Crítica de discos

Lamentaciones

(Por Hertha Gallego de Torres)

Magdalena Kozená: Lamento. Obras de Johann Christoph Bach, Francesco Bartolomeo Conti, Johann Sebastian Bach, Carl Philipp Emmanuel Bach, Johann Christoph Friedrich Bach. Intérpretes: Música Antiqua Köln, Reinhard Goebel, Magdalena Kozená (mezzosoprano). Sello: Archiv (DG).
Magdalena Kozená: Lamento

José Hierro, en su homenaje a J.S. Bach, decía: “Juan Sebastián divide exactamente el silencio. / Alza columnas firmes desde los tonos”. Sí, el patriarca de la familia fue Johann Sebastian o, castizamente, Juan Sebastián, y por su nombre hay que referirse siempre que le nombramos. Porque el gran Bach tuvo otros no menos grandes Bach en sus hijos, autores de maravillosas sonatas, conciertos y cantatas que influenciaron al mismísimo Mozart, y la precisión se impone, por supuesto.

El más famoso de todos los descendientes del Cantor de Leipzig fue, sin duda, Carl Philipp Emmanuel, cuyo instrumento de teclado favorito no fue el clavecín, sino el más suave e íntimo clavicordio, con su capacidad para crear deliciosos matices de dinámica. Maestro consumado del empfindsamer Stil (que coincide con el Sturm und Drang – tormenta e impulso, de la literatura del mismo periodo) encontramos en él esas características emocionales y expresivas que tan atrayente y vital vuelven su música para el oyente postmoderno. Pero, nos advierte el Laooconte de Lessing,  “ el artista debe guardar, no obstante, cierta medida en la expresión, y no escoger nunca para representarla aquel momento en que la acción alcanza su mayor intensidad”.

 De Johann Christoph Friedrich, el “Bach de Bückeburg”, se escucha en este registro, con la dúctil voz de Kocena, Die Amerikanerin, en las que se reflejan “las delicias silenciosas del amor”. Además, si uno ve la portada del disco, con una cantante tan rubia,  aparentemente frágil, bella, por supuesto (una estética tan  pop,  en definitiva) se siente moitié barroco, moitié siècle XXI, que es de lo que se trata. ¿Nos hemos pasado? Volvamos a Lessing. “Por un crítico juicioso hay a lo menos cincuenta ingeniosos”…

El único no Bach de la recopilación es un tal Francesco Bertolomeo Conti, del que se nos ofrece un aria muy en el gusto de la época, “Languet anima mea” (¿hará falta traducirlo?), que no desmerece de sus compañeras. Y, por supuesto, no podía faltar Juan Sebastián, verdadero genio, sublime y espiritual, pero que también sabe ser galante si es preciso.

El disco recibe su nombre del aria de Johann Christoph Bach, “Ach, dass ich Wassers g´nug hätte”,  basada en el texto de Jeremías: “Oh, si mi cabeza tuviese agua suficiente, y mis ojos una fuente de lágrimas, para llorar noche y día por todas mis iniquidades”. El lamento por el pecado es, no obstante, una suerte de redención, y así parece expresarlo la interpretación de Kocena.

Uno, al oír estas voces, escuchando la misteriosa música, piensa como en eco en otros intérpretes que también le han removido algunas partículas, entre intelectuales y sensoriales. Son, siempre, los poetas quienes saltando a una especie de metalenguaje mejor lo saben descifrar y entre ellos Clara Janés, quien describe una experiencia similar a la mía cuando sale de un concierto madrileño de Alfredo García, otro cantante de voz cálida y comunicatividad inquieta: 

“Al que cantó le fue concedido el don de la boca. Había cruzado las siete puertas, conocía todos los nombres y sus sombras y recuperó su corazón.

El caballo que dormía en la barca galopó sobre el río, alejándose de la desembocadura.”

Si tú, desocupado internauta, escuchas el Lamento de Johann Christoph, y te imaginas tus lágrimas rebosando para mitigar tus pecados. Si después de eso continúas con la Sinfonía de los Lamentos, de Górecki, en una vuelta de tuerca tortuosa, para volcarte por la senda maldita de un malestar teñido de un extraño placer…Si a eso le añades la lectura de “Mil grullas” de Yasunari Kawabata, y exploras la fuerza del deseo –y del remordimiento-  de un autor tan oriental como próximo a nosotros en su nostalgia. Entonces no te harán falta el estupor y temblor de Nothomb o de Ibuse. Pero –hipócrita internauta, mon semblable, mon frère, hazme caso:  no te lo recomiendo.

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