Crítica de discos
Sensibilidad con sentido
(Por Hertha Gallego de Torres)
C.P.E. Bach, The Sonatas for transverse flute and b.c. Intérpretes: Barthold Kuijken, flauta travesera; Ewald Demeyere, clave y fortepiano. Accent, 2006, ACC 24171.
Al final de su vida, Carl Philipp Emmanuel Bach quemó una gran parte de sus antiguas composiciones para flauta y bajo continuo, y reescribió casi todas las que había compuesto antes de 1778. Ello testimonia una voluntad, casi como un diario íntimo, de que sólo las mejores le sobrevivieran.
Parte de este hermoso legado es el que escuchamos en el doble registro de Barthold Kuijken para Accent, con el inestimable concurso de Ewald Demeyere unas veces –la mayoría- al clave, y otras, en las más “modernas”, al fortepiano. Los músicos belgas han querido recrear la sutil atmósfera del “Empfindsamer Stil”, en el que el hijo quizá más dotado de Juan Sebastian hace gala de un estilo sensible, individual, ambiguo, conectando muy bien con las inquietudes y cartografía del tedio que definen y acechan a nuestros contemporáneos.
Parece ser que Federico el Grande no las apreció mucho (el ya tenía otro gran flautista, Quantz, y no se dio cuenta de su inmenso valor, para desesperación del compositor) y como al final el arte tiene mucho que ver con el aspecto sociológico, y el mecenazgo ha sido muy importante a lo largo de la historia, Carl Philipp Emmanuel se estuvo cuarenta años sin escribir más obras de este género. Eso nos hemos perdido toda la humanidad, porque cuando dejó Berlín, y fue llamado a Hamburgo, sucediendo al prolífico y también maravilloso Telemann (ah, sus Fantasías para violín….otro día lo contamos), compuso una obra maestra: la Sonata Wq 133/H 564, en la que podemos reconocer, porque somos hijos del siglo XXI y la historia nos permite esos juegos diacrónicos “à la Einstein” (o sea, relativos, como todo), ecos de Haydn y Mozart.
Un disco para escuchar en el apacible recreo de la aldea (eso sí, rodeado uno de los imprescindibles artilugios tecnológicos), degustando más tarde la Sátira primera a Arnesto, de Jovellanos, de la misma época. “Déjame, Arnesto, déjame que llore / los fieros males de mi patria, deja / que su rüina y perdición lamente; “ etc… etc…Es una forma de pasar el rato como cualquier otra ¿no?

