Crítica de discos

El Miserere de Hilarión Eslava

(por Joaquim Zueras Navarro)

Hilarión Eslava: Miserere. Intérpretes: José Bros (tenor), Flavio Oliver (contratenor), Carlos Álvarez (barítono), Solistas de la Escolanía del Escorial, Coro de la Asociación de amigos del teatro de la Maestranza, Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, Luis Izquierdo, director. Sello: Deutsche Grammophon 0028947664604.
El Miserere de Hilarión Eslava

Miguel Hilarión Eslava y Elizondo (1807-1878) nació en Burlada, cerca de Pamplona. Fue el único varón de una familia acomodada que se esforzó para que recibiera una educación esmerada, que él, con su tenacidad y talento, aprovechó al máximo. Pese a la resistencia inicial de sus padres, en 1816 ingresó en el Colegio de Infantillos de la catedral de Pamplona por su voz clara y de extensa tesitura. Allí estudió solfeo, piano, órgano y violín. En 1828 ganó por oposición el cargo de maestro de capilla de la catedral de Burgo de Osma, desempeñando la misma labor en 1832 en la catedral de Sevilla, un año antes de ordenarse sacerdote. De esta época son sus Misereres, sus Misas con pequeña orquesta y órgano, los Villancicos de los bailes de los Séises y un buen número de motetes. Al mismo tiempo confeccionaba lo que sería su famoso “Método de Solfeo”, seguramente el que más ha perdurado en nuestros conservatorios. A causa de la Desamortización de Mendizábal de 1836 el cabildo fue desposeído de sus rentas, con lo que los emolumentos de Eslava se redujeron. Fuera por este motivo o por el hecho de abrigar más amplias ambiciones artísticas, pasó a dedicarse al arte dramático, buscando temáticas acordes a su dignidad sacerdotal, con óperas como “Il Solitario” (1841) y “Le tregue de Ptolemaide” (1842) que fueron my aplaudidas pese a la actitud hostil del cabildo y el recelo de los músicos de la Corte. A la muerte de Rodríguez de Ledesma (1847) obtuvo la plaza de maestro de la Capilla Real de Madrid, con el voto unánime del jurado. En 1854 fue nombrado profesor de composición del conservatorio de Madrid, que dirigió desde 1866 hasta su muerte. Junto a una intensa labor pedagógica, impulsó la musicología con trabajos como “La Lira Sacro-Hispana” (colección de obras religiosas españolas), “Museo orgánico español”, “Escuela completa de armonía y composición”, “Historia de la música religiosa en España” y “Organistas españoles”. Fundó la Sociedad artístico musical y dirigió la Gaceta musical de Madrid. Entre las numerosas distinciones obtenidas se encuentran las de Caballero de la gran cruz de Isabel la Católica y Comendador de Carlos III. Perteneció a la Academia de Bellas Artes de San Fernando y al Consejo de Instrucción Pública.

Respecto al análisis de sus composiciones sacras, conviene ser prudente a la hora de emitir un juicio. Eslava creció rodeado de una música religiosa de marcada influencia belcantista y ese fue en principio el lenguaje que utilizó –como en el famoso Miserere- y por el que alcanzó un notable reconocimiento. Más tarde Eslava aceptó de buen grado las nuevas tendencias cecilianistas, que culminarían con el Motu Proprio de 1903, fue despojándose del acompañamiento orquestal y las voces abandonaron el melodismo operístico a favor de una polifonía austera y recogida, con sublimes ejemplos como los motetes “O Sacrum convivium” y “Bone Pastor” (Guild, GMCD 7243).

Hilarión Eslava

El Miserere de 1835 en do menor, para orquesta, coro y cinco voces solistas, ha sido celebrado por muchas generaciones de sevillanos, fieles a la cita anual de su interpretación durante los oficios de Semana Santa. Pero a partir de la segunda mitad del siglo XIX, en la medida en que la música religiosa renunciaba a todo elemento profano, la composición recibió no pocos dardos envenenados. Felip Pedrell sentenciaba que el tal Miserere era “rematadamente malo” y Nemesio Otaño se refería a él como “esa calamidad musical que desacredita a su autor”. En 1945 el cardenal Pedro Segura prohibió su interpretación dentro del ámbito litúrgico. Podríamos decir que tanto Pedrell como Otaño no hicieron uso de la capacidad de contextualización de la época en que fue escrito el Miserere, años de apogeo de la música de de Donizetti y de Bellini que influía en cualquier papel pautado. Por supuesto no es una composición en la que el creyente sienta la necesidad de arrodillarse y elevar una emotiva plegaria implorando la misericordia divina. Tampoco es una obra magistral: como bien señala Ramón María Serrera en la carpetilla “la partitura se resiente de una cierta ausencia de ensamblaje, cohesión y articulación interna”. Pero hay belleza en su equilibrio clásico e inventiva melódica, y constituye un relevante testimonio de nuestra música sagrada prececilianista. Tanto la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla como el coro de la Asociación de amigos del teatro de la Maestranza dan sobradas pruebas de su buen nivel, los solistas José Bros, Flavio Oliver y Carlos Álvarez resultan impecables y los dos niños triples solistas de la Escolanía del Escorial hacen lo que pueden con más gracia que excelencia.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro