Orquesta de la Residencia de La Haya. Dir: George Pehlivanian. Brilliant 93700 (3 CD).
Rebuscando en los fondos del singular sello Vox, Membran rescata añejas grabaciones wagnerianas efectuadas en Alemania en los años 50 y 60, con las que elabora un par de álbumes interesantes. Especialmente, el dedicado a la poco conocida y poco grabada música para piano del genial Richard, que no deja de ser un satélite dentro de su obra, pero que, por este precio, podemos permitirnos incorporar a nuestra discoteca. No es una integral, pero casi; faltarían un par de Polonesas y alguna otra miniatura: son tres Sonatas de regular inspiración, una Fantasía de amplio formato y gran intensidad, tres hojas de álbum y una serie de intrascendentes y simpáticos valses. La interpretación del alemán Martin Galling (Halle, 1935) es técnicamente solvente, más clásica que romántica y muy expresiva en la Fantasía.
Menos interés tiene el doble compacto dedicado a obras orquestales, con escasa duración (41 y 54 minutos) e interpretaciones muy germánicas pero ya rancias y pasadas, con orquestas de segunda regional: Oberturas de “Las hadas” y “La prohibición de amar” por la Sinfónica de Hamburgo y Alois Springer, fragmentos de “El anillo de los Nibelungos” por la Orquesta Estatal de Württemberg y Jonel Perlea y el “Idilio de Sigfrido” por la Sinfónica de Bamberg y el pesadísimo Heinrich Hollreiser. Mejor partido le saca a esta última orquesta Hans Swarowsky –maestro de maestros, pero director discreto– en la Obertura de “Tannhäuser”, aunque todavía lejos de la que es la única grabación realmente importante de este álbum: una intensa Obertura “Fausto” a cargo de la Orquesta de la SWF y el inconmensurable Jascha Horenstein.
Este enorme director ucraniano, de quien tan pocos registros en estudio se conservan, es el auténtico protagonista del registro de 1957 de la mayor obra sinfónica del suegro de Wagner que se reseña a continuación: una Sinfonía Fausto de Franz Liszt que cuenta con una SWF Rundfunkorchester que intenta desesperadamente estar a la altura de las exigencias de la batuta, sin conseguirlo en demasiadas oportunidades. La cuerda un poco pobre y unos metales ásperos dan un aspecto algo chillón a los momentos más exaltados, y la toma sonora, que es de 1957, tampoco ayuda demasiado; por eso, lo que mejor queda es el dulce segundo movimiento, el titulado “Gretchen”. En el breve coro final, intervienen el probo tenor Ferdinand Koch –de voz corta pero de bello timbre– y el coro de hombres de la Süddeutschen Rundfunks, un tanto romo. Sin olvidar que la interpretación de referencia de esta obra sigue estando en el haber de Leonard Bernstein (D.G. y Sony), seguido de cerca por Georg Solti (Decca), no hay que perder de vista el fuego y la intensidad tan característicos de Horenstein que, de contar con una Filarmónica de Viena o de Berlín, probablemente los hubiera superado a todos.
Más Liszt, aunque ahora proveniente de Brilliant, para terminar. Ya en su día, este sello holandés sacó una caja de cuatro discos con la obra para piano y orquesta del compositor húngaro. Pues bien, ahora, en sólo tres, reúne exactamente las mismas obras de aquél álbum más la versión para piano y orquesta del Concierto Patético para dos pianos: la integral más completa que uno se pueda imaginar, sólo por esto ya sería muy recomendable. Los discos 1 y 3 incluyen, además del Concierto Patético, las orquestaciones de la Polonesa Brillante de Weber y la Wanderer-Fantasie de Schubert, Malediction, De Profundis (una página rara de gran duración) y las Fantasías sobre “Las Ruinas de Atenas” de Beethove , sobre el “Lelio” de Berlioz y sobre Canciones populares Húngaras; todo ello, con una interpretación algo ruda, pero vistosa y entonada, del pianista canadiense Louis Lortie y la Orquesta de la Residencia de La Haya dirigida por el libanés George Pehlivanian, bien conocido en nuestro país. El disco 2 proviene de aquella caja de cuatro originaria, y contiene los Conciertos nº 1 y 2 y Totentanz a cargo de Nelson Freire y la Filarmónica de Dresde dirigida por Michel Plasson –buenas interpretaciones, pero lejos de lo excepcional– y el llamado Concierto nº 3 (descubierto en Weimar hace un par de décadas y reconstruido por Jay Rosenblatt), una rareza que tocan Stephen Meyer y la Sinfónica de Londres dirigida por Tamás Vásáry.

