Ópera en Madrid

L´Orfeo de Monteverdi

(Por Alicia Perris)

L´Orfeo de Monteverdi
L´Orfeo de Claudio Monteverdi (1567-1643). Teatro Real, 26 de mayo de 2008. Libreto de Alessandro Striggio. Director Musical, William Christie. Director de escena, Pier Luigi Pizzi. Coreografía, Georghe Iancu. Orfeo, Dietrich Henschel. Eurídice, Proserpina y La Música, María Grazia Schiavo. Caronte, Luigi De Donato. Plutone, Antonio Abete. Apollo, Agustín Prunell-Friend. Ninfa, Hanna Bayodi-Hirt. Pastores, Xavier Sabata, Cyril Auvity, Juan Sancho, Jonathan Sells y Ludovic Provost. Coro y Orquesta, Les arts florissants, con la participación de Les Sacqueboutiers, en una nueva producción del Teatro Real, en coproducción con el Teatro La Fenice de Venecia.

Como sucedió con Tamerlano y Bajazet, otra vez el Teatro Real ofrece la posibilidad de contrastar dos interpretaciones del mismo caso histórico o de un conocido mito. L´Orfeo de Monteverdi fue estrenada en el Palacio Ducal de Mantua, el 24 de febrero de 1607 y en España el 23 de junio de 1955, en el Jardí dels Tarongers, Casa Bartomeu, de Barcelona. Las bodas de Orfeo y Eurídice no tienen continuidad en el amor y la felicidad, porque los dioses vienen a interrumpir sus anhelos con la llegada de la muerte. Orfeo se erige así en el mortal que desafió los designios del más allá para rescatar a la amada, pero todas sus esperanzas se ven truncadas cuando no acata el trato con los espíritus infernales. Como un simple mortal, está a punto de conseguir sus objetivos, cuando la curiosidad o la inevitable tendencia a la autodestrucción hacen que pierda a su amada para siempre. Bella historia y bien contada y cantada en esta propuesta que Monteverdi comienza con su Favola d´Orfeo en una majestuosa toccata, en la que se lucen trombones, cornetas y timbales. A continuación, un corto pasaje de la cuerda que vuelve a oírse en este prólogo como ritornello, presenta a la Música. La diosa será la encargada de narrar la historia malhadada de Orfeo, el de la lira mágica, el que encantaba a los fantasmas del Hades, pero no supo por su desobediencia, salvar a su amada.

Maria Grazia Schiavo desempeña con holgura sus múltiples roles en una actuación delicada y amable, envuelta, como el resto de la historia en una escenografía y una puesta en escena refrescante y originalísima. Destaca -entre otros pasajes-su “in un fiorito prato”, que Monteverdi pone en boca de la Mensajera.

Orfeo en el Real

Dietrich Henschel tiene una voz agradable y cumple sobradamente el rol del infeliz rapsoda que se desespera por la pérdida de la amada. Es expresivo y comunica. El resto del elenco arropa la partitura en un desempeño acorde con la propuesta del director musical y de escena. En el acto I destacan la “Rosa del ciel” y “Io non dirò qual sia” y en el acto II, “Vi ricorda, o boschi ombrosi”, donde se alternan los ritonerlli instrumentales con sus cristalinas estrofas. En el acto IV Orfeo llega al palacio de Plutón, donde Proserpina intercede a favor de los enamorados. El rapsoda va seduciendo paulatinamente a todos aquellos que se dejan encantar por la dulzura de su voz. Orfeo, una vez recuperado el objeto de su amor, entona el “Qual onor di te fia degno”, pero mira hacia atrás, incumpliendo la consigna de los dioses y pierde a su amada, esta vez para siempre. Euridice solo alcanza a musitar, de vuelta al reino de las sombras, “Ahí vista troppo dolce”.

El acto V se abre melancólico, casi litúrgico. El dolor y la amargura de Orfeo no tienen límites, pero su padre, el dios Apolo, le invita a olvidar su triste suerte y elevarse al cielo para encontrar su lugar junto a los dioses. Los pastores, recuperado el aliento y la alegría, le invitan a gozar de los honores restringidos para los mortales, “Vanne Orfeo felice a pieno”, rubricado momentos después por “La moresca”, una danza festiva que pone fin a la ópera.

El relato de Orfeo desde siempre ha fascinado a los públicos de todos los tiempos. Rainer María Rilke, le dedicó en su día un soneto precioso a Orfeo, que comienza de esta manera:

No grabéis ninguna lápida. Dejad tan solo a la rosa

Florecer cada año en su honor.

Pues éste es Orfeo. Su metamorfosis

En esto y aquello. No debemos esforzarnos

En busca de otros nombres…”.

A pesar del tiempo transcurrido, Claudio Monteverdi sigue gozando de una posición de privilegio en el Parnaso de la música clásica y de la ópera.

En su artículo “Un Mozart del seicento”, que Paolo Fabbri escribió para el programa de mano de lujo del Real, no le faltaron elogios al musicólogo: “Las composiciones poéticas que después de su muerte celebraban la memoria de Monteverdi con una ironía algo ligera, jugaron con la figura de una montaña reverdecida (Monte/verde), cubierta de vegetación, tal como evocaba su nombre. Sin embargo resulta cierto que, más allá de la comparación fácil, el que había llevado este apellido no dejó nunca de producir, a lo largo de una dilatada 'estación', nuevos frutos en abundancia. Por una vez, el rasgo de ingenio alcanzaba plenamente su significado más oculto, para desvelar una verdadera predestinación”.

Fotografías cortesía del Teatro Real © 2008 by Javier del Real
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