Crítica de DVD
L'Italiana in Algeri
(Por Adolfo del Brezo)
L'Italiana in Algeri, dramma giocoso in due atti con música de Gioacchino Rossini (1792-1868) y libretto de Angelo Anelli. Intérpretes: Christianne Stotijn (Isabella), Maxim Mironov (Lindoro), Marco Vinco (Mustafà), Ruben Drole (Haly), Giorgio Caoduro (Taddeo), Sabina Willeit (Zulma), Elisaveta Martirosyan (Elvira). Coro Arnold Schoenberg (director: Jordi Casals), Mahler Chamber Orchestra, Riccardo Frizza (director). Escenografía de Toni Servillo. Grabado en Aix en Provence en julio de 2006. Subtítulos en francés, inglés, alemán y español. 1 DVD, duración: 135'. Libreto de 20 páginas en francés e inglés. Grabación en alta definición. Sello: Bel Air Classiques, distribuido por Harmonia Mundi.
Estrenada en el Teatro San Benedetto de Venecia el 22 de mayo de 1813, L’Italiana in Algeri es uno de los trabajos cómicos más redondos de Rossini, que ahora se puede disfrutar en este DVD que recoge una producción del Festival d’Aix en Provence, muy acertada tanto en lo musical como en lo escénico.
En líneas generales destaca la excelente labor del Coro Arnold Schönberg y de la Mahler Chamber Orchestra, el primero preparado por el joven director español Jordi Casals (atención, no confundir con el ya consagrado director de coros Jordi Casas), y la segunda bajo la batuta precisa, nerviosa y muy rossiniana de Riccardo Frizza. Ya desde la Obertura, conducida con precisión, nervio y garra, pero sin olvidar la elegancia, y calibrando con adecuada tensión musical los célebres crescendos rossinianos, el oyente percibe que las cosas van a ir muy bien encaminadas en lo musical. La Mahler Chamber Orchestra responde a los requerimientos de su director gracias al alto virtuosismo instrumental de sus miembros, siendo el resultado un Rossini deslumbrante y chispeante, de tiempos en general bastante rápidos, especialmente en los concertantes, que permite además apreciar el brillante sentido del color con el que el maestro de Pésaro orquestaba sus óperas.
También en lo escénico las cosa caminan por la senda del acierto, en una puesta en escena tradicional y afortunadamente respetuosa con una obra que no necesita de las ocurrencias de los directores de escena para transmitir su gracia y comicidad. La escenografía, muy sencilla, presenta un módulo central que tan pronto hace las veces de harén de Mustafá, como se convierte en su palacio o se transforma ingeniosamente en el barco en el que llega Isabella a rescatar a Lindoro y en el que finalmente ambos consiguen huir, gracias a las astucias y el fuerte carácter de esta mujer valiente que sabe plantar cara a un Bey de Argel atónito, que ante ella queda desprovisto de todo su poder. La producción rezuma el necesario sentido del humor y hasta los movimientos del coro están tratados con la adecuada gracia requerida por esta ópera bufa rossiniana.
El elenco, muy equilibrado y de voces en general bastante ligeras, está integrado por un equipo de cantantes jóvenes, entre los que destacan el tenor especializado en papeles rossinianos, surgido del Teatro Helikon de Moscú, Maxim Mironov como Lindoro, y el bajo Marco Vinco como Mustafà, que presenta un registro agudo y una afinación bastante mejor solucionados de lo que suele ser habitual en su cuerda. Es una lástima que ni la figura ni las dotes actorales acompañen a la mezzo Christianne Stotijn, quien por otro lado canta su difícil papel con bastante solvencia, especialmente el aria Pensa alla patria que afronta envuelta en la bandera italiana. Podía pedírsele cantar con más sentido sus recitativos, así como una mayor variedad expresividad en las partes cantabiles de Per lui che adoro, pero nada se echa en falta en su aria Cruda sorte.
Se trata de una producción que merece la pena visualizar dado que no son numerosas las grabaciones en dvd disponibles en el mercado de este título de Rossini. El aficionado operístico disfrutará a buen seguro con esta función que no decae, gracias al ritmo y la vivacidad que imprime desde el podio el director Riccardo Frizza, y a un sólido plantel de cantantes a los que el montaje escénico otorga la necesaria libertad para cumplir con su cometido belcantístico y para actuar con el humor necesario. Entre los momentos musicales a destacar se encuentra la agudísima aria de Lindoro, con una agilidad muy bien resuelta por Maxim Mironov e introducida por un magnífico y chispeante solo de trompa, ejecutado con inhabitual perfección.

