Crítica de discos
El rey pastor
(Por Hertha Gallego de Torres)
Aminta, il rè pastore, de Antonio Mazzoni. Intérpretes: Real Compañía Opera de Cámara, Juan Bautista Otero, Anna María Panzarella (soprano), Céline Ricci (soprano), Leif Aruhn-Solén, tenor, Delphine Gillot, soprano, Marina Pardo, mezzosoprano. Sello: Disques K 617 (Distribuido por Harmonia Mundi), 2 CD's, ref.: K 617201.
La música barroca ofrece tantas interpretaciones como músicos hay involucrados en ella, cada uno con su idea y su particular filosofía sustentándola sobre los matices, los adornos, las dinámicas, la cuestión –espinosa aún- de los instrumentos originales…Es un mundo fascinante, casi como una selva virgen donde quedaran huecos por explorar a los caucheros (que andan a cuchilladas unos con otros) y que ejerce una suerte de hipnótico hechizo sobre nuestro contemporáneo.
Unido a ello en los últimos tiempos se ha investigado especialmente el repertorio de los castrati, en especial del más conocido de todos ellos, el exquisito y especial Carlo Broschi “Farinelli”, quien disipaba las melancolías de nuestro primer rey borbón, Felipe V, y más tarde de Fernando VI, el que estuvo casado con la refinadísima Bárbara de Braganza, protectora de Domenico Scarlatti. La verdad es que tenemos que felicitarnos del buen gusto de la corte española, pues el sobrino de Fernando VI, el Infante Don Luis, fue mecenas nada menos que de Boccherini…Para el lucimiento de esa voz prodigiosa del castrato, que sólo nos podemos imaginar, se encargaron quince óperas, seis serenatas, ocho intermedios y multitud de intermedios a compositores de la época como Nicolò Jommelli, Baldassare Galuppi, Nicola Conforto o Giovanni Battista Mele, según nos cuenta en unas inteligentes notas al disco Juan Bautista Otero, el director de la Real Compañía Opera de Cámara. El ha elegido “Aminta, il rè pastore” (Aminta, el rey pastor), de Antonio Mazzoni ( Boloña, 1717-1785) para rendir un pequeño tributo a la figura del cantante-empresario, con libreto del divino Metastasio.
Esta ópera seria narra el triunfo del amor sobre toda circunstancia (pido excusas por haberles desvelado el desenlance). Aminta es un pastor enamoradísimo de Elisa al que un día le comunican que es rey. Grata noticia, lástima que ello conlleve casarse con Tamiris, quien adora a Agenor. El “fatum” parece cruzarse de manera funesta para los cuatro personajes, y Aminta se siente desgarrado entre el amor y el poder. Elige a Elisa, la aldea, la vida sencilla, pero Alejandro (Magno), verdadero Deus ex machina de la situación, ante tanta nobleza, le corona soberano junto a su amada: Será el “Rey pastor”.
Estrenada en Madrid, en el Real Coliseo del Buen Retiro, hoy tristemente desaparecido, que viera justas, comedias, máscaras, danzas y mojigangas en el barroco español y que prosiguiera, reformado, durante el cambio de dinastía, con magnificentes escenografías (según nos cuentan las crónicas), la obra gozó de éxito más que notable. Hoy, pasados doscientos cincuenta años de su creación, resulta atractiva porque, superado el primer momento de "crisis auditiva, por lo general poco antes del final del segundo acto, sucumbe esa voracidad por la novedad melódica y nos rendimos a la fascinación hipnótica de la repetición imperceptiblemente variada, como en una suerte de mantra armónico”. Juan Bautista Otero, aparte de explicarlo muy bien, lo dirige aún mejor y el producto nos seduce, desde su portada con el maravilloso cuadro de Tiépolo de un museo alemán, hasta el elenco internacional donde sobresale una españolísima Agenor, Marina Pardo, de tierna voz y sutiles afectos. Los que conquistan a un oyente compasivo y despiadado al mismo tiempo que desconoce, hoy como ayer, lo que anhela.


