Crítica de discos

Edición Alfred Brendel en Brilliant

(Por Carlos de Matesanz)

AA.VV: “Alfred Brendel”. Alfred Brendel (piano), diversos acompañantes. Brilliant, 93761 (35 CD’s).
Edición Alfred Brendel en Brilliant

El sello holandés Brilliant, que nos tiene acostumbrados a grandes cajas y a insólitos alardes de producción, nos sorprende de nuevo. En una caja, algo incómoda, de 35 discos, nos ofrece todos los registros que para los sellos Vox, Turnabout y Vanguard realizó el gran pianista vienés Alfred Brendel al comienzo de su carrera (el último registro está fechado en 1975, cuando ya era artista de Philips, pero aún no en exclusiva).

Aquí hay de todo, teniendo en cuenta que el repertorio de Brendel es muy definido y poco extenso, centrado siempre en el Clasicismo y el Romanticismo austro-germánicos. Así, lo primero que hemos de reseñar, y es muy notable, es que esta caja contiene toda la música para piano de Beethoven (¡tela marinera!): sonatas, variaciones, piezas sueltas y los cinco conciertos para piano, además de la Fantasía Coral Op. 80 (acompañamientos: Filarmónica de Stuttgart / Wilfried Boettcher en Concierto nº 1 y Fantasía; Orquesta de la Volksoper de Viena y Sinfónica de Viena / Heinz Wallberg en Conciertos nº 2 al 4; Sinfónica de Viena / Zubin Mehta en Concierto Emperador). Tras Beethoven, que se lleva la mayor parte de la caja, le sigue Mozart, con el Quinteto para piano y vientos, alguna sonata y 8 conciertos, acompañados por orquestas vienesas de segunda, pero indudablemente bien dirigidos –muy en estilo– por Wilfired Boettcher y Paul Angerer. También se ofrece un Haydn: el famoso Concierto nº 11.

El auténtico puntal de la carrera de Brendel ha sido Schubert, de quien aquí se ofrecen las Sonatas D.840 y 958, la Fantasía del Caminante (versión original y versión orquestada por Liszt), los Impromptus D. 899 y 935, y varias piezas breves. Liszt, también muy visitado por Brendel, aparece con cinco discos variados en los que se incluyen los conciertos acompañados por la Sinfónica de Viena y el gran Michael Gielen. Es grato encontrarse un disco de polonesas de Chopin y otro con los Estudios Op. 13 y la Fantasía Op. 17 de Schumann; además de un exótico disco ruso (Cuadros de una exposición, Petrushka e Islamey) y un álbum de cierre con los conciertos de Schönberg (de nuevo con Gielen) y nº 5 de Prokofiev (dirigido por un tal Jonathan Sternberg).

Sólo hacer un índice de todo lo que la caja contiene se nos ha llevado casi toda la reseña, pero como la información en la trasera de la caja es un tanto parca, creemos que será de utilidad conocer algunos de estos datos para nuestros lectores. En cuanto a la valoración de su contenido, al ser éste tan variado y tan distinta su procedencia, huelga decir que es muy diversa. Lo que está claro es que, a diferencia de tantas otras cajas de Brilliant, ésta no es de las que “hacen discoteca”; es interesante para fans de este notable y veterano pianista, o para amantes de los registros pianísticos en general; pero en esta panorámica nos encontramos con un Brendel que, en algunos casos todavía no es el gran Brendel, y con algunas tomas sonoras –a pesar de que todas son de estudio– francamente malas.

En cuanto a las interpretaciones, decir que Beethoven, que es el grueso del álbum, es realmente excelente –los conciertos tal vez menos, pero puede ser por los acompañamientos– y las sonatas son mejores que las que grabaría más adelante para Philips (no por técnica, sino por profundidad y emoción). Lo que sí mejoraría con el tiempo –y con las excelentes tomas sonoras de Philips– son sus interpretaciones de Mozart, Schubert y Liszt: éstas ganarían en amplitud de miras y, sobre todo, en glamour sonoro. Lo demás, casi podríamos decir que son rarezas, e interesantes como tales, aunque en alguna, como en el Concierto de Haydn, nos encontramos ya a un Brendel fabuloso, claro heraldo del Haydn que grabaría años después.

Por último, apuntar que Alfred Brendel –que, por edad, se ha convertido en uno de los grandes veteranos del piano actual– tuvo siempre en el sonido perlado, la nitidez absoluta de pulsación y en su sentido del legato sus mejores armas, por encima de su capacidad constructiva y de su arte para arrebatar o emocionar profundamente. En estos registros de su primera etapa, aún no se había dejado vencer por el preciosismo que arruinó algunos de sus registros posteriores, pero tampoco había conseguido la personalidad plena y brillante que hizo, por ejemplo, de su registro de los conciertos de Mozart con la Academy of Saint Martin-in-the-Fields un hito de la discografía de todos los tiempos.