Crítica de discos

Villazón en su sazón

(Por Carlos de Matesanz)

AA.VV: “Cielo e mar”, arias de ópera italiana. Rolando Villazón (tenor), Coro y Orquesta Sinfónica de Milán. Dir: Daniele Callegari. Deutsche Grammophon, 447 7224.
Puccini: “La Bohème”. Rolando Villazón (Rodolfo), Anna Netrebko (Mimí), Boaz Daniel (Marcello), Nicole Cabell (Musetta), Vitalij Kowalojow (Colline), Stéphane Degout (Schaunard), Coro y Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera. Dir: Bertrand de Billy. Deutsche Grammophon, 477 6600 (2 CD).
arias de ópera italiana. Rolando Villazón

Las casas discográficas hacen lo que pueden hoy día para promocionar a sus súper estrellas; y, la verdad, es que es bastante poco. El magnífico tenor mejicano Rolando Villazón ha debutado en solitario para su nuevo sello, Deutsche Grammophon, con un excelente disco de arias. Pero cuando el mismo sello, otrora tan poderoso y eficaz, ha intentado colocarlo en un registro operístico completo, ha fracasado: tanto en la anterior “Traviata” como en la presente “Bohème”.

La culpa no es de Villazón, desde luego, que en todo momento está en su salsa, que se encuentra en un momento vocal óptimo que ojalá le dure mucho, y que canta siempre con espontaneidad, entrega y gusto. Tal vez su arsenal técnico no sea apabullante ni su fraseo variado y exquisito (aunque sabe encontrar muy a menudo detalles interesantes), pero la belleza de la voz y la emoción con que canta le aúpan bastante por encima de la media actual. Así lo demuestra en el recital “Cielo e mar”, con páginas de ópera italiana no demasiado frecuentes, que van de Donizetti (“Poliuto”) a Verdi (“Simon Boccanegra” y “Luisa Miller”), pasando por Mercadante (“Il giuramento”), Ponchieli (“La Gioconda” e “Il figliuol prodigo”), Boito (“Mefistofele”), Cilea (“Adriana Lecouvreur”) y dos rarezas que realmente borda: “Fosca” de Antonio Carlos Gomes y “Maristella” de Giuseppe Pietri. El disco, suficientemente acompañado, es realmente una delicia, y Villazón está por completo en su sazón; menos sobrado en páginas grandes (“Luisa Miller” o “La Gioconda”) pero enamorante en el resto.

Boheme-Villazon

También su Rodolfo, aunque no original ni desgarrador, es excelente: conmovedor, tierno, espontáneo, un poco cabeza loca y egoísta, pero todo sensibilidad. Pero, como digo, las producciones operísticas actuales de Deutsche no funcionan. No sabemos si es por estar grabada en vivo, pero en la frigidísima modalidad de “versión de concierto”, o por el empeño de juntar al tenor mejicano con la soprano Anna Netrebko: ambos juntos quedan muy monos en las fotos, pero tienen una manera de cantar tan distinta... Netrebko no es una gran Mimí –aunque podría serlo, pues la voz no es despreciable, aunque el vibrato típicamente ruso es algo notorio y el timbre sea duro con frecuencia– y emociona muy, muy poquito. El resto del reparto tampoco parece nada del otro jueves, pero también podría funcionar (muy bien Boaz Daniel). La orquesta es impresionante –no tanto los coros– y la toma sonora, de lujo. ¿Qué falla entonces? En primerísimo lugar, un director musical lamentable (en España lo conocemos bien, como titular del Liceo que fue) que se limita a que todo esté en su lugar y que no hace absolutamente nada más; ni siquiera procura que la espléndida Sinfónica de la Radio Bávara deje de sonar a Wagner en unos momentos o a Mozart en otros; a veces, ni siquiera consigue mantenerla despierta. En segundo lugar, andar buscando al azar o apañando una representación o concierto para grabar en vivo por el mero hecho de abaratar costes, suele dar, en el muy complicado mundo de la ópera, estos resultados mediocres.