Crítica de discos
Rodríguez de Ledesma: Oficio y Misa de difuntos
(Por José Prieto Marugán)
Mariano Rodríguez de Ledesma: Oficio y Misa de difuntos. Intérpretes: Ángeles Tey, soprano. Flavio Oliver, contralto. Alejandro Roy, tenor. Iñaki Fresán, bajo. Coro Matritum Cantat. Schola Gregoriana de Madrid. Orquesta Sinfónica de Madrid. Director: Tomas Garrido. Sello–Refer: Aragón LCD Prames 41. 2 CD + Libro. Duración: 40’06” + 45’39. Grabación: Colegiata de San Isidro, Madrid, 5 de marzo de 2996. ISBN: 978-84-96793-53-8.
Cualquier disco con la etiqueta de “primera edición fonográfica”, “primera grabación”, o similar, debe ser acogido por los melómanos con alegría y satisfacción. Quizá el tal disco no interese a todo el mundo, pero significa que esa música puede ser escuchada. Interesará más o menos, pero renace de la partitura para adquirir su verdadera naturaleza: sonar. Si esa grabación está dedicada a la música española, nuestra música, es de un compositor poco o nada conocido y, además, sirve para demostrar que no es cierto eso de que en España no hayamos tenido un “romanticismo” musical, las razones para la alegría y la satisfacción aumentan. Si además, la interpretación está a cargo de primeros solistas, de un conjunto coral y orquestal importante y está dirigida por un reconocido investigador, que además, es el “rescatador” de la obra grabada, el comentario crítico podría darse por concluido. Pero creemos que hay que añadir algo más.
Mariano Rodríguez de Ledesma (Zaragoza, 1779 – Madrid, 1847) fue un músico importantísimo de su época. Se formó en la Capilla de La Seo. En 1804 se le sitúa en Sevilla y al año siguiente en Madrid, como cantante (tenor) y como director. En 1805 dirige en Madrid lo que será el estreno en la capital del Réquiem de Mozart, sólo doce años después de su estreno en Viena. En 1808 huye del régimen napoleónico hacia Sevilla y Cádiz, para terminar embarcándose con destino a Londres, donde estuvo desde 1810 a 1815 gozando de prestigio como maestro de canto y participando como tenor en numerosos conciertos. Regresa a España, tras no pocas dificultades consigue un puesto en la Real Capilla y poco a poco se le reconocen sus méritos. En 1822 vuelve a Inglaterra, es nombrado profesor de canto de la Royal Academy y conoce el movimiento romántico europeo. En 1827 viaja a Bruselas, conoce a Rossini en París y vuelve a España en 1834, donde –ahora sí– será nombrado Maestro de la Real Capilla. Muere a los 66 años dejando un importante catálogo de música religiosa, canciones en español e italiano, música sinfónica y de cámara y alguna obra pedagógica.
El Oficio y Misa de difuntos es el primer gran oratorio romántico español. Fue escrito, en sólo dos meses, para las honras fúnebres de la reina María Isabel de Braganza, segunda esposa de Fernando VII, muerta el 26 de diciembre de 1818 y estrenado en la Iglesia de San Francisco el Grande, de Madrid, los días 1 y 2 de marzo de 1819. También fue ofrecido en la Catedral de San Isidro en las honras fúnebres del Dos de mayo de 1820. En general la obra se inspira en el Réquiem de Mozart.
El Oficio sorprende por la grandiosidad del arranque y resulta, en general brillante, potente y demostrativo de la habilidad de Rodríguez de Ledesma para el empleo de los diferentes recursos; destacan los juegos dinámicos y la unión del canto llano con la orquesta y el coro. Pero es la Misa de difuntos (nombre que se empleaba en España con preferencia al de Réquiem) la más sorprendente, y no sólo por los momentos en que suena a Mozart (Rodríguez de Ledesma admiraba sin reservas al músico austríaco), sino por la imponente escritura musical, demostrada en el “Introito” a cuatro voces de carácter procesional, el alegre y potente “Kyrie” y la brillantez de las trompetas que anuncian el juicio en la “Sequencia “ (el célebre “Dies irae”). En este fragmento hemos visto una cierta “teatralidad”, quizá precursora del carácter del Réquiem verdiano y originada por la experiencia en la ópera del compositor zaragozano. Llaman también la atención la alegría del “Ofertorio”, la devoción del “Sanctus” y del “Benedictus”, la tranquilidad del “Agnus Dei” y la delicadeza inicial, de la “Postcommunio”, planteada con el mínimo acompañamiento instrumental hasta que retorna la violencia sonora inicial, y, para terminar, la súplica en forma de fuga de la “Absolución”. A todo ello hay que añadir dos fragmentos exclusivamente en gregoriano: “Gradual” y “Prefacio”.
Los intérpretes cumplen con solvencia su contenido. Destaca, a nuestro juicio el tenor gijonés Alejandro Roy, de voz vibrante y llena, seguido de la soprano madrileña, Ángeles Tey, aquí de evidente carácter dramático, y el barítono-bajo navarro Inaki Fresán, de conocidas y apreciadas cualidades. Llama la atención, positivamente, la actuación de Flavio Oliver, contralto o sopranista (de ambas formas se le cita en el disco) español nacido en Italia, cuya voz da un color especial a sus intervenciones. Los coros excelente y la orquesta, de primer nivel. La dirección de Tomás Garrido, efectiva y clara, destacando detalles y controlando los niveles dinámicos de sus intérpretes, especialmente del coro.
La edición es muy cuidada, con interesantes y documentadas notas (unas 80 páginas) firmadas por Álvaro Zaldívar y Tomás Garrido, autor de la edición crítica publicada por el ICCMU, ha contado con la colaboración de la Comunidad de Madrid, el Bicentenario de los Sitios de Zaragoza y la Fundación Dos de Mayo Nación y Libertad.
Un detalle importante de esta producción es que parte de su tirada va a ser distribuída en colegios, institutos, bibliotecas e instituciones de enseñanza musical de todo el país, lo cual es, a nuestro entender, un modelo aseguir que agradecemos y por el que felicitamos a quienes lo hacen posible.

