Ópera en Bilbao
Ariadne en la playa
(Por Otis B. Driftwood)
57 Temporada de Ópera de OLBE-ABAO. Palacio Euskalduna. Bilbao, 21 de Octubre de 2008. Ariadne auf Naxos, Ópera en un Prólogo y un Acto. Música: Richard Strauss. Libreto: Hugo von Hofmannsthal. Estrenada en el Hofoper de Viena, el 4 de octubre de 1916.. Prima Donna/Ariadne: Adrianne Pieczonka. Zerbinetta: Valentina Farcas. Der Tenor/Bacchus: Klaus Florian Vogt. Der Komponist: Michelle Breedt. Musiklehrer: Konrad Jarnot. Tanzmeister: Peter Bronder. Echo: Marta Ubieta. Dryade: Alexandra Rivas. Najade: Cristina Obregón. Harlekin: Ivan Paley. Scaramuccio: Markus Brutscher. Truffaldin: Ante Jerkunica. Brighella: Mikeldi Atxalandabaso. Der Lakai: José Manuel Díaz. Perückenmacher: Carlos Imaz. Haushofmeister: Götz Argus. Producción Gran Teatre del Liceu. Director Musical: Stefan Anton Reck. Director de Escena: Uwe Eric Laufenberg. Director de Escena en Bilbao: James Mcnamara. Escenógrafo: Tobias Hoheisel. Figurinista: Jessica Karge. Iluminador: Wolfang Göbbel. Iluminador en Bilbao: Pia Virolainen. Kammerorchester Basel.
No es "Ariadna auf Naxos" obra fácil de llevar a escena. Desde el punto de vista musical exige un largo elenco y, al menos, a tres de los personajes, se les pide que canten páginas de dificultad casi diabólica. Pero el problema es aún mayor desde el punto de vista estrictamente dramático. Ya en la época del estreno, el mismisimo Max Reinhardt fue incapaz de entender la obra. Y es que al juego de la ópera dentro de la ópera, la trama añade una nueva vuelta de tuerca, con la representación simultánea de las dos obras, seria y bufa, obligados por el capricho del nunca visible anfitrión.
Este delicado juego de "cajas chinas" precisa una escenificación cuidadosa, que separe en primer lugar, nitidamente, la acción del prólogo de lo que constituye la representación de la ópera. Y dentro de ésta, los dos planos, el serio y el bufo, que la absurda decisión del "hombre más rico de Viena" ha introducido en la obra y que milagrosamente (o mejor dicho, gracias al talento dramático de von Hofmannsthal) acaban entrelazándose hasta formar un todo con sentido.
La propuesta escénica de Uwe Eric Laufenberg pienso que no consigue completamente el primer objetivo. El uso de un solo decorado (magnífico y elegante, por otra parte) en ambas partes de la obra, con la leve variación de verse el mar a través de las ventanales del fondo durante la representación, no resulta suficiente para diferenciar los dos planos narrativos que se presentan en la obra.
Y para separar los aspectos serios y bufos de la representación entretejida, Laufenberg convierte a los protagonistas de la comedia (y también, de forma no muy justificable a las tres ninfas) en bañistas, se supone que haciendo turismo en Naxos, con la vestimenta playera típica de comienzos del siglo pasado. Pero Michal Znaniecki presentó la temporada pasada una propuesta muy similar -intertextualidad, quizá- para Cosi fan tutte.. Y así, aunque parezca demasiada casualidad, en menos de un año hemos visto a Despina, por un lado, y a Scaramuccio, Harlekin y Truffaldin, por otro, moverse por el escenario del Euskalduna calzando aletas de submarinista., Así que uno no sabe si Laufenberg quiere distinguir planos narrativos o estamos ante una de esas ideas "geniales" de los directores de escena, de motivación tan arcana que su comprensión precisa de una detallada explicación por parte del autor. En todo caso, en esta ocasión el montaje no resulta demasiado invasivo, ni distrae, los decorados son adecuados y el movimiento en escena está bien estudiado. Así que, tal y como están las cosas, mejor no quejarse mucho.
Más cuando la parte musical resulta magnífica. Empezando por una sensacional Adrianne Pieczonka. De voz poderosa, estilo de canto impecable y elegancia escénica notable, su Ariadna fue de altísimo nivel. Klaus Florian Vogt posee un estilo de voz y canto típicos del tenor wagneriano. Es decir, lo que pide el papel de Bacchus. Su interpretación fue también excelente, sin eludir las duras exigencias que le pide la partitura, cantando incluso agudos imposibles, a enorme volumen, desde el interno. Y el glorioso y largo dúo de Ariadna y Bacchus que culmina la obra fue realmente de antología.
En cuanto a Valentina Farcas posee, en principio, una voz muy corta de volumen para afrontar el durisimo papel de Zerbinetta, (que, por otra parte, es de todos los caracteres de esta ópera, el mejor construido, el más humano). Además, la soprano rumana alcanza con recursos muy justos los estratoféricos agudos que se le piden en el aria " Grossmächtige Prinzessin". Pero pese a esas limitaciones, en todo caso nunca catastróficas, Valentina Farcas "es" Zerbinetta. Su forma de cantar y actuar consigue construir un personaje que se percibe real, dotado de sentimientos, emocionante y creíble.
Del resto del extenso reparto, que también estuvo a altísimo nivel, tanto musical como escénico, hay que destacar a Michelle Breedt y, sobre todo, a las tres ninfas. Marta Ubieta, Alexandra Rivas y Cristina Obregón hicieron un estupendo trabajo, especialmente en la que pienso que es una de las páginas más bellas de esta obra, uno de esos momentos delicados y exquisitos tan abundantes en toda la obra de Richard Strauss. Entiendo que se trata de una apreciación muy personal, pero el canto que entonan las ninfas ("Töne, töne, süsse Stimme"), contestando a la invocación a Circe que hace Bacchus me resulta de una belleza extrema y me emociona profundamente. También me emocionó en esta ocasión.
Espléndido trabajo concertador de Stefan Anton Reck. En una obra que despliega todo el amplísimo abanico de sonidos del universo musical de Richard Strauss, desde la delicadeza más extrema hasta los pasajes más poderosos, matizó y dio el acento preciso a cada momento. Sin duda, la excelente prestación de la Kammerorchester Basel contribuyó en gran medida a ello.
Por cierto, y para terminar: no quisiera forzar demasiado las analogías. Pero si en el libro de "Ariadne auf Naxos" sustituimos al "hombre más rico de Viena", según definición que da el Mayordomo, por el "director de escena" veremos que en el mundo de la ópera pocas cosas han cambiado. Solo el encargado de someter al compositor y a su obra a todo tipo de humillaciones. Claro que por lo que se va viendo con una casi "ilimitada" paleta de posibilidades. Cambiar la época de la acción, cambiar la época de la acción o cambiar la época de la acción son los tres recursos principales. Aunque sin desdeñar ponerles aletas de submarinista a los cantantes.


