Crítica de DVD

Mayerling: The Royal Ballet

(Por Alicia Perris)

Mayerling: The Royal Ballet. (Royal Opera House Collection- Reino Unido). Ballet en tres actos de Kenneth McMillan con música de Franz Liszt ( 1811-1886). Arreglos: John Lanchbery. Orquesta de la Royal Opera House, dirigida por John Brown. Bailarines protagonistas: Irak Mukhamedov: Príncipe Rodolfo de Austria-Hungría, Viviana Durante: Baronesa María Vetsera, Jane Burn: Princesa Estefanía, esposa de Rodolfo, Derek Rencher: Emperador Francisco José de Austria-Hungría, Nicola Tranah: Emperatriz Elizabeth (Sissi), madre de Rodolfo. Grabado en 1994, reciente lanzamiento en España, en formato DVD, en OpusArte.
Mayerling: The Royal Ballet

Un ballet dramático, desesperanzado, sombrío, como la historia que relata: la muerte por suicidio del heredero de la corona del Imperio Austrohúngaro y su amante, en el pabellón de caza de Mayerling, una heladora noche de invierno de 1889. Tal vez un asesinato político… Los historiadores tienen unas dudas más que razonables sobre el “caso Mayerling”, mientras que los cineastas fantasean e imaginan propuestas audaces para intentar desvelar el misterio. Películas, libros, tesis, musicales sobre Sissi y su familia, ahora llega este ballet, conocido desde hace muchos años en Londres.

Mayerling se acerca al escenario de una novela de misterio, donde no están ausentes los grandes intereses políticos y la razón de estado. Este ballet encuadra la historia de la familia imperial y sus relaciones dentro de un conflicto o varios más o menos edípicos, como diría Sigmund Freud. Rodolfo tiene un problema con el padre- de tipo político, sucesorio, ideológico- y un alejamiento afectivo de la madre, Sissi, cuya presencia se desdibuja entre las ausencias cortesanas, los viajes constantes y la propia melancolía. Muy bien construida, fiel a la realidad histórica en la medida en que ésta permite ser conocida, la trama del ballet incluye personajes aparentemente secundarios como Mitzi Caspar, una prostituta amiga de Rodolfo, la amante de Francisco José, la actriz del Burgtheater Catalina Schratt o la Condesa María Larisch, cuya influencia en la relación y la evolución trágica de los hechos, fue decisiva en el final luctuoso de los amantes suicidas.

Un vestuario excelente, una cuidada dirección escénica y orquestal; se trata de una propuesta impecable, donde se subraya sin pausa la agonía in crescendo de Rodolfo, su falta de perspectivas y proyectos personales y políticos viables para el futuro, su adicción a las drogas, su forma de estar sin estar del todo en el mundo que lo rodea y le exige una actuación determinada como hombre, como hijo y como heredero del imperio. Conmovedora la capacidad de Mukhamedov para transmitir todas las dudas y angustias de un personaje sin salida, tierna, luminosa hasta donde es posible María Vetsera; bien contado el paso fugaz de Sissi por la escena, ambivalente, enérgica y despreocupada por un hijo de cuya problemática no se hace cargo en absoluto. La ambientación es como un cuento de hadas tenebroso y lúgubre. Es una historia de personajes abandonados por los otros y por el hado, solitarios, patéticos y sin embargo, muy cercanos. Resulta fácil identificarse con la debilidad infantil del heredero, con la ternura de María Vetsera, mientras nos dejamos envolver en una coreografía que transpira conocimiento y manejo de la historia. Las bailarinas no tienen por una vez el papel protagonista que arrastra durante los tres actos un Rodolfo dolorido, herido de muerte, que no sonríe ni siquiera al saludar al público, al final de su actuación.

Una propuesta para amantes del ballet poco convencionales, preocupados y curiosos por las historias de la Historia, ésas que nunca nos contaron de verdad, que nunca serán desveladas del todo. Los protagonistas de este ballet y los personajes históricos también, a los que Art Béeche llama sin ambages “los fantasmas de Mayerling”, siguen vivos. Tal vez confíen en que en algún momento más propicio que el suyo de la Historia, un alma caritativa desvele su secreto y les permita finalmente descansar en paz.

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