Fundación Scherzo: Ciclo de Grandes Intérpretes
András Schiff
(Por Antonio José López Domínguez)
XIII Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo. András Schiff (piano). Sonatas nº 22, 23, 24, 25 y 26 de Ludwig van Beethoven. Auditorio Nacional de Música de Madrid. Miércoles, 11 de Junio de 2008, 20:00 h.
El pianista húngaro András Schiff (Budapest, 1953) se presentó el pasado 11 de junio en el Auditorio Nacional dentro del Ciclo de Grandes Intérpretes. Músico sereno y tranquilo, espiritualmente ligado al pasado, propuso un programa a base de Sonatas de Beethoven presentadas cronológicamente: de la nº 22 a la nº 26. Quizá no despertó en el aforo la expectación de otros pianistas del Ciclo, aunque András Schiff ya lleva bastantes años demostrando que es un excelente pianista. Demostró una línea musical clara y concisa al igual que una extraordinaria economía de recursos ante el teclado.
Comenzó el concierto con la atípica Sonata nº 22 en fa mayor, op. 54 donde se mostró extremadamente cuidadoso con las dinámicas y articulaciones, como un miniaturista, demasiado escaso de pedal en un principio aunque poco a poco fue adquiriendo un tono más beethoveniano, destilando gran sensibilidad en los amplios legatos del segundo movimiento.
A continuación abordó la “Appasionata” (Sonata nº 23 en fa menor, op. 57) con toda la carga dramática que demanda. Obtuvo un clima de tensión a través del balance entre los distintos registros y la definición de planos sonoros tanto entre los movimientos como en sus contrastantes partes. Siempre en su tempo justo.
Tras un breve descanso, Schiff acometió la Sonata nº 24 en fa # mayor, op. 78, “A Teresa”. Entendió absolutamente su sentido “cantábile” con un primer movimiento claro de exposición y de ataque preciso. Continuó un segundo movimiento brillante y caprichoso, en el que la atención del artista por los detalles más pequeños hicieron fluir innumerables matices dentro de un marco puramente virtuosístico.
Con la Sonatina nº 25 en sol mayor, op. 79, “Alla tedesca” el pianista húngaro mostró una gran dosis de espontaneidad, haciendo gala de un pianismo incisivo y extrovertido. En la Sonata nº 26 en mi bemol mayor, op. 81ª, “Les adieux”, creó atmósferas de pesadumbre, misterio y júbilo, destacando cada contorno con el color justo, con la inflexión oportuna para alcanzar la plenitud sonora adecuada.
Finalizó el concierto con tres propinas, regalos que el auditorio agradeció expectante.

