Ópera en Madrid
Inauguración de temporada del Teatro Real
(Por Carlos de Matesanz)
7 de octubre de 2008, 20:00 h. Temporada Lírica del Teatro Real. Giuseppe Verdi: “Un ballo in maschera”. Ópera en tres actos. Libreto de Antonio Somma. Nueva producción del Teatro Real en coproducción con la Royal Opera House, Covent Garden, Londres. Dirección musical: Jesús López Cobos, Dirección de escena: Mario Martone, Escenografía: Sergio Tramonti, Iluminación: David Harvey. Riccardo: Marcelo Álvarez, Amelia: Violeta Urmana, Renato: Marco Vratogna, Ulrica: Elena Zaremba, Oscar: Alessandra Marianelli, Samuel: Miguel Sola, Tom: Scott Wilde.
Mal deben de estar las cosas para que dos teatros de prestigio –Covent Garden de Londres y Real de Madrid– se tengan que unir para sufragar una producción tan ramplona y polvorienta como la que ha inaugurado la temporada lírica 2008-2009 del último de los coliseos mencionados. Los decorados y los figurines, positivamente feos y carentes de imaginación ambos, tuvieron la virtud de respetar la ubicación indicada por el libreto –Massachussets–, pero trasladando la acción del siglo XVIII al XIX, cosa que, positivamente, no aporta absolutamente nada al espectáculo. Solamente el cuadro final, con un gran fondo de espejos que se inclina levemente y nos deja ver lo que ocurre en la contrachácena que hay bajo el escenario –donde se había ubicado un saloncito de baile– tuvo algo de vistosidad y originalidad. La dirección de actores, como tantas veces, inexistente o tópica.
Menos mal que, musicalmente, las cosas fueron muy bien. El últimamente muy blando López Cobos estuvo bastante en su sazón, la orquesta sonó espléndidamente, los tempi fueron canónicos y no hubo caídas de tensión en un drama que avanza inexorablemente desde la liviandad y burbujeo del comienzo hasta la tragedia final. Tragedia a la que se entregaron dos grandes cantantes en papeles que les van al pelo: el tenor Marcelo Álvarez como Riccardo y la mezzo reconvertida en soprano spinto Violeta Urmana como Amelia; con un director musical de más gancho dramático y con una dirección de escena menos incompetente, hubieran podido estar colosales, pero, aun así, destacaron.
Lástima que tuviera que cancelar por enfermedad el otro Álvarez, el barítono malagueño Carlos Álvarez, porque con él el trío vocal protagonista hubiera sido de lujo; sustituyóle el Renato del segundo reparto: el barítono italiano Marco Vratogna, de voz suficiente pero fea y averiada, y de escaso relieve interpretativo. Simpático, bien cantado y muy bien encarnado físicamente el paje Óscar, a cargo de la soprano Alessandra Marianelli, y todo lo contrario –físicamente insignificante para tan truculento papel y vocalmente gastada, con un vibrato tremendo– la Ulrica de la mezzo-contralto Elena Zaremba, una cantante conocedora del estilo y con el tipo de voz preciso, pero ya gastada para este rol.
Es verdad que este Ballo in maschera mejora los resultados de aquél que hace años dirigiera el difunto García Navarro, protagonizado por Alberto Cupido, que no había por dónde cogerlo y que era un mamarracho de impresión; pero, sobre todo por culpa de la producción, una vez más una de las difíciles óperas del periodo intermedio de Verdi ha vuelto a quedarse a medio camino, y es lástima, porque los mimbres musicales han sido buenos esta vez; es más: si Carlos Álvarez no hubiese cancelado y si hubiera sido posible pasarle la plancha a la voz de la Zaremba, habríamos asistido a uno de los Verdis mejor cantados de la actualidad.


