En el centenario de su nacimiento
Olivier Messiaen: equilibrio musical entre lo divino y lo humano
(Por Paula Coronas Valle)
En el camino hacia la música vanguardista y dodecafónica, surge un nuevo grupo denominado “Joven Francia”, cuyo objetivo era romper con la estética impresionista y con el Grupo de “Los Seis”, bautizado por Collet como “Los Seis franceses” e integrado por Darius Milhaud, Arthur Honegger, Germaine Tailleferre, Francis Poulenc, Georges Auric, y Louis Durey. El célebre compositor y organista Olivier Messiaen lidera el primer Grupo al que pertenecen también Ives Baudrier, Daniel Lesur y André Jolivet.
Olivier Eugéne Prosper Charles Messiaen nace el 10 de diciembre de 1908 en Avignon, en el seno de una familia acomodada, de elevado nivel cultural. Su padre, Pierre Messiaen, profesor de inglés, que tradujo las obras de William Shakespeare al francés, y su madre, la poetisa Cécile Sauvage, habían contraído matrimonio en septiembre de 1907. Pierre obtiene una plaza de profesor en la Escuela de Secundaria de Anbert en 1909. Poco tiempo después, es movilizado como soldado durante la I Guerra Mundial (1914-1918), período en el que su esposa Cécile, con sus dos hijos –Olivier y Alain- se traslada a vivir a Grenoble, donde el pequeño Olivier comienza a componer y a manifestar sus dotes creadoras. Es autodidacta durante sus primeros años de aprendizaje pianístico. A partir de 1918, en que su padre regresa de la guerra, la familia se instala en Nantes, donde el joven Messiaen recibe lecciones de piano bajo la dirección del músico Jehan de Gibon.
Pero la formación musical del compositor se completa con rigor hacia 1919, en París, en cuyo Conservatorio ingresa con 11 años. Entre la brillante nómina de profesores, recibe el magisterio de Georges Falkenberg (piano), Bagres (timpani y percusión), Paul Dukas (composición y orquestación) y Marcel Dupré (órgano e improvisación). Obtiene las más altas calificaciones así como premios y galardones destacados, que le convierten en un discípulo aventajado. Durante esta fructífera etapa de formación, aparece su primera composición, titulada “Ocho préludes”, para piano, partitura en la que se manifiesta su interés por el uso de los modos de transposición y por los ritmos exóticos.
Su primer contacto con el órgano tiene lugar en 1927, cuando el músico francés accede a un curso impartido por Dupré. En poco tiempo, Messiaen se hace con el dominio del instrumento, llegando a sustituir regularmente al organista de la Iglesia de Santísima Trinidad (Saint Trinité) de París, Charles Quef (1873-1931), que se encontraba muy enfermo. A su muerte, Olivier es nombrado organista, puesto que ocuparía durante más de sesenta años, convirtiéndose en uno de los compositores más notables en la contribución al repertorio organístico de todos los tiempos.
En 1932 ve la luz una de sus composiciones más destacadas: Quatre méditations symphoniques”(Cuatro meditaciones sinfónicas), escritas para gran orquesta e integrada por cuatro poemas sinfónicos. En este mismo año contrae matrimonio con la violinista y compositora Claire Delbos –apodada cariñosamente “Mi”, por el compositor-, de cuya unión nace en 1937 su hijo Pascal. Son años felices para el maestro, en que nacen dos páginas violinísticas de referencia: Théme et variations, (1932), para violín y piano, y Poémes pour Mi, (1936), orquestada posteriormente por el propio compositor. Pero por desgracia, esta felicidad se ve truncada cuando Claire comienza a perder la memoria como consecuencia de una grave enfermedad mental que padece, la cual le postergará desde 1950 en un centro psiquiátrico hasta el final de sus días en 1959.
La docencia ocupa parte de su actividad durante los años 1934 al 39, en que ejerce como profesor en la École Normale de Musique y en la Schola Cantorum de París. Durante esta etapa crece considerablemente su producción, en la que predomina una fuerte inspiración religiosa. Así constatamos La Banquet Céleste, (1926-28) para órgano; La Nativité du Seigneur, (1935); y Les corps glorieux (1937).
Al comienzo de la II Guerra Mundial, Messiaen es llamado a filas como auxiliar médico más que combatiente, debido a su pobre visión. En 1940 es capturado en Verdún y trasladado a Görlitz, donde permanece encarcelado como prisionero. En el campo de concentración conoce a otros músicos, también prisioneros, para los que comienza a escribir un trío, al que finalmente incorpora la parte de piano, dando origen a su famoso Cuarteto para el Fin de los Tiempos, estrenado en dicho campo de concentración, en enero de 1941. En tal ocasión, el compositor tocó en un maltrecho piano vertical para el único público asistente: prisioneros y guardias. Tras ser liberado en marzo de 1941, es nombrado profesor del Conservatorio de París hasta su jubilación en 1978. Entre sus mejores alumnos encontramos nombres tan ilustres como los siguientes: Pierre Boulez, Ivonne Loriod, Karlheinz Stockhausen, Tristan Murail, George Benjamín y Iannis Kenaxis.
Entre sus mejores alumnos encontramos nombres tan ilustres como los siguientes: Pierre Boulez, Ivonne Loriod, Karlheinz Stockhausen, Tristan Murail, George Benjamín y Iannis Kenaxis.
Entre sus obras religiosas más interesantes, apreciamos su composición Visions de l’Amen, para dos pianos; su glorioso ciclo pianístico Veinte miradas sobre el niño Jesús; las Tres Pequeñas Liturgias de la Divina presencia, para coro de hombres y orquesta; y las Cinco Canciones, escritaspara coro mixto a capella. Se añaden a la religiosidad patente en su estética, otras páginas dedicadas al amor humano, como son: el ciclo de canciones Harawi y su famosa Sinfonía titulada Turangalila-Symphonie. Se trata de una visión muy personal de concebir una sinfonía, distribuida en diez movimientos, con una longitud y densidad emocional muy acentuadas. Es una verdadera recreación a modo de extensa meditación sobre la alegría del amor humano.
Otra importante fuente de inspiración en el corpus de Messiaen es el canto de los pájaros, por el cual se había sentido siempre muy atraído. Es considerado un gran investigador en relación al sonido de la naturaleza, en general, y a la sonoridad emitida por las aves, en particular. Como ejemplo de ello, citamos algunos títulos: La merle noir (1952), para flauta y piano, inspirada en el canto del mirlo; algunas de sus primeras obras como: La Nativité, Quatuor, Vingt regards, Réveil des oiseaux (1953), la colección de trece piezas para piano titulada Catalogue d’Oiseaux (1958)y La fauvette des jardins (1971).
El maestro francés contrae matrimonio por segunda vez en el año 1961 con la pianista Ivonne Loriod. Juntos realizan numerosos viajes para atender acontecimientos musicales y en la búsqueda y transcripción del canto de los pájaros más exóticos, abordando estudios rigurosos sobre el lenguaje sonoro de estas aves.
Entre el brillante historial de su trayectoria artística señalamos méritos y distinciones de relieve: en 1959 es nombrado Officier de la Legion d’honneur, y en 1966 es designado oficialmente profesor de composición en el Conservatorio de París. Así mismo, destacan su elección para el Instituto de Francia en 1967, el Premio Erasmus en 1971, la concesión de la Medalla de Oro por la Real Sociedad Filarmónica en 1975 y la imposición de la Gran Cruz de Comandante de la Belgian Order or the Crown, en 1980.
Se suceden alumbramientos de grandes páginas, extensas y caracterizadas por su riqueza tímbrica y orquestal, así como por su complejidad estructural y por la originalidad que presentan. Entre ellas cabe destacar La Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo, de casi dos horas de duración. Es un encargo realizado al compositor por la Fundación Gulbenkian de Lisboa. Cuenta con una plantilla orquestal de 109 músicos y siete instrumentos solistas -piano, violoncello, flauta, clarinete, xilorimba, vibráfono y marimba-, y un coro de 100 voces. Consta de 14 movimientos y consiste en una meditación sobre la historia de la Transfiguración de Cristo, organizada en dos partes, cada una de ellas de siete movimientos. Otra partitura singular es De los cañones a las estrellas, una larga obra de hora y media de duración, escrita para piano, trompa, xilorimba, glockenspiel, orquesta y conjunto de percusión. El autor recibe en esta ocasión, el encargo del Lincoln Center, con motivo del bicentenario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Estructurada en tres partes, con un total de doce movimientos, la composición es estrenada el 20 de noviembre de 1974 en Nueva York, con Loriod como pianista y la Música Aeterna Orchestra, dirigida por Frederic Waldam. En agradecimiento por la creación de esta pieza, el Estado de Utach, en 1978, renombrará uno de sus picos montañosos, The While Cliffs, como Mount Messiaen.
En 1971, el maestro es solicitado por Rolf Liberman con el objetivo de crear una obra para la Ópera de París: Saint-François d’ Assise, su obra más ambiciosa, en la que trabajará durante los siguientes ocho años. La elaboración de esta partitura es de gran envergadura. Messiaen escribe su propio libreto (1975-79) y la orquestación, entre los años 1975-1983, en que es finalmente estrenada. El compositor la denomina “spectacle” –espectáculo-, por la variedad, exhibición de ideas y riqueza de material que posee.
En verano de 1978, nuestro protagonista se retira de la actividad docente en el Conservatorio. Diez años más tarde, en 1988, para conmemorar su 80 cumpleaños, se suceden homenajes y tributos musicales en honor del músico octogenario, que asiste a dichos actos. Se publica también con motivo de esta efeméride una colección de 17 Cds que recoge la grabación de su obra en el sello discográfico Erato.
La salud del creador se va deteriorando poco a poco. Aquejado de fuertes dolores, es intervenido quirúrgicamente en repetidas ocasiones en 1992, por lo que no puede ya asistir al estreno de su última página titulada Éclairs sur l’au-delà, realizada por encargo de la New York Philarmonic Orchestra. Se constata la aparición de una obra inconclusa, El concierto para cuatro instrumentos, que Messiaen había iniciado en agradecimiento eterno con cuatro músicos prestigiosos: su mujer, la pianista Ivonne Loriod, el cellista Mtislav Rostropovich, el oboísta Heinz Holliger y la flautista Catherine Cantin. Es finalizado a la muerte del músico, por Ivonne Loriod, contando con la colaboración de George Benjamín en la orquestación del movimiento final.
La música de Messiaen puede ser entendida como un acto de fe.
La música de Messiaen puede ser entendida como un acto de fe. Su profundo catolicismo unido a la investigación realizada en torno al canto de las aves, caracterizan su temática. Su inconfundible estética se nutre de la observación y conocimiento profundos hacia ritmos y giros musicales exóticos. Es un innovador en las vanguardias de la composición. Su catolicismo ha sido calificado de “enormemente sensual”, y otros le han llamado “místico teosófico”. Se le considera verdadero explorador y maestro del análisis musical –publicó varios tratados teóricos-, cuyo objetivo principal cobra sentido desde un fin intelectual, estético y emocional: la creación musical para Messiaen debe resultar interesante, hermosa a través de su escucha, y comunicativa al oyente.
Los desarrollos de la música francesa fueron siempre importantes en su obra. La impronta de Claude Debussy y su uso de la escala entera tonal -denominada por Messiaen Modo I- se refleja en la escritura y en la esencia de su pensamiento sonoro. Sintió siempre una profunda admiración por el colorido en la estética de Strawinsky, Mussorgsky y Villa-Lobos. Entre sus compositores favoritos para teclado se encuentran Rameau, Scarlatti, Chopin, Debussy y Albéniz. El surrealismo deja también huellas en su legado, donde apreciamos determinación del color como una constante en su lenguaje.
Oliver Messiaen, poderoso creador, innovador, si se quiere provocador, pero nunca destructivo. Su arte construye nuevas formas de expresión en el corazón de la vanguardia experimental de una música que permanece ligada al equilibrio entre lo humano y lo divino. Su música acoge intelectualidad, goce estético y permeabilidad emocional: encrucijada de caminos en plena creación musical del siglo XX.

