Crítica de discos

Veneno en los acordes

(Por Hertha Gallego de Torres)

Título: Carestini, The story of a castrato. Arias de Porpora, Capelli, Händel, Leo, Hesse, Gluck y Graun. Intérpretes: Philippe Jaroussky (contratenor), Le Concert D'Astrée, Emmanuelle Haïm (directora). Sello: Virgin Classics.
Título: Vivaldi Heroes. Obras de Antonio Vivaldi. Intérprete: Philippe Jaroussky (contratenor), Jean-Christophe Spinosi (director), Ensemble Matheus. Sello: Virgin Classics.
Carestini, The story of a castrato

Voy siempre escuchando la radio en el coche, y eso me da pie a divertirme con las múltiples ocurrencias de los contertulios de las ondas. Hace poco, una cantante pop, preguntada por la fórmula de su éxito, contestó que los músicos tienen el secreto de ciertos acordes que ellos llaman “venenosos”. Se ponía uno o dos de ellos en la canción, y, casi, casi, la ovación estaba garantizada…Podrá parecer una tontería, pero oyendo los discos del contratenor Philippe Jaroussky, me he acordado de aquella entrevista radiofónica, porque a su voz dulcísima, a su timbre casi angelical, ha unido unas partituras que deben tener algo de pócima rara o vago elixir.

El registro de Le Concert d´Astrée, dirigido con buen pulso por Emmanuelle Haïm, recrea la historia del castrato Carestini, uno de los cantantes más famosos de la primera mitad del siglo XVIII, rival del más conocido Farinelli. Las estupendas notas al disco de Frédéric Delaméa nos sitúan en la agitada vida de un intérprete que conoció la gloria y también  el olvido patético, cuando al final de su vida perdió la voz y con ella el favor del público. Llamado “Il Cusanino” por  la protección que le ofreció el cardenal Cusani al principio de su carrera, de Carestini escribieron Charles Burney, y  el Président des Brosses, en sus admirables “Viajes”, Quantz el teórico, y Mancini, uno de los mayores entendidos en voces de su tiempo, quien describió su técnica como “pura, clara y sublime”;  para él compusieron Hasse, Porpora, Capelli, Graun, entre otros muchos, y, por encima de todos, Gluck y Haëndel.

No podremos saber nunca cómo sonaban estas voces de los castrati, ¡Y menos mal!.  Paul Henry Lang ya hace tiempo planteaba el problema así: “Surge la cuestión ¿qué estamos resucitando? Nos enfrentamos a un concepto total e irrevocablemente ajeno a nosotros e imposible de recrear; hasta los mejores cantantes vivos no podrían ni aproximarse a las exigencias que se tenían en tiempos con un castrado y por supuesto, incluso si se pudiera obtener, la calidad de su voz podría no ser aceptable para nosotros. El castrado obtenía su fama no por cantar fielmente lo que estaba en la partitura sino por lo que “no” estaba y si siquiera estaba indicado: las “fioriture”, los trinos, las “roulades”, las cadencias y las largas cadenas de adornos. Nadie podría (y supongo que nadie querría) volver a establecer esa obstaculización exagerada a las bonitas melodías de los compositores”.

En el registro que comentamos, la lectura de Jaroussky, moderna, empática con el oyente, es especialmente emotiva en “Ciel nemico” de “I fratelli riconosciuti”, ópera de Capelli. “Oh, cielo enemigo, astros que guiáis mi triste y traidor destino”… Verdaderamente, venenoso, tan turbador que no deja dormir…

Vivaldi Heroes

Con el Ensemble Matheus y Jean-Christophe Spinosi el contratenor francés ha grabado arias de Vivaldi, las grandes desconocidas del autor de “Las cuatro estaciones”, que muriera un día misteriosamente en Viena. “El furor dil prette rosso” se explaya aquí en toda su intensidad, así como su dulzura, los diversos estados anímicos, el erotismo presente en su vida -y obra-. Muy conmovedora es el aria de Faustino, por ejemplo, que como en el anterior disco se presenta con su libreto en italiano, además de en francés, inglés y alemán (lástima para nuestro idioma) y en la que se da a entender, que si el amante se aleja del objeto de su corazón, suspirará sufriendo a cada instante. Todo ello acompañado de una melodía barroca maravillosa y de una voz acariciadora y envolvente. En fin, que uno comprende que los poderes espirituales hayan prevenido un tanto en contra de estas músicas a lo largo de la historia, porque evidentemente son demasiado sugestivas. Y no va en broma.

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