Salzburger Festspiele

La flauta mágica: Exquisitez y fantasía en Salzburgo

(Por Ovidi Cobacho Closa)

La flauta mágica
Die Zauberflöte; Ópera de W. A. Mozart, sobre libreto de Emanuel Schikaneder (y Karl Ludwig Giesecke). Franz-Josef Selig (Sarastro), Michael Schade (Tamino), Albina Shagimuratova (Reina de la Noche), Genia Kühmeier (Pamina), Markus Werba (Papageno), Irena Bespalovaite (Papagena), Dietmar Kerschbaum (Monostatos); Konzertvereinigung Wiener Staatopernchor y Wiener Philharmoniker. Dirección musical: Ricardo Muti. Dirección escénica. Pierre Audi. Escenografía: Karel Appel. Salzburger Festspiele, Grosses Festspielhaus, 22 – VIII – 2008.

Dentro de la envidiable programación del Festival veraniego de Salzburgo, el pasado 22 de agosto se pudo escuchar la reposición de la fantasiosa producción de La flauta mágica mozartiana estrenada en este mismo marco el año de celebraciones del 250 aniversario del nacimiento del compositor local por excelencia (2006). Una producción firmada por el regista Pierre Audi, original de Beirut, y decorados del desaparecido pintor y escultor holandés Karen Appel, de la cual existe un delicioso registro en DVD.

Audi plantea una lectura fresca, dinámica e imaginativa de la obra mozartiana, poniendo el acento en el carácter más fantasioso de la fábula y rehuyendo interpretaciones críptico-masónicas de su argumento. De todo ello resulta una puesta en escena divertida, desenvuelta y desenfadada,con gigantescos elementos de imaginería que evocan monigotes de plastilina, efectos de agua y fuego, elementos voladores, y un radiante sentido plástico y colorista de la escena. Una labor redondeada por el competente y ejemplar elenco de intérpretes solistas.

La flauta mágica: Salzburger Festspiele

El Tamino de Michael Schade demostró poseer, ya desde su primera aria, excelentes dotes de tenor mozartiano, con una línea elegante y un canto generoso y bien matizado, aunque en el aspecto escénico le faltara algo de empuje y chispa dramática. La Pamina de Genia Kühmeier fue un auténtico lujo de la velada, estilísticamente exquisita y de timbre ensoñador, encarnó con suma maestría escénica y canora el rol de la afligida princesa, coronando su interpretación con una antológica “Ach, ich fühl’s, es ist verschwunden”. Franz-Josef Selig fue un Sarastro de nobles acentos y prodigioso registro grave y la joven soprano rusa Albina Shagimuratova (Renia de la Noche) abordó sus dos endiabladas arias de compromiso con preciso e impecable sentido de la coloratura. No quedó atrás en su cometido el divertido y simpático Papageno de  Markus Werba  que encontró un feliz contrapunto en el también intachable Monostatos de Dietmar Kerschbaum. A su altura estuvo también la Papagena de Irena Bespalovaite, así como también las Tres Damas (Inga Kalna, Karine Deshayes, Ekaterina Gubanova) y los deliciosos Tres Muchachos de los solistas del Wiener Sängerknaben.

En el foso, la Filarmónica de Viena ofreció una magistral y vitalista lectura de la partitura bajo la batuta del veterano maestro Riccardo Muti. Ya desde los primeros compases de la obertura, Muti se esforzó por resaltar la vitalidad y la suntuosidad que emana de los pentagramas mozartianos, subrayando los exquisitos comentarios y diálogos entre las secciones, con un sentido preciso e intencionado de los ataques y fluidez en los tiempos, a los que aunó su sabiduría como concertador para con la escena. En síntesis, una feliz producción, imaginativa y exquisitamente elaborada, que muy bien justificó su reposición en este festival mozartiano por antonomasia.

Fotografías cortesia del Salzburger Festspiele: ©Clärchen Baus-Mattar & Matthias Baus
Escribir a Ovidi Cobacho Closa