Nuestra Zarzuela

El huésped del Sevillano

(Por José Prieto Marugán)

El huésped del Sevillano. Zarzuela en dos actos, el segundo dividido en dos cuadros, en prosa y verso. Libro de Juan Ignacio Luca de Tena y Enrique Reoyo. Música de Jacinto Guerrero. Estreno: 3 de diciembre de 1926, en Teatro Apolo, de Madrid. Acción en Toledo, principios del siglo XVII.

Personajes principales e intérpretes principales:

Raquel, hija de Maese Andrés, soprano (Selica Pérez Carpio)

Constancica, criada del mesón, soprano (Rosario Leonís)

Teresa, una de las lagarteranas, soprano (Paquita Alcaraz)

Ginesa, una de las mozas, soprano (Angelita Durán)

Juan Luis, pintor de la corte, tenor lírico (Delfín Pulido)

Rodrigo, escudero de Juan Luis, tenor cómico (Rafael Lledó)

Don Diego, el conde, barítono (Juan Frontera)

Huésped del mesón (Cervantes), actor (Jesús Navarro)

Maese Andrés Munestein, el espadero, actor (Manuel Cumbreras)

El huésped del Sevillano

Argumento

Acto I. Espadería de Maese Andrés. Juan Luis ha llegado a Toledo en busca de un rostro de mujer que le sirva de modelo para pintar una Inmaculada. Inmediatamente tiene ocasión de ver a la hija del espadero cuando ésta sale de su casa para ir a misa. Impresionado pide permiso a Maese Andrés para pintarla.

De pronto se escuchan ruidos de lucha en la calle y la voz de Raquel -así se llama la hija del espadero- pidiendo auxilio. Juan Luis y el padre de la joven acuden al lugar de la refriega en el que el Conde Don Diego se está batiendo con tres desconocidos; el artista le presta ayuda y los atacantes huyen.

El pintor regresa a la espadería y Raquel le informa de que Don Diego no era, precisamente, su defensor, sino su atacante porque desde hace tiempo la persigue. Mientras, Rodrigo se encuentra en la plaza, presumiendo de su "decisiva" intervención en la escaramuza, Raquel es raptada por el Conde y sus secuaces.

Acto II. En el Mesón del Sevillano. La llegada al mesón de un fraile es la ocasión esperada por Rodrigo para liberar a la secuestrada que allí se encuentra recluida, pero es descubierto. La imperiosa llamada de la justicia a las puertas del mesón interrumpe el seguro castigo del escudero. Rodrigo promete a sus castigadores salvarles de la comprometida situación y los disfraza de monjes. Al entrar los corchetes se encuentran con que los "religiosos", como es natural, se mortifican. El escudero, que se ha investido a sí mismo como prior de tan curiosa comunidad, aprovecha para ir apaleando a los bandidos entre jaculatorias y misereres.

La llegada de Juan Luis descubre toda la trama y los malhechores son detenidos. Raquel y el pintor se miran enamorados y la historia concluye felizmente. Desde la balaustrada de la galería, un personaje ha observado toda la escena. Es el huésped del Sevillano, don Miguel de Cervantes, un escritor que ha confundido a Constancia con una gran señora y que al ser sacado de su error da comienzo a una de sus más apreciadas novelas: La ilustre fregona.

Comentario

En 1926, con títulos en su haber como La alsaciana (1921), La montería (1922), Los gavilanes (1923), La sombra del Pilar (1924) y otras obras, Guerrero pidió a Luca de Tena un libro de ambiente toledano. El escritor y director de ABC veraneada en El Escorial y tenía por vecino a Enrique Reoyo, más experto que él en el tema zarzuelero. A él se dirigió y juntos redactaron un texto ambientado en el Toledo del siglo XVII.

El huésped del Sevillano es una de las zarzuelas más populares del repertorio gracias, sin duda alguna, a lo directo de su contenido y a la sencillez musical con que es presentado, a base de los elementos esenciales del género: romanzas de los protagonistas principales, una interesante pareja cómica, un “malo” que no triunfa y vistosas escenas de conjunto.

Desde el Preludio, se advierte la forma de hacer de Jacinto Guerrero: melodías llenas, armonías a veces académicas y, sobre todo, un gran conocimiento del teatro musical y sus recursos. De entre todos los números musicales que se contienen en esta partitura, hay que destacar el rítmico, varonil y apasionado “Canto a la espada” que todo el mundo conoce y que han cantado todos los tenores hispanos. También, y sobre motivos casi de jota, Raquel llama la atención “Castellana, toledana” tema que volverá a aparecer en el desarrollo dramático. “Moza la toledana”, romanza  llena de candor, da paso al chispeante y simpático pasacalle de “Los lindos y las feas”, un motivo de contraste con el nudo argumental de la obra que vendrá a continuación.

El “Coro de lagarteranas”, de corte popular, abre el segundo acto y sirve de pórtico al dúo cómico “Si tú fueras pastora”, de Rodrigo y Constancica. Tras él parece la romanza de Raquel “La pena me hacer llorar”, uno de los momentos más intenso de la zarzuela. Sigue el “Baile de la chacona” y después la romanza de Juan Luis “Mujer de los ojos negros”, que con su ascendente renacentista pone fin a la obra.

En esta obra aparece la figura de Cervantes, lo que fue objeto de polémica en la época porque había quienes no admitían que la figura del insigne novelista apareciera en un espectáculo “inapropiado” como la zarzuela. La verdad es que la presencia del escritor es circunstancial; es un huésped accidental del Mesón del Sevillano, donde se encuentra secuestrada Raquel, donde será detenido el Conde don Diego y sus secuaces, y donde se celebra una fiesta en la que se danza la chacona. El texto de esta página contiene versos del propio Cervantes, pertenecientes a La ilustre fregona, que según los autores “caben en una cuartilla”. La verdad es que ni por el tamaño de la cita cervantina, ni porque en ella hubiera falta alguna de respeto, había razones para la polémica, pero, antes como ahora, hay gentes para todo.

Cervantes no canta, pero sí recita, sobre un delicado fondo musical, unos versos que parecen haber sido escritos como homenaje a Toledo y a su compositor más famoso:

Mezcla admirable y extraña...

Místicos y aventureros, 

y poetas, y guerreros.

¡Es Castilla... y es España!

 

Al sonar de su campana,

sabe hablar al corazón,

con voces de tradición,

la Catedral toledana.

 

Toledo, solar hispano,

crisol de la raza ibera,

¡dichoso aquél que naciera

español y toledano!

 

¡Oh, Toledo, si yo puedo,

para tu honor y mi gloria,

he de escribir una historia

en un mesón de Toledo!

La historia es, como todo el mundo sabe, La ilustre fregona.

Escribir a José Prieto Marugán