Miguel Bustamante
Conversaciones con Miguel
(Por Hertha Gallego de Torres)
Sucede frecuentemente en el ambiente musical madrileño que nos cruzamos, de tiempo en tiempo, con amigos sencillos, de los que gustan de los conciertos sin alharacas y no están atentos a los últimos “figurones”, sino que igual los puedes ver en preciosos recitales en Boadilla o en un delicadísimo momento pianístico en Tres Cantos, lo mismo disfrutando de “Sierra Musical” que de Frank Peter Zimmermann… Y eso, todas las semanas. Una de estas personas es Miguel Bustamante, siempre acompañado de su infatigable mujer, Mai Mejías, que, la verdad, no sé de dónde saca tiempo… En los entreactos o “intermedios” en que nos encontramos, siempre solemos charlar. Y a pesar de la modestia de Miguel, que jamás cuenta nada de sí, me las he ido ingeniando para entresacarle entre bromas y veras, informaciones variopintas sobre su interesante obra. Porque poco a poco va confeccionando un corpus artesanal y bien hecho, que merece la escucha tranquila. Tal vez influya que Miguel ha sido un estupendo pianista (y tras mis ruegos, me ha proporcionado la grabación de su obra “Diabolus in Musica”) que recibió la influencia del maravilloso y callado Mompou, y quiso especializarse en él. Sólo esto ya nos proporciona un dato. Últimamente voy fascinada por el autor de los “Preludios” y su manera íntima, sosegada y profunda de llegar hasta el alma. Yo escucho “Diabolus in musica”, que también está contagiada por la brevedad del catalán. Percibo un toque irónico.
-A mí me parece, Miguel, que tu obra trata de marchar hacia delante inexorablemente, con la obsesiva repetición de una misma idea que no llega nunca a culminar para ¿divertida? frustración del oyente, que se ve envuelto en una frase cada vez más loca, cada vez más alterada…
-Bueno, en efecto, hay ironía e humor, como tú dices, entre otras cosas – Y Miguel sonríe bondadosamente-. Te contaré algo. En la ciudad boliviana de Oruro, donde nací, hay unos carnavales espectaculares, con una danza, La Diablada, que tiene un vigor y una fuerza enormes. En ella los diablos, portando unas aparatosas caretas de yeso bailan incansablemente para terminar rindiendo sumisión ante la Virgen del Socavón. Toda una mezcla de de paganismo y religiosidad. Siempre quise hacer alguna obra con este motivo y nunca terminaron de satisfacerme los intentos. Hice, sin embargo, el “Diabolus in musica” pensando en otras cosas, como el que fuera una obra de bravura. El caso es que después me di cuenta de que ésta era precisamente la pieza que homenajeaba a la Diablada, aunque sus temas no se parecieran para nada a los originales.
Y tocan el timbre para la segunda parte del concierto. Hoy nos “echan” una obra de Ysaÿe y unos Sarasates. ¡Bien! Otro día le preguntaré por el Cuarteto Scarlattiano. Me interesa, porque hice unas notas sobre obras contemporáneas que recreaban las sonatas de Scarlatti (Carlos Cruz de Castro, Tomás Marco, Zulema de la Cruz, Javier Jacinto y Juan Medina) y él se involucró en otro proyecto muy parecido, en el que sonaron obras de José Luis Turina, Jorge Fernández Guerra, Angel Oliver, y Ernesto Halffter, además de la suya propia.
- El lenguaje no tonal de mis obras choca, otra vez deliberadamente, con el tonal de las de Scarlatti – responde, ante mi insistencia – Un personal minimalismo, algo de collage y un decidido impulso rítmico derivado de la esencia de las sonatas scarlattianas son otras de las características del Cuarteto.
- Yo percibo, Miguel, -la amistad me hace desbarrar y decir lo que se me ocurre en ese momento justo, además estamos en un bar (“esa vaga y tenue sensación de estar / que se siente en las islas y en los bares”)- al comienzo una leve melancolía, un tono crepuscular puntuado por la flauta (aunque sea un Cuarteto, al principio has querido hacer la flauta protagonista ¿no?) para pasar después a un ambiente obsesivo, lancinante en la cuerda, con la repetición del mismo motivo una y otra vez¿has evocado el juego con tintes de filigrana de Scarlatti en la Fuga del Gato?
- Mira, -me responde diplomáticamente- tus comentarios me hacen ratificarme en la idea de que la música es algo realmente único. Mantengo la teoría –y al decir esto, sonríe de forma leve– de que un compositor es a su obra lo que un padre o una madre a su hijo. Cree que lo controla, que sabe cómo respira, a dónde va, a qué aspira, y, sin embargo, no sabe casi nada en realidad. Es decir, yo como compositor creo una obra “virtual” (la partitura) y luego ésta cobra vida propia y es diferente en cada persona que la interpreta e, incluso, en cada persona que la escucha. Te diré –continúa- que en mis escasas obras procuro que lo que hago tenga sentido y me resulte satisfactorio a mí mismo. Si luego, resulta que atrae a los demás en alguna medida, mejor que mejor. Me tiene que satisfacer “intelectualmente” pero también emocionalmente. Me tiene que sonar bien, para lo que no necesito que suene bien realmente, sino en mi cabeza.
Miguel tiene dos hijos muy simpáticos y estudiosos, César y Alejandro. Este último es ya un avezado violinista y como tal ha grabado la obra de su padre “Quasi una cadenza”, en la que se aprecia un bello juego de contrastes, el dejar al oyente siempre con ganas de más…
-Me llama la atención cómo juegas con el lirismo del violín legato y el “orientalismo” de los pizzicatos, para construir una obra que va ganando en intensidad, que “explota” – me atrevo a sugerirle un día, después de felicitarle porque su hijo ha ganado el Concurso de Juventudes Musicales.
- Pues ese “orientalismo” que acertadamente observas, es cierto que me atrae (¡Vaya! hoy he acertado más). Mejor dicho, lo siento como algo inherente a mi sentimiento musical. Debe ser algo ancestral, tal vez en una vida anterior fui chino o coreano. Y en otra un zíngaro con su violín, ja, ja….
- ¿Lo dices en serio? (le digo en broma)
- ¿Sabes que para mi trío de cuerda en su último movimiento, transcribí un día a las cinco de la madrugada el comienzo de una melodía que estaba escuchando en sueños precisamente a un gitano húngaro? ¡Si no me llego a levantar, seguramente nunca me hubiera acordado de cómo sonaba aquello!
Así nos estamos, riendo y hablando. Otro día tengo que hacer la transcripción de mis conversaciones con Mai. También son divertidas. Nos aconsejamos “sudokus” para los alumnos, grabaciones maravillosas de Itzhak Perlman, “La zorrita astuta” en dibujos animados. Y (shhh) también hablamos de lo que está “à la page”. Ya lo decía algún pensador francés: “La moda es todo aquello que pasa de moda”. En fin.

