Auditorio Nacional
Jóvenes músicos para el fin de los tiempos
(Por Carlos de Matesanz)
Programación propia del Auditorio Nacional. Ciclo “Jóvenes Orquestas”. 16 de septiembre de 2008, 19:30 h, Auditorio Nacional. Solistas de la Joven Orquesta Nacional de España. O. Messiaen: Quatuor pour la fin du Temps, E. von Dohnányi: Sexteto en Do mayor, Op. 37.
Ensayos durante el encuentro de la JONDE ( Fotografía cortesía del Auditorio Nacional de Música)
Es magnífico comenzar la temporada echándose al cuerpo un Cuarteto para el fin de los tiempos de Olivier Messiaen (1908-1992), aún más si viene acompañado de una obra tan encantadora e infrecuente como el Sexteto Op. 37 del posromántico húngaro Ernö o Ernest von Dohnányi (1877-1960). Éste es el programa que una decena de músicos de la JONDE escogió para ofrecer en concierto en la localidad francesa de Montaut de Villereal el día 13, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de San Sebastián el 14 y en el Auditorio Nacional madrileño dos días después.
Resulta realmente gratificante ver bregar a cuatro músicos solventes y tan jóvenes con una obra tan compleja y exigente como es el Quatuor de Messiaen, obra mística y desgarrada, compuesta en un campo de concentración. Y más aún, verles salir bastante airosos del empeño. Hay que destacar la seguridad técnica y el espléndido sonido de Cristina Strike al clarinete y la gran expresividad de la pianista Rosalía López. Es lástima que el sonido, en origen bonito, de Oleguer Beltrán (violín) y Beatriz Linares (cello) se viese perturbado por un vibrato excesivo y mal aplicado y, en el caso de la cellista, por una técnica de arco deficiente.
Bastante más fácil lo tenían los muchachos que nos ofrecieron el regalo de poder escuchar el Sexteto en Do mayor de von Dohnányi, autor de una obra extensa, variada, interesante y solidísimamente compuesta, de la que por estos pagos poco o nada se escucha, para nuestra desgracia. El Sexteto, en cuatro tiempos y bastante más breve que el monumental Cuarteto de Messiaen, es obra en que los tres bloques sonoros que la integran (piano, cuerdas y viento) se oponen y se funden creando una textura más orquestal que realmente camerística. Por eso, más que analizar cada parte, puede felicitarse en conjunto a los intérpretes, que fueron: Daniel López (violín), Alicia Calabuig (viola), Diego Alonso (cello), Miguel Ángel Castro (piano), Luis Fernández (clarinete) y Estefanía Beceiro (trompa). Por hacerle alguna crítica –constructiva, por supuesto– a esta interpretación, destacar los excesos dinámicos (qué bonito eufemismo) de la última intérprete de la lista.
Y ya puestos a criticar –que, a qué negarlo, es algo que nos encanta–, haremos notar el hecho de que este concierto, con el que ha inaugurado el Auditorio Nacional el ciclo “Jóvenes Orquestas” de su recién nacida programación propia, no ha sido de orquesta sino de agrupación camerística, lo cual no deja de ser paradójico. Pero, en fin: si todo fuese lógico y coherente en el panorama cultural nacional, empezaríamos a tener la desasosegante impresión de que... esto ya no es España. Y eso sí que no.

